La certificación internacional en oncología es una herramienta clave para impulsar la calidad asistencial en España. Así lo ha puesto de relieve Walter Birch, responsable de certificación de prácticas de la American Society of Clinical Oncology (ASCO), durante su intervención en el XIV Foro ECO. Birch defendió que la estrategia de ASCO se apoya en tres pilares —investigación, educación y calidad— con el objetivo de “conquistar el cáncer a través de la promoción de la atención de mayor calidad”.
El modelo que promueve ASCO se basa en un proceso estructurado de medición, mejora y certificación. A través de registros clínicos con más de 50 indicadores basados en la evidencia, las instituciones pueden evaluar su práctica real, compararse con otros centros y detectar áreas de mejora.
En este contexto, destacó especialmente el trabajo desarrollado en España junto a la Fundación ECO. A su juicio, la colaboración está permitiendo adaptar los estándares internacionales al entorno nacional: "Lo que están haciendo en España, particularmente con la Fundación ECO, es tomar toda la calidad que pueden identificar y hacerla práctica para los centros españoles", aseguró Birch en declaraciones a Gaceta Médica. Además, insistió en que el objetivo no es exportar un modelo rígido, sino "llevar la calidad y hacerla culturalmente apropiada para ajustarse a las necesidades de cada país".
Uno de los ejes centrales es el programa de certificación QOPI —Quality Oncology Practice Initiative—, un reconocimiento con validez de tres años dirigido a consultas ambulatorias de hematología y oncología. Para obtenerlo, los centros deben superar una evaluación específica de 25 indicadores de calidad y demostrar el cumplimiento de 22 estándares de seguridad en la administración de terapias antineoplásicas, desarrollados en colaboración con la Oncology Nursing Society. El proceso incluye revisión documental y auditorías presenciales, y exige recertificación trienal, reforzando así el compromiso con la mejora continua.
Asimismo, Birch defendió la importancia de mantener e impulsar esta certificación en los centros españoles. "Es muy importante porque inculca una cultura de calidad", afirmó. Según explicó, el impacto va más allá de los indicadores: "No es solo el programa; cuando el personal trabaja en calidad, empieza a intentar hacer calidad en todo lo que hace, y los pacientes notan la diferencia". Para el experto, uno de los aspectos más gratificantes es precisamente comprobar que "los pacientes perciben que la calidad está mejorando y que el equipo se esfuerza y continúa mejorando".
La implantación en España refleja esta tendencia. Actualmente, 19 centros españoles cuentan con la certificación y otros seis se encuentran en proceso. "No es solo para grandes centros académicos; la práctica más pequeña certificada tiene cuatro oncólogos", recordó Birch, quien reiteró que el objetivo final es claro: trasladar la calidad, de forma práctica y medible, a la experiencia real del paciente oncológico.