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Lucía Barrera, Directora de
Gaceta Médica
| viernes, 01 de julio de 2016 h |

Llegó el día marcado y la industria farmacéutica ha dado el paso adelante prometido hacia la transparencia. Las cifras hablan: las transferencias de valor a las asociaciones y profesionales sanitarios en 2015 alcanzaron la cifra de 496 millones. De estos, 190 se destinaron a contratos con organizaciones y profesionales sanitarios para proyectos de I+D y 119 fueron a ayudas para que profesionales sanitarios pudieran acudir a actividades científicas y reuniones profesionales, que además sumaron por su parte 66 millones para su celebración. A estas cifras se agregan 88 millones para la prestación de servicios profesionales —individuales o en grupo— y 33 en donaciones a organizaciones sanitarias.

Desde Farmaindustria además se aclara que más del 70 por ciento de las actividades científicas y congresos para los que se han dado ayudas económicas son eventos organizados por entidades científicas, y no por la propia industria, y que casi el 95 por ciento que va a parar a los profesionales sanitarios recae en los médicos. De hecho, no sorprende, teniendo en cuenta que la inscripción media a un congreso científico ronda en nuestro país los 600-700 euros.

Si se revisan las páginas webs de las compañías, donde ya se pueden consultar las cantidades agregadas y desagregadas, parece que la media avanzada por la patronal del 20 por ciento de médicos que han dado su consentimiento para que se publiquen sus datos se cumple y la mayoría han preferido optar por el anonimato. No es de extrañar, por otro lado, debido a las inquietudes que cuestiones como la retención fiscal por pago en especies generan entre los profesionales y el cierto temor a que socialmente se utilicen estas cifras para dar a entender conflictos de intereses que no se ajustan con la realidad. Lo que sí se corresponde con la realidad es que es la industria la que se ha encargado históricamente de sostener la formación continuada de los médicos por la falta de recursos y de interés de la administración. Profesionales y compañías deben trabajar a partir de ahora para evitar interpretaciones malintencionadas y normalizar una situación para la que no hay vuelta atrás.