La XI Jornada sobre Vigilancia en Salud Pública de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), celebrada este miércoles en el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), ha puesto el foco en la necesidad de aprender de la devastadora DANA que afectó a la Comunidad Valenciana el pasado 29 de octubre de 2024. La jornada ha servido para analizar las respuestas desde la salud pública, compartir experiencias de los profesionales implicados y proponer mejoras en los sistemas de vigilancia, la coordinación interinstitucional y la comunicación en situaciones de emergencia.
El nuevo coordinador del grupo de vigilancia de la SEE, Alonso Sánchez, abrió el acto agradeciendo el trabajo del equipo y destacando que, aunque cada año resulta más complejo organizar este tipo de encuentros, "esta jornada tiene un valor especial por lo ocurrido durante la DANA en Valencia y el excelente trabajo de los profesionales que estuvieron sobre el terreno".
Durante el acto inaugural, María João Forjaz, presidenta de la SEE e investigadora del ISCIII, subrayó que la jornada busca visibilizar el impacto real de emergencias como la DANA. "Aunque han pasado siete meses, el impacto sigue presente: negocios cerrados, ascensores aún sin funcionar o vehículos sin retirar. No debemos olvidar estas consecuencias, y debemos aprender para estar mejor preparados ante futuras emergencias", afirmó.
También recordó la rápida respuesta de la SEE tras la catástrofe: en menos de una semana se publicó un artículo en The Conversation —difundido también por National Geographic —, y se desarrollaron nueve píldoras informativas compartidas en redes sociales. Esta labor culminó con la elaboración de la Guía para hacer frente desde la epidemiología y la salud pública a catástrofes como la DANA: claves para responder en casos de emergencia por fenómenos meteorológicos, que recoge recomendaciones prácticas y responde a bulos desde distintas áreas, como salud ambiental, laboral, salud mental o perspectiva de género.
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, participó en representación del Ministerio de Sanidad y destacó que "las catástrofes serán cada vez más frecuentes y potencialmente más graves, no tanto por los fenómenos en sí, sino por la vulnerabilidad de nuestras sociedades y su relación con el medio ambiente". Simón recalcó que ante este tipo de emergencias, "la salud pública no siempre es el actor principal, pero debe estar preparada para asumir un papel relevante cuando sea necesario".
Asimismo, recordó que el nuevo tratado internacional sobre pandemias aprobado esta misma semana en la Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra, y subrayó que este tipo de acuerdos marcarán la hoja de ruta futura para afrontar emergencias. "Para estar preparados ante situaciones excepcionales, necesitamos sistemas de vigilancia rutinarios sólidos y eficaces. Sin eso, no podremos responder adecuadamente", destacó.
Por parte del Instituto de Salud Carlos III, intervino también José Luis Peñalvo, director del Centro Nacional de Epidemiología, quien excusó la ausencia de la directora Marina Pollán. Peñalvo insistió en que la DANA "puso a prueba la capacidad técnica, científica y de coordinación del sistema de salud pública", y agradeció el trabajo conjunto del ISCIII —a través de sus centros nacionales de Epidemiología, Microbiología y Sanidad Ambiental— con el Ministerio de Sanidad, el CAES y los profesionales de la Comunidad Valenciana.
La jornada dio voz a los grupos de trabajo implicados en la elaboración de la guía DANA y abordó temas como la vigilancia de enfermedades transmisibles, los marcos de salud global, los riesgos laborales, el impacto en salud mental o la desinformación. Entre los ponentes, destacaron Francesc Botella, con un proyecto sobre vigilancia de salud mental post-DANA, Ana Bonet, Pepa Sierra y el periodista Marc Amorós, con una ponencia sobre comunicación y bulos durante las emergencias.
Los organizadores destacaron la necesidad de reforzar la coordinación entre instituciones, mejorar los sistemas de vigilancia y avanzar en estrategias de comunicación que permitan responder con eficacia y rigor ante emergencias cada vez más frecuentes, como consecuencia del cambio climático y el crecimiento de las desigualdades sociales.
