Médico de urgencias en Castilla y León e ilustradora de cómics podría ser un breve resumen profesional de Mónica Lalanda. En Con-ciencia médica aborda con creatividad e ironía los principales problemas de su profesión.
Pregunta. Médico de urgencias e ilustradora de cómic, ¿una combinación poco común?
Respuesta. En el mundo de los médicos hay mucha gente creativa. Somos solucionadores natos y eso conlleva tener algunos recursos inusuales que, fuera de la consulta, muchas veces se traducen en arte.
P. Te gusta el senderismo, ¿crees que el convertir a urgencias en una especialidad va por el camino adecuado?
R. Sin duda se lleva muchos años trabajando mucho y hay varios frentes abiertos. Desafortunadamente, tenemos el enemigo dentro: los compañeros de otras especialidades que no quieren perder la posibilidad de utilizar urgencias como una salida laboral temporal.
P. Experta en ética, ¿son éticos los cambios que introdujo el RD 16/2012?
R. Creo que no. La retirada de tarjetas sanitarias a inmigrantes sin papeles no entra en la cabeza de un médico. Por otro lado, seguimos gastando a manos llenas en cosas cuya evidencia científica es mínima, había de donde recortar pero se ha hecho sin sentido científico ni ético.
P. ¿Hay lugar para el humor en algo tan serio como es la sanidad?
R. Soy de la vieja teoría de “donde hay vida hay alegría” y creo que un toque de humor, una pincelada de ironía y una sonrisa pueden llegar muy lejos.
P. Tu libro se llama Con-ciencia médica, ¿qué relación tienen la ciencia y la conciencia en medicina?
R. En medicina, ciencia y conciencia deben ir siempre de la mano. Cada decisión, cada encuentro con un paciente, cada abordaje clínico lleva siempre una carga ética. Si no vemos eso claro, podremos tener buenos médicos pero no médicos buenos.
P. Te preguntas en tu libro cómo sería la medicina si los médicos actuaran sin conciencia y sin reglas, ¿tienes respuesta para esta pregunta?
R. Sí, es la clave del libro. Si actuáramos sin reglas, sin ética, sin humanismo, perderíamos la base de la medicina y la confianza que históricamente ha puesto la sociedad en sus galenos.
P. En la relación entre médico y paciente, además de la con-ciencia... ¿muchas otras situaciones también se arreglarían con-paciencia?
R. Sin duda, pero para la paciencia hace falta tiempo, un bien preciado del que nos han despojado a los médicos modernos. Cinco minutos para ver un paciente es una absoluta ridiculez, un peligro, un atropello social y profesional, es una locura.
P. Dicen que la risa es la mejor medicina, y he aquí a una médico que ‘prescribe’ humor, ¿no?
R. No hay nada como mirar la vida con optimismo. Veo demasiada gente excesivamente preocupada por su salud que pierden su tiempo en vivir como pacientes profesionales cuando claramente no tienen nada grave. Suelo decirles que cancelen las consultas y se vayan al cine, al teatro, a jugar a las cartas con los amigos o que bailen. Quizás no se dan cuenta de que la vida es corta y hay que vivirla, que esto no es la antesala de otra vida a la que hay que llegar con muy buena salud, esto es lo que hay, menos medicina y más risas.
P. Sanidad universal... ¿y humor también universal?
R. No, el humor no es universal, tiene un componente cultural importante. Pero creo que el humor es innato al ser humano, un rasgo de inteligencia del que carecen los animales, tenemos suerte.
P. Como médico, ¿a quién le prescribirías tu libro?
R. A los estudiantes de medicina, a los residentes y a muchos compañeros como tratamiento preventivo para evitar que caigan en una medicina sin conciencia.
P. El libro se estructura en cómics... ¿Qué es lo más cómico que te ha pasado ejerciendo?
R. Lo más surrealista fue mi primer paciente inglés de quien yo estaba convencida de que estaba ebrio y resultó que simplemente era escocés y además se había olvidado la dentadura en casa.
P. Has podido formarte con un referente del mundo del cómic como Scott McCloud, inventor del ‘cómic en 24 horas’. ¿Te atreverías a ellos o bastante tienes con guardias 24 horas?
R. Uf, dibujar Con-ciencia Médica en cinco meses ha sido suficiente reto. Poco bueno puede salir del trabajo intenso de 24 horas. Cuando llegas al final de un turno así, tu cerebro no responde, lo único que quieres es irte a dormir. La gente no es consciente del riesgo que corre cuando acude a urgencias y es atendida por un médico despeinado y ojeroso que lleva 20 horas trabajando.