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A corazón abierto: España no puede perder el tren de la innovación biomédica

En el contexto económico mundial actual, interdependiente y volátil, ahora más que nunca es necesario diferenciar capacidades productivas y desarrollar auténticas imágenes de marca-país con sus mejores productos y servicios.

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Alejandro Arranz, Director General del Parque Científico de Madrid | viernes, 28 de agosto de 2015 h |

En el contexto económico mundial actual, interdependiente y volátil, ahora más que nunca es necesario diferenciar capacidades productivas y desarrollar auténticas imágenes de marca-país con sus mejores productos y servicios.

Para las economías maduras, como la de España, no hay otra salida que la diferenciación a través de la innovación, porque el camino del low cost está reservado para los emergentes, entre los que siempre habrá un competidor con costes más bajos que los nuestros.

No se trata de una reflexión original, ni tampoco nueva. Es un riesgo del que ya nos advertía en 2005 —cuando el panorama estaba sembrado de optimismo— Nathan Rosenberg, uno de los mayores expertos mundiales en políticas de innovación, al afirmar rotundamente que “España va a sufrir mucho si no comienza a innovar”. La historia del poco caso que empresas y gobiernos hicimos del consejo, y de la especial crisis inmobiliaria y financiera de España, ya es bien conocida.

Iniciándose ahora una deseada etapa de recuperación, con nuevos gobiernos regionales y municipales, y unas elecciones generales en ciernes, convendría retomar el sabio consejo del viejo catedrático de Standford y construir, con prisa y sin pausa, un nuevo modelo de comportamiento económico a largo plazo para España en el que empresas, investigadores e innovadores cuenten con un entorno más propicio para poder implantar en el mercado su ingenio.

España atraviesa ahora una etapa crucial para aprovechar su potencial económico y las altas capacidades de su capital humano en biomedicina, biotecnología y todo tipo de tecnologías aplicadas a la medicina. No hablamos ahora de investigación, sino de innovación, es decir, de generar riqueza y empleo a partir de esas investigaciones.

Un buen ejemplo son las spin-off y start-up generadas desde universidades, centros de investigación, hospitales públicos o desde el propio mercado, radicadas en los parques científicos. Pequeñas empresas innovadoras de auténtica marca España, exponentes de que también sabemos generar empresas basadas en el conocimiento. El próximo Congreso Nacional de Científicos Emprendedores, que se celebrará en Madrid la primera semana de noviembre, ofrecerá una muestra de ello.

No podemos despistarnos. La realidad es que mientras nuestros bioemprendedores con más talento esperan de nuestra economía un impulso decidido y estable, muchos de ellos son mimados y tentados por otros países, como Reino Unido o Estados Unidos, cuyos generosos apoyos públicos y privados para atraer talento, contrastan con el escaso tirón innovador español.

Por ello, y aunque no se trata de apelar sólo al mundo de los boletines oficiales y las fáciles subvenciones públicas —no hay que olvidar que la esencia del problema es la insuficiencia de impulso privado a la innovación—, sí que con el nuevo curso, podemos pedir a los programas electorales que recuerden que si España no comienza a innovar esta vez, no sólo seguirá sufriendo mucho, sino que perderá también a sus bioemprendedores y un valioso distintivo de marca-país.

Los bioemprendedores esperan de nuestra
economía un impulso decidido y estable