Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el Barts Cancer Institute y la UAM han descubierto que muchas de las propiedades de las células madre de cáncer (CSC) dependen de señales, como son las proteínas secretadas, que reciben de nuestras propias células inmunes.
Asimismo, se ha demostrado que los macrófagos asociados a los tumores secretan la proteína LL-37 que promueve el desarrollo de cáncer de páncreas a través de la activación de las CSC, según se ha publicado en Gut.
El papel principal de los péptidos antimicrobianos es la destrucción de los microorganismos como las bacterias. Sin embargo, en el contexto de cáncer, LL-37 también puede actuar sobre las CSC, haciéndolas mas tumorigénicas, metastáticas y quimioresistentes. Además, estas secretan factores que promueven la constante producción de LL-37 a través de los macrófagos, creando un ambiente retroalimentario que aseguran que la CSC tenga acceso constante a este péptido.
Nuevas terapias
“Llevamos años reconociendo que las células inmunes asociadas a los tumores son un factor pronóstico negativo para diferentes tipos de cáncer, pero el papel que desempeñan estas células en el desarrollo tumoral ha sido desconocido hasta el momento”, explica Bruno Sainz, investigador principal del artículo, y añade que el estudio también demuestra que los macrófagos juegan un papel esencial en el cáncer de páncreas a través de las proteínas pro-tumorales que secretan, como LL-37” .
LL-37 actúa sobre las células uniéndose a receptores de reconocimiento situadas en las membranas de las células madre de cáncer. Existen fármacos experimentales que pueden inhibir la interacción de LL-37 con sus receptores. Usando estos fármacos en líneas celulares y en modelos animales de cáncer de páncreas, se ha demostrado que inhibiendo la unión de LL-37 a sus receptores correspondientes, disminuye la capacidad proliferativa e invasiva de las CSC de páncreas.
En ratones tratados con los inhibidores, se alcanza una disminución significativa en el desarrollo de lesiones malignas en el páncreas y en la metástasis en órganos secundarios como el hígado, demostrando el potencial uso clínico de esta terapia para tratar esta patología.