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El calendario vacunal único continúa siendo una asignatura pendiente

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Pediatría/ La Asociación Española de Pediatría (AEP) presenta su cartilla para 2011

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En España coexisten 19 modelos diferentes sin causa epidemiológica que lo justifique. Como ejemplo, hay 3 esquemas para la vacuna de VHB; la de VPH se administra a 3 edades distintas y meningo-C tiene 5 combinaciones posibles
| 2011-02-25T16:55:00+01:00 h |

E. Sainz Corada

Madrid

“No existe ninguna razón epidemiológica que justifique las diferencias en los calendarios vacunales entre comunidades”. Lo dice Javier Aristegui, miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP), pero la realidad es que en España existen 19 diferentes.

La fijación de un calendario unificado sigue siendo una asignatura pendiente, a pesar de que hace más de un año el Consejo Interterritorial de Salud aprobó la creación de una comisión técnica encargada de su elaboración y de iniciativas como la moción debatida recientemente en el Pleno del Senado.

Por ello, desde la AEP se solicita al Ministerio de Sanidad que acelere este proceso y que la unificación sea “lo más rápida posible y no se dilate más”, ya que la actual situación “va en contra de los criterios de equidad, solidaridad y racionalidad”.

Y es que, como recordó Aristegui, “llevamos hablando de esto desde 2003, y seguimos sin disponer aún de fecha concreta para la finalización de la cartilla única”. Por ello pidió al Ministerio que lidere el proceso para llegar a un “acuerdo de mínimos” con unas recomendaciones técnicas, lo que en su opinión “es fácil y alcanzable”. “Lo difícil es el acuerdo político por temas presupuestarios”, reconoció, si bien entiende que la introducción de todas las vacunas recomendadas en el calendario propuesto por la AEP para 2011 “es una estrategia coste-efectiva, favorable y asumible en tiempos”.

Eso sí: la única comunidad que lo cumpliría a día de hoy es Madrid.

Niveles de priorización

La principal novedad de 2011 es que establece niveles de priorización atendiendo no solo a su efectividad y seguridad sino también a la carga de la enfermedad en términos económicos (ver tabla).

En el primero de ellos, se sitúan las sistemáticas, que “deberían ser integradas por todo el país y cubiertas por el Sistema Nacional de Salud”. Dentro de esta categoría destacar que se incluye la inmunización frente al neumococo, con lo que la AEP se reafirma en la necesidad de incorporarla dentro de la prestación sanitaria básica. Actualmente sólo está integrada en las comunidades de Madrid y Galicia.

En el siguiente escalón estarían las “vacunas recomendables”, que son aquellas que pueden ser priorizadas en función de los recursos para su financiación pública. Aquí se aconseja la vacunación frente a la varicela, (incluida en Madrid Navarra, Ceuta y Melilla) así como rotavirus en todos los lactantes.

El último escalón lo ocupan las vacunas para grupos de riesgo. Tal es el caso de la de la gripe en aquellos niños que puedan desarrollar formas graves, complicaciones o sufrir una mayor mortalidad a consecuencia de la enfermedad y el de la hepatitis A en los que vayan a viajar a países de endemicidad intermedia o alta.

Ejemplos de disparidad

Además de las diferencias en cuanto al número de vacunas que se suministran en cada comunidad, también existen divergencias respecto a las edades fijadas. Así, en nueve CC.AA. la de la hepatitis B se administra a los 2, 4 y 6 meses de edad; en otras cuatro, a los 0, 1 y 6 meses y en el resto a los 0, 2 y 6 meses.

Los niños de Cataluña, Melilla y País Vasco reciben la primera dosis de la triple vírica a los 12 meses y el resto a los 15, mientras que la segunda dosis en cinco autonomías se administra a los 3 años, en otras tres a los 4 y en las demás a los 6 años. Y la vacuna frente al virus del papiloma humano se aplica a las niñas de 11 años en Madrid y La Rioja, a las de 13 en Asturias, Ceuta, Navarra y País Vasco y a las de 14 en el resto.

A pesar de las diferencias existentes entre comunidades lo cierto es que en ninguna se aplican “pautas incorrectas”, puntualiza Arístegui. En cualquier caso, “lo que defendemos —continúa— es que se usen criterios generalizados. Si todas las opciones están dentro de la pauta establecida por los fabricantes vamos a ponernos de acuerdo, y si no lo están habrá que elegir la más correcta”. Es, como advirtió, tan solo una cuestión de voluntad.