Garantizar una buena calidad de vida en la última fase de los pacientes oncohematológicos es un objetivo fundamental para los profesionales que los atienden. Sin embargo, son escasos los estudios y datos de los que se dispone a nivel europeo sobre este particular, así como sobre los tratamientos activos en cáncer en pacientes terminales.
La investigación ‘Quimioterapia al final de la vida; análisis de la práctica clínica en pacientes adultos onco-hematológicos con cáncer’, publicada en la revista Farmacia Hospitalaria de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), respondió a la pregunta de cómo están siendo tratados estos pacientes al final de su vida y concluyó que el uso de quimioterapia en la última etapa merma esa calidad.
El método de investigación consistió en la realización de un estudio observacional retrospectivo en un hospital de tercer nivel. Dentro del mismo, se incluyeron todos los pacientes oncológicos y hematológicos que recibieron quimioterapia, ya sea oral o intravenosa, entre los meses de enero y diciembre de 2013, a los que se les administró la última quimioterapia en los 90 días previos al fallecimiento.
Pilar Taberner, investigadora principal del mismo, explicó a este suplemento que, tras hacer una revisión, vieron que los datos publicados de evaluación de calidad de vida en este grupo de pacientes eran, fundamentalmente, americanos. Además, prácticamente todos los estudios coincidían en señalar que, de forma generalizada, la administración de quimioterapia en la etapa final de la persona impactaba “de forma negativa” en la calidad de vida del paciente. El estado funcional de las personas, en un porcentaje elevado de casos, al inicio de la quimiotarapia era bueno, pero se ha visto que esto es independiente del resultado final del mismo y del perjuicio que esta opción terapéutica pueda suponer para este grupo de pacientes que se encuentran al final de su vida.
Taberner recordó que, al hablar de quimioterapia, no se puede obviar que no solo se está hablando de la intravenosa, sino que también hay que contar con la de tipo oral, ya que esta última es la que está más en desarrollo actualmente porque “es evidente que supone un beneficio” al ser la vía de administración más fisiológica y cómoda. Sin embargo, a pesar de las ventajas, esta vía de administración no está exenta de producir reacciones adversas a los pacientes.
La inclusión de la terapia oral fue también un punto diferencial en relación con otros estudios que se habían realizado previamente y analizaban aspectos similares a los que abordó esta nueva investigación.
Ingresos hospitalarios
Para analizar el final de la vida de los pacientes oncohematológicos se analizaron también los ingresos hospitalarios de estas personas y se observó que un 47,2 por ciento de los que fueron estudiados habían ingresado en el último mes de vida, un momento que, en su opinión, no está ya suficientemente alejado del final del proceso, pero además, un 10,4 por ciento de los enfermos estuvieron hospitalizados en los tres últimos (los tres días o parcialmente).
Tal y como reconoció la farmacéutica, evitar que se den este tipo de situaciones todavía es difícil porque son pocos los criterios que se establecen y realmente “se mojan” a la hora de delimitar una línea que establezca la agresividad en el trato recibido por estos pacientes oncohematológicos y el momento exacto en el que cesar en la administración de quimiorterapia.
De hecho, esta investigación concluye que los pacientes habían recibido “un trato agresivo” en la etapa del final de la vida y que este periodo, “en realidad, quedaba lejos del objetivo primordial de mejorarla” por lo que, a juicio de la investigadora, los resultados fueron llamativos en este sentido.
Asimismo, aseguró que sirve como base para tener datos objetivos sobre cómo están siendo tratados los pacientes y, actualmente, disponiendo de ellos, se conoce de forma objetiva algo que ya se sospechaba: que la calidad de vida del paciente se ve perjudicada por el uso de quimioterapia e ingresos hospitalarios y, por lo tanto, los profesionales sanitarios se encuentran en posición de mejorar el objetivo de garantizar esa calidad de vida en las personas. “Todo ello sin olvidar que ellos participan en todo el proceso de decisión terapéutica y que se debe trabajar en equipo para analizar cuáles son las medidas que se toman en esta etapa final de la vida”, apostilló.
Más estudios
Finalmente, recalcó que son necesarios más estudios que definan unos criterios que garanticen cuáles son los puntos a mejorar en la calidad de vida de este grupo de pacientes porque la suspensión de la quimioterapia al final del proceso es un criterio de buena práctica clínica pero no existen referencias ni juicios que digan en qué momento se debe suspender porque cada paciente es diferente y es difícil poder generalizar y establecer esa pautas que deban seguir los profesionales aunque “sería lo óptimo y lo deseable que se obtuvieran y poder contar con ellas.