Numerosos estudios han demostrado que algunos productos químicos presentes en el ambiente pueden aumentar el riesgo de padecer cáncer. Es el caso, por ejemplo, del benzopireno, que se encuentra en el tabaco pero también en los alimentos ahumados, o de los ftalatos, que pueden estar en perfumes, plásticos o esmaltes de uñas. “Pero es necesario realizar estudios que evalúen el efecto combinado de productos químicos que por sí solos no parecen causar cáncer”, defiende Laura Soucek, jefa del grupo de Modelización de Terapias Antitumorales en Ratón del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO). Como señala esta experta, “las combinaciones de algunos productos podrían aumentar el riesgo de cáncer”.
Soucek explica que hay productos químicos que afectan al sistema inmunitario, lo que podría generar el microambiente celular idóneo para que otros productos químicos, que por sí solos no parecen cancerígenos, “generen una lesión, una mutación, que podría causar cáncer”.
Revisión de 85 productos
Por este motivo, 174 científicos de 28 países han constituido la ONG Getting to Know Cancer, que tiene el objetivo de dar respuesta a las preocupaciones sobre todos los datos que vinculan las mezclas de productos químicos comúnmente encontrados en el entorno y el desarrollo de cáncer. Estos expertos ya han llevado a cabo una exhaustiva revisión de la literatura científica sobre 85 productos químicos que no habían sido considerados como cancerígenos para los seres humanos. Tras revisar su efecto frente a una larga lista de mecanismos importantes para el desarrollo del cáncer, vieron que 50 de esos productos están implicados en esos mecanismos a a dosis y niveles de exposición ambientales. Según los expertos, quizás estos productos químicos pueden actuar conjuntamente entre ellos o con otros para causar el cáncer, a pesar de que la exposición a bajas dosis e individualmente no sea cancerígena. Las conclusiones de esta revisión se publican en Carcinogenesis.
El grupo de esta Soucek se encargó de analizar los artículos científicos sobre productos como el “ozono, que se emplea como desinfectante y purificador de agua mineral; los ésteres diterpénicos, que se utilizan en la industria naval para impermeabilizar barcos o cuerdas, y el butil hidroxitolueno, un antioxidante sintético procedente de la industria petrolera, que utilizamos en la comida y los cosméticos y como aditivo de combustible”.
Asimismo, su grupo también analizó los artículos publicados sobre el asbesto, que antiguamente se empleaba en los aislamientos térmicos. “Es un producto que se respira y que se deposita en los pulmones. Puede causar cáncer tras unos cuarenta años”, señala Soucek. Y añade que “causa un efecto inflamatorio muy específico en el pulmón, un efecto crónico, que genera el ambiente perfecto para que las células tumorales puedan crecer. El tumor que resulta es el mesotelioma”.