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Un mejor abordaje de la enfermedad ahorraría hasta 1.036 millones de euros
Un evento estresante aumenta en más del doble el riesgo de mal manejo
En lo referente a tratamientos, López Viña matiza que, en el grupo de pacientes que controlan el asma con corticoides inhalados y beta 2 de acción prolongada, que son una mayoría, no hay novedades terapéuticas más allá de ciertas mejoras de lo ya disponible, como fármacos de acción más prolongada, como la ciclosenida que se comercializó el año pasado en España.
Pero en el 5-7 por ciento de pacientes con asma grave de control difícil sí se están investigando alternativas y ya hay algunas novedades en el mercado. Es el caso de omalizumab, que está indicado en este tipo de asma grave, alérgico, con una IgE alta (entre 30 y 1500 unidades internacionales de IgE). El experto también hizo alusión al tiotropio, un fármaco anticolinérgico que se usa para tratar EPOC, que gana fuerza como alternativa en asmas que tienen limitación crónica al flujo aéreo.
En un plano más experimental, citó mepolizumab, que no está comercializado en España, pero que resulta prometedor para pacientes con asma grave que tienen eosinofilia en el esputo y no se soluciona quita con corticoides. Y otra opción que están en investigación es la termoplastia, un tratamiento muy agresivo, pues se quema el músculo liso bronquial por radiofrecuencia, cuyos efectos a largo plazo aún se desconocen.
C. O.
Barcelona
La factura anual del asma en España es de 1.480 millones de euros, alrededor de un 2 por ciento del gasto sanitario total, con un coste medio por paciente de 1.726 euros por año, que varía en una horquilla que va de los 959 euros para el asma leve a los 2.635 para los más graves. Son datos del estudio Asmacost, realizado por el Área de Asma de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) y presentados con motivo del Día Mundial del Asma, el 3 de mayo.
Este mismo trabajo revela que, en el "presupuesto" de esta enfermedad, el 16,1 por ciento corresponde a recursos no sanitarios y el 83.9 a costes sanitarios.
Además, como destacó Antolín López Viña, coordinador del área de Asma de Separ, la Guía Española del Asma (GEMA) considera que un 70 por ciento de los costes totales de la enfermedad están ocasionados por el mal control de ésta, incluyendo la totalidad de los gastos indirectos y gran parte de los costes sanitarios. De aquí se traduce que con un buen manejo se podrían ahorrar hasta 1.036 millones de euros. "Aumentar el porcentaje de pacientes bien controlados haría subir el gasto farmacéutico o las pruebas diagnósticas y de seguimiento pero bajaría el gasto de hospitalizaciones, tratamientos de choque y visitas a urgencias y, lo más importante, los costes indirectos en forma de jubilaciones, invalidez, absentismo laboral o muerte prematura así como los gastos intangibles que corresponden a la calidad de vida”, declaró Carlos Melero, responsable del grupo de asma de NeumoMadrid.
El Estudio CHAS (Control and Handingof Asthma in Spain), realizado por Francisco Javier González Barcala entre otros expertos de la Separ, con asmáticos atendidos en Atención Primaria mayores de 18 años de todas las comunidades autónomas, trata de averiguar el motivo por el que el asma sigue mal controlado en España, qué factores influyen y si esos son modificables.
Este trabajo confirma que el tratamiento con corticosteroides orales (OCS), la gravedad basal del asma, la presencia de un acontecimiento estresante reciente, el cumplimiento terapéutico y vivir en un área rural son factores determinantes independientes.
El hecho de que los pacientes que requieren el uso de corticoides tengan un peor control de su asma en un 51 por ciento se explica porque este ya es un tratamiento para las agudizaciones graves, y también está relacionado con la falta de adherencia al tratamiento que se sitúa en el 45 por ciento en personas que reciben este tipo de terapia. Además, los pacientes con asma moderada-grave tienen más del triple de probabilidades de estar mal controlados comparado con el asma leve.
El estudio también revela que el antecedente de un evento estresante supone un aumento en más del doble del riesgo de un mal control, y el hecho de ser ex fumador supone que se incremente en un 36 por ciento.
Como puntualizó López Viña, se requiere más inversión en programas educativos y en estrategias para mejorar el cumplimiento, ya que la mayoría de estos factores son modificables desde el propio sistema sanitario.