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“Es fundamental fomentar el trabajo en equipo en el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello”

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ENTREVISTA/ En el abordaje de estos pacientes no hay que olvidar la concienciación social

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| viernes, 04 de marzo de 2011 h |

A.P.

Madrid

Pregunta. ¿Cuál es el flujo de tratamiento desde que el paciente tiene los primeros síntomas hasta que inicia el tratamiento?

Respuesta. El paciente suele acudir en primer lugar a su médico de atención primaria, aunque suele visitarle ya cuando lleva varios meses con síntomas bien de dolor, disfonía o bien cuando nota algún bultoma en el área del cuello. Desde allí es habitual que se le remita a las consultas de los servicios de Otorrinolaringología donde se realizará la exploración específica y se programará la toma de biopsias, directamente en la consulta o con exploración bajo anestesia. Por otra parte, solicitará las exploraciones radiológicas para realizar la correcta estadificación y será el que habitualmente presente el caso en el comité multidisciplinar donde se decidirá de forma conjunta el plan de tratamiento y éste se programará de forma consensuada en el comité.

P ¿Cuáles son las principales particularidades de los tumores de cabeza y cuello?

R. En los tumores de cabeza y cuello debido a su localización anatómica y a las funciones desempeñadas por los órganos afectados como la deglución, la respiración o el habla, hacen que cualquier alteración, bien sea por el tumor o bien por cuestiones secundarias al tratamiento, provoque una alteración importante en su función, lo que genera en muchas ocasiones un gran impacto negativo en la calidad de vida.

P. ¿Cuál es el perfil habitual de estos pacientes?

R. Se trata de pacientes con un perfil muy definido, típicamente son fumadores con hábito enólico en la mayoría de los casos importante, falta de higiene bucal y en general falta de cuidados personales. Eso no quita para que también nos encontremos con otro perfil de pacientes, aunque en un número más reducido, que no cumplen estas características y también se puede dar, por supuesto, en pacientes sin estos hábitos a lo largo de su vida.

P. ¿Existe alguna problemática concreta con este tipo de pacientes?

R. El hecho de que en la mayoría de los casos sean pacientes con hábito enólico y falta de cuidados, además de los condicionantes sociales, ya que muchos de ellos viven solos y con falta de disciplina, hace dificultoso en muchas ocasiones que se adhieran al tratamiento por la problemática social que presentan. En muchos casos son tumores asociados a un estatus socioeconómico bajo con falta de recursos.

P. ¿Qué profesionales deben estar involucrados en el tratamiento de los pacientes con cáncer de cabeza y cuello?, ¿sucede esto en el día a día?, ¿son reacias las especialidades receptoras (que hacen el diagnóstico) a trabajar conjuntamente en la toma de decisiones con otras especialidades en el tratamiento multidisciplinar?

R. Actualmente se trabaja en el seno de comités multidisciplinares donde están involucrados los otorrinos, cirujanos plásticos, oncólogos médicos, oncólogos radioterápicos, radiólogos y patólogos. Además, es muy importante la participación del médico especialista en dietética, el psico-oncólogo y el dentista. Todos estos profesionales están muy concienciados de la necesidad de trabajar en común y no es habitual que sean reacios al trabajo dentro de equipos multidisciplinares, sino todo lo contrario.

P. ¿Cuáles son las principales barreras que se encuentran en el abordaje de estos pacientes?

R. La principal barrera que nos encontramos es la dificultad de concienciar al paciente de que debe cambiar sus hábitos, sobre todo el tabáquico. Por otra parte, al contrario, son pacientes que presentan una gran tolerancia a los efectos secundarios generados por el tratamiento y con gran aceptación al mismo.

P. ¿Qué papel juega el Comité de Tumores en el abordaje del cáncer de cabeza y cuello? ¿Son las unidades funcionales oncológicas (UFO) el marco más adecuado para solventar los problemas planteados? El intervalo primer síntoma-primer diagnóstico, ¿es el adecuado? Y el intervalo primer diagnóstico-primer tratamiento, ¿es el óptimo? ¿Cómo influyen estos intervalos en el resultado final sobre el paciente?

R. Ya desde hace tiempo tenemos evidencia científica en la que se demuestra que la toma de la primera decisión terapéutica en el seno de un comité multidisciplinar en pacientes con cáncer tiene un impacto en la supervivencia. Por dicho motivo, podemos decir que actualmente es la forma correcta de manejar cualquier tipo de tumor. Los tiempos entre síntoma y primer diagnóstico suelen ser muy variables y en este tipo de pacientes suelen ser largos ya que es habitual que éstos consulten cuando llevan varios meses presentado síntomas. Si es el adecuado o no, o es el óptimo, va a ser variable en los centros, aunque evidentemente es recomendable que desde la sospecha del cáncer se pudiera hacer un diagnóstico y plan de tratamiento en un tiempo aproximado de 15 días.

P. ¿De qué manera considera que se podría fomentar la comunicación y el trabajo en equipo entre los diferentes especialistas implicados en el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello?

R. Es fundamental fomentar la comunicación y el trabajo en equipo entre los diferentes especialistas que estamos implicados en el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello. Una forma que se ha mostrado eficaz es la realización de reuniones científicas comunes donde todos los profesionales vean los resultados de cada tipo de tratamiento, tanto a nivel de eficacia como de efectos secundarios, y cómo influye cada actuación en el conjunto del proceso.

P. ¿Tienen los pacientes oncológicos un acceso al diagnóstico y al tratamiento equitativo? ¿Es igual en todos los tumores o hay tumores ‘discriminados’ o ‘de segunda categoría’?

R. A nivel asistencial dentro de los servicios de Oncología todos los tumores se tratan con la misma prioridad y no hay diferencia en función de su localización. Asimismo, el trabajo dentro de comités debe ser potenciado en toda la patología oncológica sin considerar el tipo de tumor. Sin embargo, es verdad que a nivel social estos tumores no tienen la repercusión que tienen otros como son el cáncer de mama, cáncer colorrectal o el cáncer de pulmón.

P. ¿Cómo integrar a los servicios de soporte como nutrición, neuro-radiología, anatomía patológica, psicología-psiquiatría o unidades de deshabituación?

R. Estos servicios deberían estar integrados en los comités multidisciplinares y la tendencia es que de forma progresiva se involucren desde el inicio del diagnóstico y del plan estratégico de tratamiento. Es muy importante, además, el papel del personal de enfermería que cada vez está más comprometido en el manejo de estos enfermos.

P. ¿Qué perspectivas de futuro vislumbra en el abordaje de esta enfermedad?

R. El mayor conocimiento de las alteraciones moleculares del cáncer y las terapias dirigidas nos han proporcionado mayores tasas de respuesta a los tratamientos, así como impacto en la supervivencia de la enfermedad locoregional y avanzada. También nos han posibilitado cirugías más conservadoras que impactan de forma importante en la calidad de vida. Por otra parte, cada vez hay más concienciación social sobre este tumor, lo que hace que se trabaje en grupos cooperativos, en comités multidisciplinares y que todo tenga un impacto final en la supervivencia de estos enfermos. Además, es esencial la concienciación social ante la sospecha del paciente por la aparición de síntomas, el que acuda de forma precoz a la consulta, y que la enfermedad no se diagnostique en una fase muy avanzada como ocurre hoy en día.