El Hospital Universitario Infanta Leonor-Virgen de la Torre, integrado en la red sanitaria pública de la Comunidad de Madrid, ha marcado un hito tras ser galardonado en la última edición de los Premios 'Pulso Vital' por el proyecto Atheroscope, una herramienta diseñada para identificar la presencia de aterosclerosis subclínica antes de que aparezcan los primeros síntomas.
Es un cambio de paradigma en cómo entendemos el riesgo cardiovascular, basándose en imágenes obtenidas mediante retinografía no midriática, Atheroscope permite una evaluación rápida, barata y, sobre todo, no invasiva. Para conocerla más a fondo, nos sumergimos en las entrañas de un proyecto donde la inteligencia artificial (IA) actúa como un microscopio digital capaz de ver lo que el ojo humano ignora.
El concepto fundamental de Atheroscope parte del fondo del ojo, ya que, según Juan Torres Macho, jefe de Servicio de Medicina Interna del hospital, "la retina es el único lugar del cuerpo donde podemos observar directamente la microcirculación de forma no invasiva".
Aunque durante décadas la medicina ha sabido que patologías como la diabetes o la hipertensión dejan rastro en los vasos retinianos, el verdadero "punto de inflexión fue pensar que esas alteraciones quizá contienen mucha más información de la que somos capaces de ver a simple vista", señala Torres. Es precisamente en ese vacío de información donde la Inteligencia Artificial cobra protagonismo, procesando datos que escapan a la percepción clínica convencional.
"Permite situar directamente al paciente en una categoría de riesgo cardiovascular alto o muy alto basándose en la huella real de la enfermedad vascular detectada en su retina"
Juan Torres Macho, jefe de Servicio de Medicina Interna del Infanta Sofía
La retina: una ventana directa al sistema vascular
La capacidad de Atheroscope para predecir estos eventos no reside en encontrar una lesión evidente, sino en el análisis sistémico de la red vascular. Según detalla Torres, la IA "permite examinar miles de características microscópicas de la red vascular retiniana, patrones de calibre, tortuosidad, bifurcaciones o textura vascular, que para el ojo humano son prácticamente imperceptibles".
El algoritmo ha sido entrenado con una base de datos robusta, aprendiendo a reconocer patrones asociados a la enfermedad vascular sistémica al comparar las imágenes con pacientes en los que ya se conocía la existencia o ausencia de aterosclerosis en otras arterias. El resultado es una herramienta de alta precisión. En un estudio piloto con 980 pacientes, el modelo alcanzó un AUC (área bajo la curva) mayor de 0.8, lo que en términos estadísticos "representa una buena capacidad para diferenciar entre pacientes con y sin aterosclerosis".
Los biomarcadores que identifica el sistema son variados y complejos. El algoritmo estudia "patrones geométricos y estructurales de la red vascular, como el calibre relativo de arterias y venas, la tortuosidad de los vasos, la densidad y organización de la red vascular, los ángulos de bifurcación o pequeñas alteraciones en la textura y reflectividad de la pared vascular". Estos cambios son el reflejo temprano de procesos como la inflamación vascular, la rigidez arterial o el remodelado vascular. En palabras de Torres, la IA no busca una lesión aislada, sino "un patrón vascular global que actúa como una especie de huella digital del riesgo cardiovascular".
Superando las limitaciones de los métodos tradicionales
Uno de los mayores desafíos de la cardiología moderna es que las calculadoras de riesgo actuales, como el sistema SCORE2, a menudo fallan en detectar a quienes realmente están en peligro inminente. Estas herramientas estiman probabilidades basándose en factores externos como la edad, el colesterol o el tabaquismo, pero tienen una precisión limitada.
Torres es tajante afirmando que "casi en el 50% de los pacientes que tienen un infarto de miocardio, si se les administra estas escalas en dicho momento la probabilidad de evento cardiovascular es baja o moderada". Atheroscope rompe esta barrera al proponer un enfoque complementario: detectar la enfermedad ya presente en sus fases iniciales. Esto permite situar directamente al paciente "en una categoría de riesgo cardiovascular alto o muy alto" basándose en "la huella real de la enfermedad vascular detectada en su retina".
Además de la precisión, la eficiencia temporal es un factor clave. La retinografía es una prueba accesible que se realiza en pocos minutos sin necesidad de dilatar la pupila, y "el algoritmo es capaz de entregar un análisis en cuestión de pocos segundos". El objetivo, por tanto, no es sustituir a los métodos actuales, sino "añadir una capa adicional de información basada en imagen" para avanzar hacia una medicina personalizada.
"Mediante el uso masivo de esta tecnología pueden evitarse unos 6 eventos cardiovasculares por cada 1.000 personas cribadas"
Juan Torres Macho, jefe de Servicio de Medicina Interna del Infanta Sofía
Un éxito basado en la multidisciplinariedad
Atheroscope no es el fruto de un solo departamento, sino el resultado de la colaboración de más de 20 profesionales de áreas tan diversas como Medicina Interna, Oftalmología y Prevención de Riesgos Laborales. Esta sinergia ha sido, según Juan Torres, "una de las grandes fortalezas del proyecto, ya que cada área aporta una parte esencial del conocimiento clínico y de los datos necesarios".
Desde Oftalmología, el papel ha sido crítico en la fase técnica. Mª José Crespo Carballés, jefa de Sección de Oftalmología, destaca que su servicio "ha sido fundamental en todo lo relacionado con la adquisición y la calidad de las retinografías, así como en la validación de los hallazgos desde el punto de vista de la anatomía y la patología ocular". Además, garantiza que el proyecto cumple con los más estrictos criterios éticos, "asegurando la anonimización de la información tanto clínica como de las propias imágenes" en los más de 1.000 pacientes incluidos hasta la fecha.
Por otro lado, el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales ha aportado un escenario de pruebas único. Su jefa, Mª Ángeles Sánchez Uriz, explica que su área ha sido clave porque "maneja poblaciones amplias y relativamente sanas", lo que ha permitido estudiar la herramienta en un contexto ideal para el cribado cardiovascular precoz. De hecho, la acogida entre los trabajadores del hospital ha sido buena, siendo un factor determinante para alcanzar la masa crítica de datos necesarios para el desarrollo del algoritmo.
Salvar vidas y optimizar recursos
Las expectativas sobre el impacto de Atheroscope a medio plazo son ambiciosas pero fundamentadas. Torres estima que "mediante el uso masivo de esta tecnología pueden evitarse unos 6 eventos cardiovasculares por cada 1.000 personas cribadas". Dado que los centros de salud ya cuentan mayoritariamente con retinógrafos, la inversión tecnológica adicional necesaria es mínima, lo que facilita su despliegue.
Desde la perspectiva de la gestión hospitalaria, el proyecto contribuye a una mayor eficiencia económica y operativa. En lugar de realizar costosas ecografías vasculares a miles de pacientes de forma indiscriminada, una tarea que Torres describe como "casi imposible de realizar con la metodología clásica", Atheroscope actúa como un filtro inteligente. De este modo, las pruebas más complejas "se reservan para los pacientes con mayor riesgo, evitando exploraciones innecesarias y optimizando los recursos del hospital".
Atheroscope está diseñado para una detección selectiva en Atención Primaria y en grupos de alto riesgo, como pacientes con enfermedades reumatológicas sistémicas, personas con VIH o pacientes con cáncer de mama
Este enfoque está plenamente alineado con la Estrategia en Salud Cardiovascular (ESCAV) del Ministerio de Sanidad, que promueve la detección temprana y la medicina de precisión con "herramientas como Atheroscope que pueden ayudar precisamente a encontrar esa enfermedad antes de que dé síntomas", subraya Torres.
¿Quiénes se beneficiarán y qué sigue ahora?
Aunque la tecnología es prometedora, el equipo del Infanta Leonor mantiene un rigor científico estricto. El proyecto se encuentra actualmente en una fase avanzada, pero aún debe superar hitos cruciales antes de su integración rutinaria. Mª Ángeles Sánchez Uriz señala tres pasos fundamentales: completar la validación prospectiva externa para asegurar que el algoritmo funcione en condiciones reales y en nuevas poblaciones; avanzar en la validación clínica y regulatoria para certificarlo como dispositivo médico; y lograr una integración fluida en los circuitos asistenciales para que el resultado llegue al clínico de forma automática.
En cuanto al perfil del paciente, Atheroscope está diseñado para una detección selectiva en Atención Primaria y en grupos de alto riesgo, como pacientes con enfermedades reumatológicas sistémicas, personas con VIH o pacientes con cáncer de mama. Asimismo, Sánchez Uriz contempla su uso habitual en las consultas de Medicina del Trabajo, integrándolo en los exámenes de salud periódicos de la población trabajadora.
La escalabilidad es otro de los puntos fuertes del proyecto. Según Mª José Crespo, Atheroscope "es escalable y exportable a cualquier centro del SERMAS o del sistema nacional de salud, a cualquier centro sanitario público o privado". Esta vocación de expansión consolida al Hospital Infanta Leonor como un referente nacional en innovación, un camino que ya están explorando en otras áreas como la radiómica aplicada al hígado graso o la detección de cáncer oculto.