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La eficiencia también pasa por regular la desinversión

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JORNADA/ Los expertos proponen dejar de financiar tecnologías con bajo valor clínico

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Empezando con las que causen menos desconfianza en pacientes y proveedores

La falta de sistemas de vigilancia es un hándicap para prever el ahorro real

| 2011-05-06T16:19:00+02:00 h |

MÓNICA RASPAL

Madrid

Hasta ahora se ha hecho más hincapié en regular la incorporación de nuevas tecnologías médicas que en la desinversión en aquellas cuyo valor clínico es bajo. Sin embargo, los economistas de los países con sistemas más avanzados como Canadá, Australia, Estados Unidos y Reino Unido mantienen una intensa línea de trabajo en dilucidar qué añade valor y qué no y en proponer estrategias para desinvertir en determinadas prácticas, tecnologías y servicios y reinvertir en otras que sí generen beneficios en términos de salud a la población.

Así lo pusieron sobre la mesa expertos como Enrique Bernal, investigador del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud y Jonathan Skinner, del Dartmouth College de Hanover, durante las 31ª Jornadas de Economía de la Salud, en las que ocupó un lugar destacado el concepto desinversión como el proceso mediante el que se dejan de financiar las intervenciones con bajo valor clínico y se promueven las de alto valor, liberando recursos para estas últimas y teniendo en cuenta que ciertas tecnologías sólo benefician a algunos subgrupos de pacientes, no a todos los actualmente tratados.

Según ha explicado a GM Carlos Campillo, miembro del Servicio de Salud de las Islas Baleares (Ib-Salut) y moderador de la mesa en la que se debatió sobre esta opción, se puso manifiesto que el número estimado de pacientes que son tratados con tecnologías de bajo valor clínico —entre un 30 y un 40 por ciento— puede aproximarse a la cuantía de los recursos que, al dejar de financiarlas, podrían destinarse a otras de alto valor, mejorando así la eficiencia de los servicios.

Como pasos previos o complementarios a la desinversión, los ponentes recomendaron limitar las indicaciones, la frecuencia en su uso y la duración de algunos tratamientos según criterios coste-efectivos, especificar los proveedores según las prestaciones quepueden ofrecer e implantar programas como el uso tutelado, el only in research de Reino Unido o el coverage with development de EE.UU.

Como punto de partida, existen varias listas de tecnologías médicas de bajo valor clínico que pueden servir para estimar ahorros y emprender un programa de desinversión aunque, como advierte Campillo, en algunos casos los ahorros derivados de ésta pueden ser menores que los esfuerzos y los costes de acometerla pues no existen sistemas de vigilancia y también entran en juego las variaciones geográficas en su uso pues, según destacó Skinner, en muchas ocasiones no es la tecnología la que por sí misma incrementa el gasto sino la intensidad con que ésta se usa. Por lo tanto, los expertos consideran que conocer estas variaciones junto a los estudios de adecuación de las indicaciones de pruebas diagnósticas y tratamientos son una fuente de información de gran valor para orientar la desinversión.

A la hora de iniciar este proceso, los ponentes apostaron por comenzar con tecnologías cuya desinversión cause menos desconfianza y resentimiento entre pacientes y proveedores, las de alto impacto presupuestario y baja repercusión en recursos humanos, las que no se usen para tratar patologías graves y las que claramente puedan afectar a la seguridad del paciente, acompañando estas medidas con un fomento del uso de las tecnologías coste-efectivas menos utilizadas. En cualquier caso, según Campillo, una política de desinversión será “insuficiente” pues su éxito dependerá de un “intrincado” conjunto de factores, algunos de índole no clínica sino moral, política y social.

El único paso dado en nuestro país ha sido el proyecto iniciado en 2008 para identificar, priorizar y evaluar tecnologías potencialmente obsoletas —aquellas cuyos beneficios han sido superados notablemente por otras alternativas— y ha elaborado una Guía para la no financiación de tecnologías médicas, reverso de la Guía para la adquisición de nuevas.