La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha un nuevo procedimiento de actuación conjunta para la asistencia integral al paciente con sospecha de tromboembolismo pulmonar (TEP), una patología grave y potencialmente mortal cuya incidencia aumenta de forma progresiva. El denominado Código 19 o "Código TEP" busca estandarizar la atención y agilizar la coordinación entre los servicios de urgencias extrahospitalarios y hospitalarios ante casos de sospecha de TEP.
El objetivo principal del protocolo es regular la coordinación operativa entre los equipos de emergencia y los hospitales de referencia, garantizando que los pacientes con signos y síntomas compatibles con TEP sean derivados de forma rápida y con criterios homogéneos. La Fundación Jiménez Díaz actúa como centro receptor principal, salvo en los casos en que el estado clínico del paciente requiera un traslado urgente a otro hospital.
El tromboembolismo pulmonar, resultado de la obstrucción de una arteria pulmonar por un coágulo sanguíneo, constituye una urgencia médica de alta complejidad. Su presentación clínica es variable, pero los síntomas más comunes incluyen disnea brusca, dolor torácico y síncope, acompañados de signos como desaturación de oxígeno, taquicardia o alteraciones electrocardiográficas típicas. La ecografía a pie de cama (ecoscopia) puede aportar signos de sobrecarga o disfunción del ventrículo derecho, lo que refuerza la sospecha diagnóstica.
Según explica a Gaceta Médica David Jiménez, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Ramón y Cajal y responsable del Grupo de Enfermedades Respiratorias del IRYCIS, "la incidencia aproximada del tromboembolismo pulmonar en España es de 1 por cada 1.000 habitantes al año". Además, recuerda que "se trata de una de las principales causas de muerte cardiovascular, solo por detrás del infarto agudo de miocardio y del ictus".
Un proceso asistencial integral
Aunque el "Código TEP" se presenta como una herramienta de respuesta rápida ante casos graves, forma parte de un proyecto más amplio impulsado por la Consejería de Sanidad madrileña: el proceso asistencial integral para el manejo del tromboembolismo pulmonar. Este documento establece un marco común que abarca desde la sospecha inicial de la enfermedad hasta el seguimiento ambulatorio de los pacientes.
"El código TEP no es más que una parte pequeñita de ese proceso asistencial", puntualiza Jiménez. "La atención al paciente con embolia pulmonar es mucho más que solo la atención al paciente grave y en la fase aguda. Lo que pretende este proyecto es definir un manejo multidisciplinar, desde la sospecha inicial hasta el fin del seguimiento clínico".
"La atención al paciente con embolia pulmonar es mucho más que solo la atención al paciente grave y en la fase aguda. Lo que pretende este proyecto es definir un manejo multidisciplinar, desde la sospecha inicial hasta el fin del seguimiento clínico"
El protocolo divide a los pacientes en dos perfiles principales: Código 19.1, para casos con alta probabilidad de TEP, y Código 19.2, para casos de probabilidad baja o moderada. En los primeros se establecen pautas terapéuticas específicas según el estado hemodinámico del paciente, incluyendo la administración de heparina de bajo peso molecular o tenecteplasa, así como la activación inmediata de radiología intervencionista o cirugía cardíaca en los casos más graves.
Coordinación y comunicación interhospitalaria
Una de las innovaciones del procedimiento radica en la comunicación estructurada entre SAMUR-Protección Civil y la Fundación Jiménez Díaz, que permite alertar a los equipos hospitalarios incluso antes de la llegada del paciente. El protocolo detalla qué información debe transmitirse —edad, signos clínicos, resultados de ecografía, puntuación de la escala de Wells, estado hemodinámico, entre otros— y cómo se gestionan los preavisos y confirmaciones de traslado.
Además, los jefes de guardia de SAMUR realizarán un seguimiento evolutivo de los pacientes ingresados, recabando información a las 6 horas, 24 horas y 7 días tras el ingreso. La Fundación Jiménez Díaz, por su parte, facilitará los canales necesarios para mantener esa comunicación clínica.
Para Jiménez, el valor añadido de este tipo de protocolos no se limita a la rapidez de actuación: "Este proceso permite estandarizar y homogeneizar el manejo del tromboembolismo pulmonar en toda la Comunidad de Madrid, de manera que cualquier paciente, esté donde esté, tenga acceso a las mismas posibilidades diagnósticas y terapéuticas", señala.
"Este proceso permite estandarizar y homogeneizar el manejo del tromboembolismo pulmonar en toda la Comunidad de Madrid, de manera que cualquier paciente, esté donde esté, tenga acceso a las mismas posibilidades diagnósticas y terapéuticas"
El especialista subraya también el componente colaborativo del modelo: "Este proceso ha servido para favorecer la comunicación y la interacción entre distintas especialidades que manejan habitualmente a los pacientes con embolia de pulmón. No solo los neumólogos, sino también internistas, cardiólogos, intensivistas, hematólogos, cirujanos vasculares u oncólogos. Incluso los médicos de atención primaria y las urgencias extrahospitalarias están implicados".
Esta visión integradora ha permitido, según el experto, detectar fallos organizativos o asistenciales que antes pasaban inadvertidos. "Con este proceso asistencial, algunos hospitales se han dado cuenta de que existían retrasos mayores de lo deseable en la realización de pruebas de imagen, o dudas sobre qué servicio debía asumir el ingreso de estos pacientes. Identificar y corregir esos puntos débiles ya es, en sí mismo, un beneficio clínico importante", añade.
Seguimiento y evaluación del impacto
El plan asistencial madrileño también estandariza el seguimiento clínico de los pacientes una vez superada la fase aguda. "Recomendamos siempre una revisión al mes del alta hospitalaria, otra a los tres meses —cuando se decide la duración del tratamiento anticoagulante— y, posteriormente, controles anuales", explica Jiménez. Esta sistematización permite valorar la recuperación funcional, prevenir recurrencias y optimizar la anticoagulación a largo plazo.
Aunque todavía no existen datos cuantitativos sobre su impacto, Jiménez considera que el proceso ya está aportando mejoras visibles en la práctica diaria. "Aún no podemos afirmar con certeza que aumente la supervivencia o reduzca complicaciones, pero sí que está ayudando a detectar y corregir problemas organizativos y a unificar criterios de actuación", apunta. "Con un año de funcionamiento deberíamos tener suficiente información para evaluar su impacto real sobre la salud de los pacientes".
España, referente internacional en tromboembolia pulmonar
Más allá del ámbito regional, el especialista destaca la posición avanzada de España en el manejo del TEP a nivel internacional. "En nuestro país hay un grupo investigador potente y reconocido mundialmente. Los investigadores españoles mantenemos el registro de vida real con más pacientes del mundo en el ámbito de la enfermedad tromboembólica venosa", afirma.
Para el futuro, Jiménez considera prioritario "implantar de manera estable estos procesos asistenciales en todas las comunidades autónomas, de forma que la atención al TEP sea homogénea en todo el territorio nacional".
En definitiva, la implantación del Código 19 supone un paso decisivo hacia una atención más rápida, coordinada y equitativa frente a una patología con alta mortalidad. Como concluye el neumólogo madrileño, "la clave está en convertir estos protocolos en práctica clínica real, sostenida y compartida por todos los profesionales implicados".