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Pregunta. ¿Qué ha supuesto el uso de hormona de crecimiento (GH) en la práctica clínica?
Respuesta. Hasta que en 1985 se obtuvo la hormona sintética, el uso de la GH en la práctica clínica era limitado porque no había hipófisis suficientes para todos los pacientes y por el miedo a que se pudiera transmitir algo infeccioso o vírico. A partir de ese año, la GH se podía realizar en el laboratorio una hormona sintética igual que la humana. Tras 26 años de uso, no se ha descrito ninguna patología importante asociada a ella.
P. ¿Qué indicaciones tiene?
R. Su uso está aprobado en déficit de GH, retraso de crecimiento intrauterino, insuficiencia renal crónica y síndromes como el de Prader Willi y Turner. Me llama la atención aquí que de este grupo de indicaciones solo una, el déficit de GH idiopático o secundario a patología orgánica, sea el único que tiene déficit de GH, y son pocos los pacientes a los que se pone hormona. Ahora bien, los pacientes a los que hoy ponemos más GH son los niños con retraso de crecimiento intrauterino, que no tienen déficit de GH y mejoran su talla; en los síndromes de Prader Willy y Turner, que ocurre lo mismo; así como en la insuficiencia renal crónica. Por tanto, tenemos un grupo de enfermos que mejora con una dosis de GH diferente al déficit. Eso supuso que muchas patologías que antes no podían tratarse hoy sí se puedan. De ahí, que a día de hoy la GH tenga un uso extensivo, solo limitado por los problemas económicos.
De hecho, en Norteamérica hay una indicación aceptada más que en Europa no está. Desde 2003 se tratan niños con talla baja idiopática, que mejoran con el tratamiento de GH. En Europa, probablemente no esté aceptada la indicación por razones económicas, aunque también se tratan muchos niños con otros pseudodiganóticos como el déficit de actividad de la GH, la GH hipoactiva, etc.
P. ¿Cómo repercute esta terapia en la calidad de vida de los pacientes?
R. Un niño tratado con hormona de crecimiento mejora de forma espectacular no solo en su aspecto físico sino en su aspecto psíquico y, sobre todo, en su autoestima. Por tanto, la mejora en su calidad de vida es realmente muy relevante.
P. ¿Se está indicando la GH en diferentes patologías?
R. Sí. La GH se está usando en este momento en otras indicaciones. Se está aprobando para enfermedades como el Chron o en patologías donde se ha demostrado que realmente funciona, porque la GH es una hormona anabólica que mejora y se usa, eso sí con subterfugios, en el tratamiento antienvejecimiento.
P. Uno de los principales problemas que dificultan el uso de GH son las trabas y controles administrativos, ¿qué opina al respecto?
R. Cuando apareció en España la GH en grandes cantidades, la gente empezó a ponerla a discreción, sin un control médico. Eso derivó hacia la creación en España de comités que controlan el uso de la GH en el Sistema Nacional de Salud. La que se utiliza fuera del sistema público, de forma privada, tiene autocontrol. Los comités aparecen porque había un uso indiscriminado al que había que poner coto. En su momento, fue algo positivo, pero a lo largo del tiempo esos comités empezaron a ser más restrictivos, más porque se trata de una medicina cara y no es vital, salvo en determinados casos, que por otros condicionantes médicos. Por tanto, era complicado ligar la indicación puramente médica con la administrativa.
Hoy hay muchos países que no tienen comités de nada. Prueban la GH cuando está indicada y valoran sus resultados a lo largo del primer año. Si el enfermo mejora, la mantienen, sino, la quitan. En España se evolucionará a hospitales de referencia donde se controle la indicación y el tratamiento con GH, o a sitios donde se indique la GH sometidos, de vez en cuando, a inspecciones sanitarias pero sin ánimo de castigar sino de controlar y ver por qué se ha indicado ese tratamiento y cuál ha sido su evolución.