En la actualidad se detectan casi el doble de emergencias sanitarias que hace una década, alerta el GPMB

El informe 'A world on the edge: Priorities for a pandemic-resilient future' advierte de que los brotes infecciosos son cada vez más frecuentes y con mayor impacto económico, social y político

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El mundo continúa sin estar preparado para afrontar una nueva pandemia pese a las reformas y las inversiones impulsadas tras la COVID-19. Así lo advierte el nuevo informe del Global Preparedness Monitoring Board (GPMB), organismo independiente copatrocinado por la World Health Organization y el World Bank Group, que concluye que el riesgo pandémico está aumentando más rápido que la capacidad global de respuesta.

El documento, titulado A world on the edge: Priorities for a pandemic-resilient future, se presentó este lunes en el marco de la 79ª Asamblea Mundial de la Salud y analiza la evolución de las principales Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) declaradas en la última década, desde el brote de ébola en África Occidental hasta la COVID-19 y la mpox.

"La evidencia es clara: la salud, los impactos económicos, sociales y políticos de las emergencias sanitarias no han disminuido y, en áreas importantes, están aumentando", señala el informe. El GPMB sostiene que las reformas implementadas desde 2020 "no han seguido el ritmo del creciente riesgo pandémico" y que el mundo "no es significativamente más seguro" que hace una década.

Entre los factores que están agravando esta situación, el organismo cita el cambio climático, los conflictos armados, la fragmentación geopolítica, la erosión de la confianza pública y el debilitamiento de la cooperación multilateral. El informe también alerta de que la reducción de la ayuda internacional y las crecientes presiones fiscales amenazan con revertir parte de los avances logrados tras la pandemia de COVID-19.

Más brotes y mayor impacto

El análisis del GPMB muestra que los brotes infecciosos son cada vez más frecuentes y con consecuencias más graves. Según el informe, en 2024 la OMS detectó casi el doble de emergencias sanitarias que en 2015. Aunque la mejora de los sistemas de vigilancia ha permitido identificar antes algunos eventos, los brotes que logran expandirse generan impactos cada vez mayores sobre los sistemas sanitarios, la economía y la estabilidad política.

La COVID-19 continúa siendo el ejemplo más extremo. El informe recuerda que la pandemia provocó más de 20 millones de muertes estimadas y desencadenó la mayor contracción económica mundial desde la Segunda Guerra Mundial. Además, señala que sus consecuencias todavía persisten sobre la deuda pública, la inflación, los sistemas educativos y la confianza institucional.

El GPMB advierte de que muchas sociedades han salido de las últimas crisis sanitarias "más pobres, más desiguales y más divididas". El informe identifica un círculo vicioso en el que las pandemias agravan las desigualdades y la fragilidad social, aumentando al mismo tiempo la vulnerabilidad frente a futuras emergencias.

Retroceso en el acceso equitativo a vacunas y tratamientos

Uno de los mensajes centrales del informe es el deterioro del acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos. El GPMB habla incluso de una "fatiga de equidad" tras la COVID-19, marcada por una menor voluntad política y financiera para garantizar que los países de bajos ingresos accedan de forma rápida a las contramedidas médicas.

El documento destaca que las vacunas frente a mpox tardaron entre 24 y 27 meses en llegar a países de bajos ingresos afectados, más tiempo incluso que las vacunas contra la COVID-19, que llegaron a esos países 17 meses después del inicio de la pandemia.

Para el organismo, esta situación refleja fallos estructurales persistentes: capacidad de fabricación concentrada en pocos países, restricciones a la exportación, acuerdos de compra anticipada y ausencia de mecanismos vinculantes que obliguen a compartir tecnologías y producción durante las crisis.

La copresidenta del GPMB y expresidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarović, afirmó en el comunicado de presentación que "el mundo no carece de soluciones", pero advirtió de que "sin confianza ni equidad, esas soluciones no llegarán a quienes más las necesitan".

La confianza, en el centro del problema

El informe insiste en que la erosión de la confianza constituye actualmente uno de los principales riesgos para la preparación pandémica. El GPMB identifica una pérdida de confianza entre gobiernos y ciudadanía, entre países y hacia las instituciones multilaterales y científicas.

Según el análisis, tanto el ébola como la COVID-19 provocaron restricciones prolongadas de libertades civiles, polarización política y deterioro de indicadores democráticos que persisten años después de las crisis. El organismo alerta de que estos efectos dificultan mantener políticas sostenidas de preparación y reducen la capacidad de movilización colectiva ante nuevas amenazas sanitarias.

El GPMB también pone el foco sobre el papel de la desinformación y de los ecosistemas digitales. Aunque reconoce el potencial de la inteligencia artificial y las herramientas digitales para mejorar la vigilancia epidemiológica y los sistemas de alerta temprana, advierte de que, sin salvaguardas adecuadas, podrían amplificar desigualdades y debilitar la seguridad sanitaria.

Tres prioridades para evitar una nueva crisis global

Ante este escenario, el organismo plantea tres grandes prioridades políticas para los próximos años. La primera es crear un mecanismo independiente y permanente de vigilancia del riesgo pandémico, vinculado a la Asamblea Mundial de la Salud y apoyado en herramientas avanzadas de inteligencia artificial y análisis de datos.

La segunda consiste en garantizar el acceso equitativo a vacunas, tratamientos y diagnósticos mediante la finalización e implementación efectiva del Acuerdo sobre Pandemias de la OMS, junto al fortalecimiento de capacidades regionales de fabricación y transferencia tecnológica.

La tercera prioridad pasa por establecer mecanismos de financiación sostenibles tanto para la preparación como para la respuesta inmediata desde el denominado "Día 0" de una emergencia sanitaria, evitando depender de decisiones políticas improvisadas durante las crisis.

La copresidenta del GPMB y exministra de Salud de Botsuana, Joy Phumaphi, subrayó que "la preparación no es solo un desafío técnico, sino una prueba de liderazgo político".

El informe concluye que 2026 será un año decisivo para la gobernanza sanitaria internacional, coincidiendo con las negociaciones finales del Acuerdo de la OMS sobre Pandemias y la reunión de alto nivel de Naciones Unidas sobre prevención, preparación y respuesta frente a pandemias. Para el GPMB, el principal desafío ya no es únicamente técnico o financiero, sino político: reconstruir la cooperación y la confianza necesarias para evitar que la próxima pandemia tenga consecuencias aún más devastadoras.


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