Que España haya superado ya los 100.000 trasplantes no es algo casual. La solidaridad de los ciudadanos cuenta y mucho, pero la clave del éxito en estos 25 años ha sido la profesionalización del sistema. Amado Andrés hace un repaso de la situación actual para GM con motivo del Día Mundial del Trasplante.
Pregunta. ¿Cuál es el papel que juegan los coordinadores de trasplante?
Respuesta. La base del modelo español es el coordinador, que se ha profesionalizado y se ha hecho una especialidad de ello. Desde hace 25 años esta figura identifica las personas que podrían ser donantes y se encarga de gestionar el proceso de evaluación, mantenimiento, entrevistas con la familia, preservación de los órganos y extracción y trasplante. En cada hospital hay médicos especializados en coordinación, esto permite que no se pierdan posibles donantes.
P. ¿De qué forma ha evolucionado el trasplante renal en los últimos años?
R. Ha evolucionado extraordinariamente. Es un tratamiento consolidado y con unos resultados excelentes. Gracias, por un lado, al cuidado del enfermo trasplantado con las terapias inmunosupresoras y, por otro, a la mejor selección de los donantes y los receptores para que el resultado sea óptimo. Además, desde el punto de vista quirúrgico hay posibilidad de hacer el trasplante a personas más mayores y utilizar también donantes de más edad.
P. ¿Cómo están las listas de espera?
R. En este momento hay cerca de 4.000 personas en espera de un riñón. Trasplantamos más del 65-70 por ciento de las personas en lista de espera. Sin embargo, hay un grupo de pacientes de difícil indicación que tienen problemas, sobre todo de carácter inmunológico, con muchos anticuerpos, y no es fácil encontrar donantes para ellos. Aún así hemos avanzado mucho porque tenemos un sistema de intercambios de donantes para estos pacientes y podemos trasplantar antes y el resultado es mucho mejor, ya que utilizamos un órgano contra el cual el paciente no está sensibilizado, con lo cual las posibilidades de rechazo son mucho menores, siempre y cuando se haga bien la terapia inmunosupresora.
P. ¿Cómo están las cifras de donantes vivos?
R. Estamos en más del 13 por ciento de donaciones de riñón en vivo pero tenemos que seguir creciendo. Es una opción que teníamos poco explotada en España, pero es la mejor opción para una persona que llega con una insuficiencia renal terminal. No cabe duda de que trasplantarse antes de pasar por la diálisis es lo ideal, porque los resultados del son mejores. Hoy, los médicos que indican la necesidad de un tratamiento renal sustitutivo lo tienen en mente y lo ofrecen a sus pacientes y a sus familiares, que son los que tienen que dar el paso.
P. ¿Qué ha aportado el trasplante de riñón cruzado? ¿Y los trasplantes en cadena?
R. En el contexto de la donación de vivo, cuando unos familiares quieren donar y no es posible directamente dar el riñón a esa persona, se cruza con otra. Hay dos receptores que tienen que recibir riñones de sus familiares, no pueden y se cruzan, y la cadena es lo mismo. Ya no son dos parejas las implicadas, sino cuatro, cinco o seis en cascada. También tenemos casos de donación altruista, personas que voluntaria y libremente quieren dar un riñón a otras personas de la lista de espera. Así se empieza una cadena de vivo para que no se done sólo a una persona, sino que se empieza haciendo una cadena de vivo cruzado y el último órgano ya se le da al de la lista de espera. La solidaridad es maravillosa.
P. ¿Cuál es el rol de los inmunosupresores clásicos?
R. Su función ha sido crucial. La ciclosporina fue esencial en los 80, ya que permitió que el rechazo se redujera, de manera que los trasplantes pudieran hacerse con efectividad. Y luego vino el fármaco central, el tacrolimus, que ha permitido el funcionamiento correcto y a más largo plazo, previniendo el rechazo y alargando la supervivencia del órgano.
P. ¿Cómo están evolucionando?
R. Hoy en día se sabe que la causa de que se pierdan los órganos es que el sistema inmune no está suficientemente inmunosuprimido y daña el órgano porque no lo reconoce como propio. El optimizar la inmunosupresión para cada persona es fundamental. Estamos intentando conocer qué parámetros debemos analizar para saber si una persona está lo suficientemente inmunosuprimida para no rechazar y con la inmunidad suficientemente activa para no tener enfermedades infecciosas o tumorales que pongan en peligro su vida. Contamos con algunos test, por ejemplo, con determinados virus que sólo aparecen con niveles de inmunosupresión muy bajos, pero estamos a la espera de que se pongan a disposición clínica y que haya trabajos a gran escala. A día de hoy el fármaco central sigue siendo el tacrolimus, acompañado de antiproliferativos o inhibidores de mTOR.
Por otro lado, es fundamental que los pacientes hagan bien su terapia inmunosupresora, deben de tomar los fármacos adecuadamente. Los trasplantes restituyen hasta tal punto la calidad de vida que se puede olvidar la toma de la medicación y esto es una causa muy clara de que se pierdan los trasplantes.
P. ¿Cuál es la vida media en la actualidad de un riñón trasplantado?
R. Si nos basamos en lo que veníamos haciendo, la vida media puede ser unos 15 años, pero si nos ponemos en el punto de partida de hoy, es probable que sobrepasemos los 20 años, depende de muchos factores y en especial de la edad que tiene la persona cuando se va a trasplantar. Ya estamos adaptando las edades de los receptores y los donantes y obtenemos mejores resultados.
Además, las personas jóvenes trasplantadas deben pensar que van a tener una buena calidad de vida pero quizás tendrán que someterse a varios trasplantes. De hecho, estamos ya haciendo terceros trasplantes. Antes con cada uno de estos trasplantes el órgano tenía peor funcionamiento pero ahora conocemos más tipos de anticuerpos y podemos poner como segundo y tercer trasplante riñones frente a los cuales esa persona no tiene anticuerpos, por lo tanto le vamos a garantizar mucho más tiempo de funcionamiento.
P. ¿En qué estado está la investigación para la creación de órganos a través de células madre?
R. Conseguir generar órganos acabaría con las listas de espera y además, se evitaría la reacción del sistema inmune. Nos parece ciencia ficción pero ya se están dando algunos pasos utilizando modelos animales donde se generan los órganos. No obstante, de aquí a que podamos usarlo pasarán muchos años. Mientras, tendremos que seguir insistiendo en que la donación después de que una persona fallece es lo más adecuado para seguir salvando vidas.
A día de hoy,
el fármaco central de la inmunosupresión sigue siendo el tacrolimus”
Optimizar
la terapia inmunosupresora
para cada paciente
es fundamental”