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Los fármacos modificadores de síntomas de acción lenta (Sysadoa) como el condroitín sulfato y sulfato de glucosamina para el tratamiento sintomático de la artrosis han sido protagonistas en los últimos días en el campo de la Reumatología. Su uso ha sido defendido por la Sociedad Española de esta especialidad (SER), y también fue tema clave del primer Congreso Mundial de Debates y Consensos de Enfermedades Óseas, Musculares y Articulares, celebrado en Barcelona.
Desde la SER piden la libertad de prescripción de los reumatólogos y que las medidas que tomen las administraciones sanitarias no comprometan a la equidad en el acceso a fármacos de este tipo, a los que esta sociedad científica concede el máximo nivel de evidencia científica (1A) y el grado de recomendación más elevado (A).
También lo avalan la Sociedad Europa de Reumatología (Eular) y la Sociedad Internacional de Investigación en Artrosis (Oarsi).
Como explicó durante el congreso Daniel Uebelhart, director médico de la Clínica de Rehabilitación Músculo-Ósea de Valmont (Suiza), si bien un meta-análisis publicado en British Medical Journal en 2010 atribuía “eficacia nula al producto”, unas conclusiones ampliamente cuestionadas por la comunidad científica, lo cierto es que son más numerosos los estudios y meta-análisis de los últimos 20 años que avalan su eficacia mantenida hasta tres meses después de suspender el tratamiento.
Según explicó a GM, condroitín sulfato ha demostrado significativos efectos sintomáticos en osteoartritis de mano en términos de control de dolor y de capacidad funcional, con buen perfil de seguridad, en un estudio suizo liderado por Gem Gabay (de la Universidad de Ginebra) publicado en Arthritis and Rheumatism en 2011. Pero más allá, hay evidencia científica que sugiere que el fármaco puede modificar el proceso degenerativo de la patología.
Uebelhart hizo referencia a dos estudios de gran escala, uno de Michel de 2005 con 200 pacientes y otro de Kahan de 2009 con 600 pacientes a nivel internacional, que confirmaron que condroitín sulfato puede retardar la progresión de la osteoartritis de rodilla e incluso frenarla en algunos casos.
Por otro lado, un estudio publicado en 2006 por Uebelhart y su equipo, que revisaba los resultados de diez ensayos clínicos publicados y uno pendiente de publicar sobre la eficacia y la tolerancia de condroitín sulfato, concluyó los buenos resultados del tratamiento en artrosis de rodilla, y demostró que la administración a largo plazo por vía oral es segura y bien tolerada.
En lo referente a ensayos clínicos con nuevas terapias, Uebelhart citó que se están realizando esfuerzos para comprobar si fármacos como los bifosfonatos, de los que hay una amplia experiencia en osteoporosis, podrían utilizarse para frenar la progresión o para el control de síntomas en osteoartritis de rodilla. Sin embargo, de momento no hay datos que aporten ventajas adicionales.
También señaló que uno de los retos es analizar en el mismo ensayo clínico los dos parámetros que se han demostrado con condroitín sulfato en trabajos realizados por separado.