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La crisis de Femyts
deja desprotegidos
a los médicos

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| viernes, 11 de febrero de 2011 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

Qué pena y qué rabia. Los médicos madrileños no tienen a nadie que les defienda. Atareado como ha estado el Colegio de Médicos en actividades más lucrativas, Femyts y Amyts, Amyts y Femyts, tanto monta, monta tanto, se convirtieron prácticamente hace dos años en la única tabla de salvación a la que los profesionales de la comunidad podían agarrarse en caso de nepotismo de un gestor, negligencia gerencial o tentaciones erróneas de las Consejería. Prueba de que el modelo empezaba si no a parecerse a Médicos de Cataluña, al menos a cuajar, fue su sonoro éxito al frenar la jubilización forzosa de los facultativos a los 65 años que llegó a impulsar Juan José Güemes en su etapa de consejero, por medio de una polémica normativa. En 15 días, el propio Gobierno regional decidió revocarla. En esa época, claro está, se situaba al frente del sindicato Carlos Amaya, neurocirujano que trasladó al mismo la habilidad negociadora y la astucia que había demostrado previamente durante muchos años al frente de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). Desgraciadamente, parte de los médicos que le acompañaban en esa andadura autonómica decidieron traicionarle, posiblemente movidos por la envidia, el deseo de gloria y el extraño viraje que también experimentaba la antaño gloriosa organización a nivel estatal. El resultado fue la salida de Amaya de Femyts, sí, pero también la caída en picado de esta filial autonómica de la CESM hasta límites vergonzosos. Lo que el neurocirujano lo resolvía con cintura y sin aspavientos, de forma inteligente y eficaz, sus nefastos sucesores lo han terminado ahora emponzoñando. El resultado es que Femyts y Amyts, o Amyts y Femyts, tanto monta, monta tanto, ha perdido enteros como interlocutor ante la Administración y como catalizador de las reivindicaciones que formulan los médicos en los hospitales y los centros de salud. También las cuitas gratuitas e innecesarias con los enfermeros de Máximo González Jurado, en un momento en el que lo que importan son las sinergias y los lazos comunes, no las afrentas y la división profesional. El ansiado modelo catalán está ya a años luz. De forma inteligente, el sindicato CSIF ha empezado a mover ficha y a copar en el ámbito madrileño y en el estatal el campo que tan generosamente le ha cedido su rival. No hay más ciego que el que no quiere ver.

El último hecho bochornoso de la organización que se postula para representar a los médicos en Madrid ha sido la salida —voluntaria, eso sí— de la misma de dos históricos del sindicalismo español: Antonio Rivas y Manuel Fernández Vega. “Ambos hemos decidido darnos de baja en Amyts desde el día de hoy. No queremos colaborar económicamente con la destrucción del sindicato”, se despiden por carta, no sin antes cuestionar muy duramente a Julián Ezquerra y a Javier López de la Morena: “Estáis, posiblemente sin daros cuenta, destruyendo el sindicato”. Ninguno de los dos olvida la afrenta a otros colegas de amplia experiencia, recriminando a los actuales dirigentes que después de intentar “defenestrar” a Amaya de la Federación Europea de Médicos Asalariados (FEMS), se congratulen luego de que esta organización le haya repescado. “¡Qué hipocresía y qué descaro!”, concluyen, dejando un consejo sobre la mesa: no sólo hay que denunciar lo que está mal, hay que negociar, aportar soluciones y llegar a acuerdos. El desacierto estratégico de la rama madrileña de la CESM y su pérdida de peso específico arrojan conclusiones claras: la primera es que las autoridades tienen despejado el camino para sus actuaciones; la segunda es el auge paralelo de las combativas sociedades de primaria como catalizadoras de las quejas de los facultativos.