La ciencia se entiende como un fenómeno global donde la movilidad del talento juega un papel importante. Los investigadores se mueven principalmente pensando en avanzar en su carrera, y para eso buscan los entornos más idóneos para su entrenamiento. Se mueven a países con un sistema de I+D estable, con los mejores recursos y los mejores investigadores, donde la carrera investigadora este bien definida y se base en la meritocracia. A día de hoy, se estima que hay más de 12.000 investigadores españoles en el exterior. Todos ellos forman lo que denominamos diáspora científica española.
En los últimos años la diáspora científica española se ha organizado. Desde 2011, han emergido al menos nueve asociaciones de científicos españoles en cuatro continentes. Son sociedades científicas independientes, sin ánimo de lucro y sin afiliación política, que han sido concebidas y dirigidas por los propios científicos. Estas asociaciones, de las cuales la sociedad de Científicos Españoles en Reino Unido (CERU) es pionera, nacen con varios objetivos. Son una eficiente red que conecta a investigadores españoles en el país de destino y apoya a los recién llegados. Divulgan la ciencia en todos los niveles de la sociedad, generando una concienciación real sobre la relevancia de sus avances y la importancia de invertir en ellos. Llevan la ciencia a los bares pero también organizan seminarios y simposios con los más prestigiosos investigadores españoles y los presentan en sus países de destino. Dedican esfuerzos a tender puentes de colaboración internacional entre grupos, asociaciones e instituciones de ambos países. Lideran convenios con universidades y centros de investigación para estimular la participación conjunta en proyectos europeos, para facilitar el intercambio de investigadores entre países, y realizan una labor de mentorazgo para asesorar a aquellos que estén pensando en migrar para continuar con su formación. En una clara labor de diplomacia científica, actúan como asesores ante organizaciones públicas y privadas, compartiendo los conocimientos y la experiencia de los miles de profesionales de diferentes ámbitos de la ciencia que las conforman, presentando informes de recomendaciones y análisis críticos con propuestas de mejora.
Muchos de estos científicos han vivido en varios países, la mayoría atesoran años de experiencia en el exterior y son grandes conocedores del funcionamiento de los sistemas de I+D más punteros del mundo. ¿Por qué no va a poder el Sistema Español de Ciencia y Tecnología beneficiarse de esto? Mantener el contacto con la diáspora científica puede resultar muy beneficioso y es, sin duda, una manera de recuperar el talento perdido. Se consigue impulsar colaboraciones internacionales capaces de atraer fondos de terceros. Se recuerda al mundo que hay excelentes investigadores españoles dentro y fuera de España. Pero también, se aprende del funcionamiento de aquellos sistemas de ciencia que están a la cabeza. Escuchando a los científicos dentro y fuera del país se puede conseguir un sistema más atractivo capaz de atraer y retener talento nacional e internacional.
Desde 2011, han emergido
al menos nueve asociaciones de científicos españoles
en los cuatro continentes