La combinación de varios biomarcadores en sangre mejora el diagnóstico de la tuberculosis pediátrica

El estudio, publicado en Journal of Microbiology, Immunology and Infection, presenta una estrategia más precisa y accesible para detectar esta enfermedad.

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La tuberculosis infantil sigue siendo un grave problema de salud global, a pesar de ser una enfermedad prevenible y tratable. La mayor barrera para su control radica en el limitado acceso a pruebas diagnósticas en las zonas donde su prevalencia es más alta.

En este sentido, investigadores de la Sección de Enfermedades Infecciosas del Servicio de Pediatría del Hospital Gregorio Marañón, y miembros del área de Enfermedades Infecciosas del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), han publicado en la revista Journal of Microbiology, Immunology and Infection nuevos avances en el diagnóstico de la tuberculosis pediátrica a través de biomarcadores plasmáticos. Los resultados, liderados por la doctora Marisa Navarro, ofrecen una estrategia de detección de la enfermedad más precisa y accesible, representando un importante progreso en el diagnóstico de esta infección en niños.

La población infantil es especialmente vulnerable, y el diagnóstico de tuberculosis en los niños presenta retos aún mayores, especialmente en los más pequeños. Esto se debe a su dificultad para producir muestras de esputo, la más sensible para este diagnóstico. Los test diagnósticos en menores tienen una baja sensibilidad, lo que, sumado a la falta de confirmación microbiológica y a síntomas clínicos fácilmente confundibles con otras infecciones respiratorias, conduce a un infradiagnóstico. Esta situación permite la progresión de la infección a enfermedad activa, con riesgo de desarrollar formas graves y extrapulmonares.

Combinación de biomarcadores

El estudio reveló que la combinación de varios biomarcadores en sangre logró cumplir con los niveles exigidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para una prueba de triaje. En particular, la combinación de IFN-γ y MCP-1 alcanzó una sensibilidad del 87,9% y una especificidad del 66,6%, lo cual representa un avance prometedor para el diagnóstico de la tuberculosis en población pediátrica.

Asimismo, los investigadores analizaron distintos biomarcadores para distinguir entre tuberculosis activa e infección latente, pero no encontraron diferencias significativas. Este hallazgo destaca la complejidad del diagnóstico diferencial entre ambos estadios de la tuberculosis, que continúa siendo un desafío en la práctica clínica.

Perspectivas futuras para el diagnóstico

Si bien estos hallazgos requieren validación adicional en otros grupos y con una muestra de pacientes más amplia, ofrecen una perspectiva prometedora para mejorar el diagnóstico de la tuberculosis en niños. El uso de biomarcadores plasmáticos podría convertirse en una alternativa menos invasiva y más precisa a las técnicas diagnósticas actuales, especialmente útil en entornos con recursos limitados.

"Este estudio es un paso importante hacia un diagnóstico más preciso y accesible de la tuberculosis pediátrica, un problema que sigue afectando de manera desproporcionada a los niños en todo el mundo", manifiesta Navarro. "Aunque aún queda trabajo por hacer, nuestros resultados ofrecen una base sólida para el desarrollo de nuevas estrategias diagnósticas que puedan mejorar los resultados clínicos en esta población vulnerable".


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