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La estrategia sexual desnuda al ministerio

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| lunes, 25 de octubre de 2010 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

La Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva que ha elaborado el ministerio no tiene desperdicio. Los médicos ajenos al juego de los intereses creados de la Administración que han tenido la oportunidad y los redaños de dedicar parte de su tiempo a ojear el mamotreto de 166 páginas que ha pasado por el Consejo Interterritorial no salen aún de su asombro. Las reacciones son coincidentes: “¿Cómo es posible que con la que está cayendo un Gobierno desperdicie tiempo, recursos y funcionarios en semejante nadería?”; “¿Cómo es posible que los políticos y las autonomías no bramen al unísono ante tamaño cúmulo de disquisiciones vacuas, inconexas y hasta retrógradas en lo que se refiere al papel otorgado a la mujer?”; “¿Cómo es posible que todo un ministerio preste tanta atención a tales menesteres aun a costa de invadir presuntamente competencias autonómicas, cuando el sistema se tambalea en medio de la bancarrota y de un déficit de más de 11.000 millones?”; “¿Cómo es posible que Sanidad mire hacia otro lado ante tamaña deuda y quiera encima que las autonomías financien los anticonceptivos cuando ni siquiera tienen fondos para pagar a las farmacias?”; “¿Cómo es posible que algunos feudos callen sumisos pese a vivir sumidos en la asfixia financiera”?; “¿Qué es lo que pretende realmente el Gobierno con este tipo de políticas?”. Los interrogantes son múltiples... y comprensibles.

No se trata aquí de ser carca, ni de caer en tópicos fáciles y baratos. No. No es eso. Se trata de denunciar incongruencias. Incongruencias como la de ensalzar las supuestas bondades del “cibersexo” o la de llamar “criaturas”, “criaturas RN” o, simplemente, “RN” a los neonatos, algo que, en un soplo de inspiración, el ministerio tuvo a bien retirar en uno de los borradores previos del documento. Incongruencias como la de incrementar de forma innecesaria la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud cuando éste tiene otras prioridades mucho más urgentes y la crisis económica está a punto de resquebrajarle por completo. E incongruencias como la obsesión permanente del Gobierno de intentar inmiscuirse en aspectos de la esfera privada del individuo que sólo a él le incumben. El tabaco y los bollos escolares son otros ejemplos. Los buenos conocedores de la historia encontrarán en el siglo XX un buen número de países que mostraron tal tendencia sin que les resulte necesario acudir a Karl Popper para poder catalogarlos.

Sea como fuere, lo cierto es que el documento es malo, muy malo. La sexualidad placentera siempre es deseable, pero más deseable sería si los que la practican no están condenados a vivir en la oscuridad del desempleo. Y, en cualquier caso, un ministerio no es quién para programarla ni impulsarla con tanta vehemencia, sobre todo entre los jóvenes, salvo que lo que busque, ahora que se avecina el maratón electoral que concluirá con las generales sean votos cautivos a costa de preservativos, píldoras y anillos vaginales gratis. Los datos sobre las ventas de las hormonas anticonceptivas del sistema endocrino y las de última generación dan fe del boom que viven estos productos en España, y del pastizal que se dejarán las comunidades si se animan finalmente a su financiación. Un lujo que el sistema no se puede permitir, salvo que el Gobierno aumente el grifo de la financiación, lo que no parece factible a la vista de los presupuestos y de los fondos que manejan los servicios de salud.