COMUNIDAD DE MADRID/ Los centros ultiman la firma de los acuerdos con el rechazo de los médicos por el excesivo número de indicadores
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La dificultad para asimilar todas las variables hace que, según Femyts, los facultativos no adapten la práctica asistencial a los objetivos
Los profesionales cuestionan incompatibilidades, como el control de los ARA-II cuyo uso sí se incentiva en diabéticos con nefropatías
ESTHER mARTÍN DEL CAMPO
Madrid
Los contratos programa de los centros de salud madrileños evaluarán este año un total de 311 indicadores, 104 en programa y 207 de cartera. Una cifra que, si resulta una “barbaridad” para algunos responsables como Antonio Ruiz, director del centro de Salud de Pinto y portavoz del sindicato Femyts, no lo es menos para los propios facultativos: “Cuando les abrumamos con tantos números e información se anula la capacidad de entendimiento y, al final, siguen realizando su actividad sin saber muy bien a qué atenerse”, explica a GM.
Al margen de las dificultades para alcanzar los objetivos de estos acuerdos, el propio sistema entraña una gran complejidad. “No todos los años aparecen los mismos indicadores, ni siquiera tienen por qué ser parecidos”, advierte Ruiz, que pone como ejemplo que su centro de salud estuvo entre los primeros en índice de satisfacción el año pasado pero que, a pesar de haber mejorado, los nuevos indicadores retrasarían su posición. “Cambian numeradores y denominadores y es muy difícil hacer una correlación”, asegura el director.
En su opinión, los médicos constatan a través de estos documentos una clara discrepancia entre lo que es la clínica y la gestión. Por ejemplo, Ruiz critica que estos nuevos indicadores pongan el acento en los procesos y el impacto económico, en lugar de hacerlo en los resultados en salud cuando, en su opinión, es difícil reducir los costes de la sanidad en atención primaria, que es la única que ahorra hoy en día.
En este afán por reducir la factura farmacéutica, los contratos ponen el acento en la prescripción, un punto en el que los médicos denuncian incoherencias. “En principio, uno de los indicadores penaliza la prescripción de los antihipertensivos ARA-II, que, sin embargo, se consideran un elemento de calidad cuando se indican en pacientes diabéticos con nefropatías”, asegura Ruiz.
En el mismo apartado que busca como resultado clave fomentar el uso eficiente de medicamentos y productos farmacéuticos, los contratos programa ponen el acento en incentivar la prescripción de genéricos y en controlar la receta de apósitos o la sobreutilización de tiras reactivas. También se trata de que los facultativos limiten el coste por tratamiento y día de los inhibidores de la bomba de protones, así como el sobreuso de fármacos Sysadoa contra la artrosis, además de controlar el número de recetas de farmacia gratuita y la prescripción de los inhibidores ya citados en este ámbito de la farmacia.
En el apartado de calidad, los documentos buscan mejorar la efectividad de los resultados de las actuaciones asistenciales incentivando, por ejemplo, la prescripción de glucocorticoides inhaladas en pacientes con asma o el empleo de estatinas en afectados por cardiopatía isquémica, por citar solo algunos de ellos.
Por otra parte, los médicos critican contradicciones como la incentivación a reducir las derivaciones a especialistas de Traumatología, Oftalmología o Ginecología que no va acompañada de un aumento de su capacidad resolutiva, ya que también se pone techo a la petición de pruebas radiológicas, lo que limita sus posibilidades asistenciales.
Llama la atención otro ejemplo más que cita Ruiz, y es que dentro de las campañas de salud dental se incentiva el número de empastes dentales por niño, “cuando el indicador de buena prevención debería ser lo contrario”.
El portavoz de Femyts subraya que a juzgar por el resultado, los 30 técnicos que intervienen en la elaboración de los programas, a pesar de tener un pasado asistencial en muchos casos, dejan de lado el peso de la clínica en estos documentos cuya implantación cuenta, además, con un hándicap técnico: la convivencia de dos programas informáticos distintos, el nuevo AP Madrid y la tradicional OMI-AP. Aparte de ser herramientas informáticas distintas, recalca el portavoz, los indicadores que antes utilizaban en cada una de las áreas no se emplean en todos ellos, lo que aporta una gran heterogeneidad.