Gaceta Médica viernes, 15 de abril de 2016 h
Medicina de precisión. Ése parece ser el mantra que médicos, investigadores, pacientes y hasta administración repiten cuando se trata de hablar del ideal a alcanzar; entendida como una medicina que permite seleccionar qué tratamientos son los más adecuados para cada paciente, y que contribuye a asegurar la optimización de las terapias, evitar efectos adversos y suma a la eficiencia del SNS.
Como suele pasar con estas cosas, el tema es recurrente cuando un político sanitario se sube al atril, como lo es el famoso cambio de paradigma con la cronicidad, pero al mismo tiempo, parece que cuesta ver hechos, y no sólo promesas. Al igual que el envejecimiento poblacional es algo a lo que no puede escapar el sistema, tampoco podrá obviarse el avance de la genómica. La administración puede mirar para otro lado pero saldrá caro, no sólo por perder el carro de la innovación, sino porque otros países de nuestro entorno sí la están aplicando y los pacientes pueden hacer ‘viajes genéticos’ dentro de la Unión Europea que luego tendrá que pagar España.
Hoy por hoy deberíamos tener superada la realización de paneles y secuenciación de los exomas en el entorno de los cinco tipos de estudios genéticos que se contemplan en la cartera de servicios, pero aún queda por avanzar en el análisis del genoma. Todo ello requiere de una transformación. En un primer nivel en los hospitales, desarrollando servicios de genética que cuenten con figuras como bioinformáticos y asesores genéticos que trabajen en conjunción con los clínicos —en esto se ha dado un paso con el reconocimiento de la especialidad de genética—. En un siguiente nivel, se requiere que todos esos datos se procesen, con la seguridad adecuada y con criterios éticos-legales, para que estén disponibles en la historia clínica electrónica del paciente, de manera que este pueda disponer de ellos y que sirvan para que se puedan analizar desde diferentes puntos de vista. Tarea de titanes, teniendo en cuenta que el ministerio dice haber gastado en estos años 200 millones de euros en intentar conectar a las CC.AA. con resultados dudosos hasta ahora.