Seis años tras la declaración de la pandemia de COVID-19: lecciones y deberes que siguen en el ‘limbo legislativo’

Seis años tras el COVID-19, el SNS sigue sin un Plan de Preparación definitivo ni el reconocimiento MIR para sus infectólogos, un "vacío de gobernanza" que la SEIMC tacha de inconcebible para afrontar nuevas amenazas

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Seis años han pasado desde que el mundo se enfrentó a la COVID-19. Lo que comenzó como una alerta lejana en diciembre de 2019 se transformó en la crisis sanitaria más profunda del último siglo, poniendo a prueba las costuras del Sistema Nacional de Salud (SNS). Hoy, con la distancia que otorga el tiempo pero con la urgencia que imponen las nuevas amenazas biológicas, España se encuentra en una encrucijada paradójica. Hemos acumulado un conocimiento científico sin precedentes, pero las reformas estructurales necesarias para blindar el país ante la próxima amenaza siguen atrapadas en la red de la burocracia y la falta de impulso político.

Desde la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), el mensaje es nítido: "no podemos permitirnos el lujo del olvido". Para María Velasco, portavoz de la sociedad, con la que analizaremos lo aprendido pero también los deberes de estos seis años, "la pandemia dejó muchas lecciones. Probablemente la más importante es que las crisis sanitarias globales no son un evento excepcional, sino algo que puede repetirse". Sin embargo, la transición de la lección aprendida a la acción ejecutada está resultando más lenta de lo que la seguridad nacional requiere.

El "limbo legislativo": un riesgo para la operatividad

Uno de los puntos más críticos que enfrenta la sanidad española es la parálisis normativa. El Real Decreto del Plan de Preparación y Respuesta frente a Emergencias Sanitarias continúa pendiente de aprobación, un retraso que genera un vacío de gobernanza preocupante. Para Velasco, esta ausencia de un marco legal consolidado no es un detalle menor, sino "un obstáculo directo para la eficacia del sistema. Sin un marco normativo claro, la preparación frente a emergencias depende demasiado de estructuras provisionales. Esto genera incertidumbre sobre responsabilidades, financiación y coordinación".

La historia reciente nos ha enseñado que, en mitad de una crisis, la improvisación es el enemigo. La portavoz de la SEIMC insiste en que "contar con reglas del juego previamente acordadas es la única forma de garantizar que, cuando el virus golpee, la respuesta sea inmediata y no dependa de la voluntad política del momento. Contar con reglas claras y previamente acordadas es fundamental para actuar con rapidez".

Este estancamiento no solo se limita a los planes de respuesta. La creación de la Agencia Estatal de Salud Pública, que debería ser el corazón técnico de la vigilancia en España, ha vivido un proceso parlamentario tortuoso. Aunque finalmente se logró sacar adelante, el organismo sigue "rodeado de lagunas", incluyendo la indefinición de su sede, cuya decisión se ha postergado hasta agosto. Para los expertos de la SEIMC, el tiempo se agota. Velasco advierte que "el riesgo no está tanto en los aspectos administrativos como en retrasar su puesta en marcha. Una agencia fuerte y bien definida ayudaría a centralizar la vigilancia, el análisis de riesgos y la respuesta rápida ante crisis sanitarias".

La advertencia de Europa: falta de concreción y recursos

El Tribunal de Cuentas de la Unión Europea ha emitido un dictamen reciente que sirve como un jarro de agua fría sobre las expectativas comunitarias. Los auditores europeos han advertido a los Estados miembros sobre la necesidad de reforzar planes, recursos y coordinación para no descuidar la preparación ante futuras crisis sanitarias.

El informe del Tribunal de Cuentas destaca que los objetivos actuales "no son lo suficientemente concretos ni cuentan con un marco temporal definido". Existe, además, una profunda preocupación por el riesgo de doble financiación y solapamientos entre programas, lo que podría derivar en un uso ineficiente de los 10.700 millones de euros previstos para el periodo 2028-2034. Según los auditores, la falta de claridad en las propuestas actuales "dificulta evaluar el rendimiento de las actividades de emergencias sanitarias de manera completa y precisa".

La coordinación institucional sigue siendo el talón de Aquiles; los auditores recalcan que la falta de detalle en cómo trabajarán juntos órganos como la HERA, el ECDC y la protección civil "puede complicar la toma de decisiones rápida en situaciones de crisis".

La paradoja de la especialidad: un MIR que no llega

Si algo quedó claro durante los meses más duros de la pandemia es que el factor humano es irreemplazable. Sin embargo, seis años después, España sigue siendo uno de los pocos países de la UE que no reconoce la especialidad de Enfermedades Infecciosas vía MIR. Para la SEIMC, este "es un deber pendiente que raya en lo incomprensible".

Velasco subraya que "las enfermedades infecciosas son una pieza clave en la preparación frente a pandemias. El infectólogo aporta experiencia clínica directa con pacientes y coordinación con microbiología y con medicina preventiva". Sin un relevo generacional garantizado a través de un sistema de formación reglado, el SNS corre el riesgo de perder el conocimiento crítico acumulado por los expertos que hoy están al borde de la jubilación.

Investigación y reserva estratégica: ¿estamos mejor que en 2020?

En el ámbito técnico, las noticias son algo más alentadoras, aunque persisten cuellos de botella. "La capacidad diagnóstica de los laboratorios de microbiología ha dado un salto cualitativo. Los laboratorios de microbiología tienen más capacidad diagnóstica y existe mayor experiencia en manejo de patógenos emergentes", afirma Velasco que apunta a que el reto ahora es evitar que los recortes presupuestarios desmantelen las guardias de microbiología 24/7 que se consolidaron durante la pandemia, algo que, desde la SEIMC, consideran vital para detectar amenazas como la Candida auris o brotes de dengue antes de que se extiendan.

No obstante, la investigación clínica sigue siendo el gran lastre. "Mientras países como Estados Unidos son capaces de aprobar protocolos de ensayos clínicos en diez días durante una emergencia, en España la burocracia de los comités éticos y los procesos de contratación retrasan los resultados meses o incluso años".

Finalmente, la soberanía sanitaria sigue siendo una asignatura a medio terminar. Se han dado pasos para crear una reserva estratégica nacional "que evite la penosa imagen de mandar aviones a China por mascarillas". El objetivo es contar con un stock estable de medios diagnósticos, vacunas y antivirales para patógenos de alta intensidad. Velasco reconoce los avances, pero mantiene la cautela, ya que "todavía queda trabajo para consolidar un sistema estable que garantice disponibilidad rápida ante nuevas emergencias".

Inteligencia Artificial: una aliada para la vigilancia

La Inteligencia Artificial (IA) se perfila como el gran multiplicador de fuerzas en un sistema donde los recursos humanos son críticos. Mientras que organismos como la UKHSA del Reino Unido cuentan con un millar de especialistas, el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CAES) en España opera con apenas media docena de personas, lo que hace de la tecnología una herramienta de supervivencia técnica. Según explican desde la SEIMC, "la IA permite hoy discriminar entre falsas alarmas y amenazas reales, sintetizando en apenas diez segundos un volumen de información de redes sociales y bases de datos globales que a un investigador humano le tomaría un año procesar". Iniciativas como H-Radar, en la que participa la sociedad científica, ya utilizan estos algoritmos para detectar patrones y "puntos calientes" de síntomas, como agrupaciones de casos de fiebre o anemia en regiones remotas, antes incluso de que se emita un aviso oficial.

Este despliegue tecnológico no busca sustituir al clínico, sino "dotar de ojos inteligentes a la nueva Agencia Estatal de Salud Pública". La integración de la IA en la vigilancia epidemiológica permitiría enlazar mensajes automáticos y detectar patrones de transmisión en tiempo real, conectando la microbiología de vanguardia con la toma de decisiones política. No obstante, para que esta revolución digital sea efectiva, los expertos advierten que "debe ir acompañada de una agilización en la investigación clínica; de nada sirve detectar un patógeno en segundos si la burocracia de los comités éticos tarda meses en permitir el inicio de un ensayo clínico". El reto para los próximos años es que estas nuevas tecnologías no se queden en proyectos aislados, sino que formen parte de una red de vigilancia multidisciplinar que integre a infectólogos y microbiólogos en el corazón de la inteligencia sanitaria del país.

De la reacción a la política estructural

La preparación ante pandemias no puede ser un ejercicio reactivo que solo se activa cuando el miedo ocupa los titulares. Como señalan desde la SEIMC, "la seguridad sanitaria debe ganar relevancia en la agenda política y convertirse en una política estructural".

Las lecciones aprendidas tras estos seis años parten de comprender que las pandemias "no son eventos excepcionales", sino un fenómeno que puede repetirse, y que para su vigilancia son necesarios organismos como la Agencias Estatal de Salud Pública o especialidades como la de Infecciosas. Otro aspecto clave es la comunicación científica como herramienta de seguridad, haciendo frente a la desinformación mediante portavoces científicos. Un aspecto indispensables para la SEIMC es la necesidad crítica de disponer de diagnósticos microbiológicos 24 horas para detectar patógenos emergentes, evitando que se propague la enfermedad.

Además, se ha aprendido que protocolos diseñados para amenazas improbables, como el bioterrorismo o riesgos NRBQ, son extremadamente útiles para gestionar brotes reales y actuales, como ocurrió con el uso de protocolos de viruela clásica para responder rápidamente al brote de mpox en 2022. Pero estos protocolos no son efectivos sin soberanía sanitaria a través de una reserva estratégica, recordando una última lección de la pandemia del SARS-CoV-2, y es que es imprescindible contar con almacenes nacionales de material, vacunas, antivirales y medios diagnósticos para garantizar una respuesta autónoma.

El ciclo de preparación es constante: respuesta, recuperación, lecciones aprendidas y acciones correctoras. Hoy, España "se encuentra en esa fase de acciones correctoras que no terminan de materializarse". Con amenazas latentes como la gripe aviar, el virus del Nilo occidental o la resistencia a los antimicrobianos, el tiempo de los diagnósticos políticos ya ha pasado; ahora toca a los legisladores dotarlo de la estructura necesaria ante las crecientes nuevas amenazas.


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