El desarrollo de displasia broncopulmonar (DBP) es uno de los principales riesgos a los que se enfrentan los bebés prematuros. Aparte de que los pulmones no están correctamente formados en estos casos, los bebés precisan de respiración asistida, lo que a su vez aumenta el riesgo de sufrir la patología. Por eso, las actuales recomendaciones señalan que es preferible aplicar técnicas de ventilación no invasiva (VNI) a los prematuros y sólo emplear técnicas invasivas en caso de no respuesta. Así lo señaló Cristina Ramos Navarro, médico adjunto del Servicio de Neonatología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, durante el 3er Congreso Mundial de Controversias en Pediatría, celebrado en Barcelona.
La displasia broncopulmonar se caracteriza por que se produce una inflamación y la aparición de cicatrices en los pulmones, lo que puede dejar secuelas para el resto de la vida. Ramos destacó que el número de casos está aumentando debido al incremento de la supervivencia de los bebés prematuros. “La clave está en prevenir esta enfermedad utilizando las técnicas menos invasivas”, comentó esta experta.
Hasta hace unos años, el método de elección para iniciar el tratamiento en estos casos era optar por la ventilación invasiva. Pero, como comentó Ramos, “esta exige la intubación endotraqueal del paciente, lo que puede inducir daño pulmonar por las presiones y los volúmenes que se emplean y, por tanto, displasia broncopulmonar”. Ramos también señaló que hay metaanálisis y estudios aleatorizados que avalan que emplear técnicas no invasivas como CPAP (presión continua positiva en la vía aérea) desde el paritorio “previene la intubación y reduce el riesgo de muerte y de desarrollar displasia broncopulmonar”. De todos modos, en el caso de que el bebé no responda adecuadamente al tratamiento, “hay que intubar y optar por la ventilación mecánica”.
Reducción de la DBP
Esta experta expuso los datos del Hospital Gregorio Marañón sobre la eficacia de las técnicas no invasivas para prevenir la displasia broncopulmonar. Siguiendo el esquema de optar por una técnica no invasiva y emplear la ventilación mecánica cuando el paciente no responde, han logrado disminuir de forma significativa la incidencia de la enfermedad. Tras realizar un análisis retrospectivo de 423 niños nacidos antes de la semana 32 de gestación entre los años 2006 y 2015, “se ha visto que la supervivencia en los casos de displasia broncopulmonar ha pasado del 61,5 por ciento al 66 por ciento”, señaló. Otro dato especialmente destacable, a juicio de esta experta, es que también se han reducido las formas graves de la enfermedad. “Esta patología se clasifica en leve, moderada y grave, y gracias al esquema que seguimos han disminuido las formas graves del 23 por ciento en 2006 al 11,8 por ciento en 2015”, dijo Ramos.
De todos modos hay otros factores que explican estos resultados positivos. “Por ejemplo, hemos cambiado la forma de administrar el surfactante, ya que en lugar de hacerlo mediante el tubo endotraqueal con presión positiva, lo hacemos a través de un catéter sin necesidad de intubar al paciente ni conectarlo a un respirador”, comentó Ramos.
En cuanto al uso de la ventilación nasal, existe cierta controversia sobre si es mejor emplear esta técnica como primera opción en lugar de optar por la CPAP. “En nuestro centro la empleamos como tratamiento de rescate cuando fracasa la CPAP, siempre y cuando el niño esté estable hemodinámicamente. De este modo, hemos comprobado que se reduce la necesidad de intubación”, dijo Ramos. La ventilación nasal presenta la ventaja de que se aplica a través de cánulas nasales con presión basal y picos de presión, “y además se sincroniza con la respiración del paciente, por lo que se consigue una mejor transmisión”, añadió esta experta.
Diagnóstico genético
Por otro lado, Jordi Antón López, especialista de la Unidad de Reumatología Pediátrica del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, expuso que en algunos casos en los que existe sospecha de que un niño sufre el síndrome Pfapa (fiebre periódica, adenopatías, faringitis y aftas orales) es necesario realizar un estudio genético para descartar que no se trate de otra patología. Como explicó Antón, “esta enfermedad autoinflamatoria se suele iniciar antes de los 5 años de edad, y se caracteriza por cuadros febriles de tres o cuatro días acompañados de aftas o faringitis”. No tiene base genética, pero se puede confundir con un trastorno genético como el síndrome de hiperinmunoglobulinemia D. Este experto también comentó que cada vez se detectan más enfermedades autoinflamatorias, porque, entre otros motivos, “se conoce mejor la patología y se detecta que hay enfermedes en las que existe una alteración autoinflamatoria, como es el caso de la artritis idiopática juvenil de inicio sistémico”. Anton también señaló que estas patologías suelen tener una causa monogénica.
Resistencia a los antibióticos
Durante el congreso también se debatió sobre la resistencia a los antibióticos. En este sentido, Pablo Rojo, pediatra en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, comentó que hay que tener en cuenta que hay pacientes que pueden presentar resistencia a determinados antibióticos en los casos de infecciones por Staphylococcus aureus. “La controversia reside en si hay que empezar con un antibiótico betalactámico como la cefazolina o, por el contrario, con la vancomicina o la clindamicina”, dijo Rojo. Como siempre se realiza un cultivo, “a los cuatro o cinco días se puede ver si es necesario cambiar o no en el caso de que el paciente presente resistencia a algunos de estos fármacos”, señaló.
Este experto comentó que en España la tasa de resistencia a la cefazolina es menor del 10 por ciento, pero en países como Ecuador o Argentina es mucho más elevada, “un factor que hay que tener en cuenta con los hijos de las personas inmigradas”, apuntó Rojo.
Al evitar la intubación se reduce la probabilidad de que el pulmón del niño se dañe por las presiones empleadas
En los casos de sospecha de síndrome Pfapa puede ser necesario el diagnóstico genético diferencial