Los datos en vida real confirman la menor reactogenicidad de las vacunas recombinantes de COVID-19 frente a las de ARNm

Un estudio español presentado en ESCMID 2026 expone que las vacunas de proteína tienen un 50% menos de reactogenicidad que las de ARNm. Gaceta Médica entrevista a Jaime Jesús Pérez (AEV), uno de los autores de la investigación

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Las vacunas recombinantes proteicas frente a la COVID-19 podrían presentar una menor reactogenicidad que las vacunas de ARNm en condiciones reales de uso. Así lo sugiere un estudio español presentado en el Congreso Europeo de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas ESCMID 2026, basado en un sistema de vigilancia activa desarrollado durante la campaña de vacunación 2025-2026.

El trabajo, liderado por la Consejería de Salud de la Región de Murcia, analizó las respuestas de 578 personas vacunadas frente a la COVID-19 tras recibir un cuestionario por SMS siete días después de la inmunización. De ellas, 297 habían recibido vacunas de ARNm y 281 vacunas recombinantes proteicas correspondientes a la vacuna frente a la COVID-19 de HIPRA.

Los resultados muestran que el 27,3% de las personas vacunadas con preparados de ARNm notificó algún efecto adverso, frente al 14,6% de quienes recibieron vacunas recombinantes. Esto supone prácticamente una diferencia del 50%. También fueron menos frecuentes tanto los efectos locales como los sistémicos en este último grupo.

Jaime Jesús Pérez.

Uno de los autores del estudio y presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), Jaime Jesús Pérez, explica en una entrevista con Gaceta Médica que el trabajo nace de la necesidad de entender mejor cómo influye la tolerabilidad de las vacunas en un momento epidemiológico distinto al de los primeros años de pandemia. "Los resultados que obtuvimos es la diferente reactogenicidad de la una y de la otra", señala. Además, añade que el estudio también analiza "lo que nos han contestado las personas respecto a su intención de vacunarse la temporada siguiente".

El experto insiste en diferenciar claramente entre reactogenicidad y seguridad. "No hablamos de seguridad, porque las vacunas son seguras y no tienen efectos adversos graves", puntualiza. Sin embargo, recuerda que sí pueden producir "efectos adversos que pueden ser considerados leves o moderados", como "fiebre, cansancio", síntomas que "repercuten en tu vida diaria cuando te administras la vacuna".

Predisposición a vacunarse

Según Pérez, durante los momentos más duros de la pandemia esos efectos secundarios tenían una importancia relativa menor. "Cuando tú estabas en una situación en la que la enfermedad podía llevarte al hospital o más allá, evidentemente eso no tiene relevancia", afirma. Sin embargo, considera que el contexto ha cambiado cinco años después del inicio de la vacunación masiva: "En una situación ya pasados cinco años desde la primera vacunación, en la que la carga de enfermedad ya no es como era entonces, pues lógicamente tiene importancia".

El estudio también apunta a una posible relación entre la reactogenicidad y la predisposición a vacunarse en campañas posteriores. Según explica el investigador, entre quienes experimentaron menor reactogenicidad "solamente el 2% dice que la temporada siguiente no se vacunará", mientras que entre quienes tuvieron una mayor reacción "casi un 7,7% dice que no se va a vacunar en la temporada siguiente".
"Sí hay un componente, o puede haber un componente, que influya respecto a la vacunación anual", sostiene Pérez, especialmente en un contexto en el que determinadas poblaciones vulnerables requieren dosis periódicas de refuerzo.

Precisamente, el investigador considera que estos datos podrían resultar especialmente relevantes en grupos concretos de población, como personas mayores o pacientes crónicos. No obstante, matiza que la reactogenicidad no puede analizarse de forma aislada y que también deben considerarse "datos de protección y datos de efectividad", aspectos que este estudio no evalúa.

En este sentido, el presidente de la AEV considera que los resultados deben interpretarse como parte de una evidencia científica todavía en construcción. "Habrá que tener más trabajos y más publicaciones al respecto en vida real", apunta. Aunque ya existían indicios procedentes de ensayos clínicos, señala que "datos en vida real tampoco hay tantos".

El póster presentado en ESCMID aporta precisamente esa perspectiva de práctica clínica real. "Esto corresponde a los datos que ya se tenían en buena parte derivados de ensayos clínicos", explica Pérez. "Lo que pasa es que al hacer un estudio en la aplicación en vida real cambia, porque ya es una campaña real de vacunación y no un ensayo clínico donde todo está más controlado".

Los autores subrayan en el póster que la mayoría de los efectos adversos detectados fueron leves y autolimitados, y que las consultas sanitarias fueron poco frecuentes y similares en ambos grupos vacunales.

Vacunas recombinantes

En este sentido, el estudio detectó que las vacunas recombinantes se asociaron con menor interferencia en la vida diaria y menor necesidad de tratamiento sintomático.

Sobre el futuro de las distintas plataformas vacunales, Pérez cree que tanto las vacunas de ARNm como las recombinantes seguirán teniendo un papel relevante, posiblemente "definiendo perfiles de pacientes en que puedan ser más o menos reactogénicas". A su juicio, el futuro pasará por adaptar mejor las estrategias de vacunación a las características de cada persona. "Todas deberían estar en la posibilidad de vacunación y todas van a tener mucho que aportar", resume.


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