La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado el 'Informe mundial sobre los determinantes sociales de la equidad en salud', un análisis que pone de relieve las persistentes desigualdades en salud vinculadas a factores sociales y estructurales.
El documento señala que aún existen diferencias significativas en la expectativa de vida saludable entre distintos grupos de población, determinadas por factores como el lugar de residencia, el nivel educativo, la pertenencia étnica, los ingresos, el género o la existencia de alguna discapacidad. Estas desigualdades, según el informe, están influenciadas por los denominados determinantes sociales de la equidad en salud: las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, así como su acceso al poder, el dinero y los recursos.
Este trabajo se ha elaborado en respuesta a la resolución WHA74.16, que evalúa el limitado avance global en la implementación de las recomendaciones establecidas por la Comisión de Determinantes Sociales de la Salud. Además, orienta el debate hacia las causas estructurales de las inequidades en salud y presenta soluciones políticas con eficacia comprobada.
Entre sus contenidos, el informe ofrece 14 recomendaciones específicas organizadas en cuatro grandes áreas de acción. También incluye ejemplos de diferentes países que muestran cómo se han aplicado estas estrategias en diversos contextos.
El objetivo principal de este documento es servir de guía para la elaboración de políticas en los niveles global, nacional y local, promoviendo una acción coordinada e inversiones dirigidas a reducir las desigualdades en salud. Su elaboración contó con la participación de grupos asesores científicos y políticos, revisiones de evidencia, contribuciones de los tres niveles de la OMS y consultas con los Estados Miembros a través del Consejo Ejecutivo y la Asamblea Mundial de la Salud.
"Nuestro mundo es desigual. El lugar donde nacemos, crecemos, vivimos, trabajamos y envejecemos influye significativamente en nuestra salud y bienestar", afirmó Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. "Pero es posible cambiar para mejor. Este informe mundial ilustra la importancia de abordar los determinantes sociales interrelacionados y ofrece estrategias basadas en la evidencia y recomendaciones de políticas para ayudar a los países a mejorar los resultados de salud para todos".
Desigualdades en salud
El informe destaca que las desigualdades en salud están profundamente vinculadas a los niveles de desventaja social y discriminación. Señala que la salud sigue un patrón de gradiente social: las personas que viven en zonas más desfavorecidas, con menores ingresos y menos años de educación, tienden a tener peor salud y una esperanza de vida saludable más corta.
Por ejemplo, las personas del país con la esperanza de vida más baja vivirán, en promedio, 33 años menos que las nacidas en el país con la esperanza de vida más alta. Los determinantes sociales de la equidad en salud pueden influir en los resultados de salud de las personas más que las influencias genéticas o el acceso a la atención médica.
Las personas del país con la esperanza de vida más baja vivirán, en promedio, 33 años menos que las nacidas en el país con la esperanza de vida más alta
Estas disparidades se acentúan entre los grupos que enfrentan discriminación y marginación. Un ejemplo claro es la menor esperanza de vida de los pueblos indígenas en comparación con la población no indígena, una realidad que se observa tanto en países de ingresos altos como bajos.
Este informe es el primero de este tipo desde 2008, cuando la Comisión de la OMS sobre Determinantes Sociales de la Salud estableció una serie de metas para el año 2040, centradas en reducir las diferencias entre y dentro de los países en indicadores clave como la esperanza de vida y la mortalidad infantil y materna. Sin embargo, el nuevo informe advierte que es poco probable que estos objetivos se cumplan.
A pesar de la limitada disponibilidad de datos, la evidencia muestra un aumento de las desigualdades en salud dentro de los países. Según datos de la OMS, los niños nacidos en países de bajos ingresos tienen 13 veces más probabilidades de morir antes de cumplir cinco años que los nacidos en países de ingresos altos. Los modelos indican que cerrar la brecha entre los sectores más pobres y más ricos en los países de ingresos bajos y medios podría evitar la muerte de hasta 1,8 millones de niños al año.
Los niños nacidos en países de bajos ingresos tienen 13 veces más probabilidades de morir antes de cumplir cinco años que los nacidos en países de ingresos altos
El informe también destaca que, aunque la mortalidad materna mundial se redujo en un 40% entre 2000 y 2023, el 94% de estas muertes aún se concentran en países de ingresos bajos y medianos bajos. Las mujeres de grupos sociales desfavorecidos siguen enfrentando un mayor riesgo de morir por causas relacionadas con el embarazo. Incluso en países de altos ingresos, persisten desigualdades raciales y étnicas en la mortalidad materna. Por ejemplo, en algunas regiones, las mujeres indígenas presentan hasta tres veces más riesgo de morir durante el parto.
La mortalidad materna mundial se redujo en un 40% entre 2000 y 2023, pero el 94% de estas muertes aún se concentran en países de ingresos bajos y medianos bajos
Además, el informe establece una relación directa entre mayores niveles de desigualdad de género —incluido el matrimonio infantil— y tasas más elevadas de mortalidad materna.
Superar las desigualdades
La OMS subraya que abordar la desigualdad de ingresos, la discriminación estructural, los conflictos y las crisis climáticas es esencial para reducir las profundas brechas en salud a nivel global. Uno de los desafíos más urgentes señalados en el informe es el impacto del cambio climático, que podría empujar a entre 68 y 135 millones de personas adicionales a la pobreza extrema en los próximos cinco años.
El documento también alerta sobre la falta de protección social a nivel mundial: actualmente, unos 3.800 millones de personas carecen de una cobertura adecuada, como prestaciones por enfermedad o apoyos económicos por hijos a cargo. Esta carencia tiene efectos directos y sostenidos sobre la salud de las poblaciones.
Además, el informe advierte que la elevada carga de deuda limita la capacidad de los gobiernos para invertir en sistemas de protección social. En la última década, el valor total de los pagos de intereses de los 75 países más pobres del mundo se ha multiplicado por cuatro, lo que dificulta aún más la financiación de servicios esenciales.
En este sentido, la OMS hace un llamamiento a la acción colectiva de los gobiernos nacionales y locales y de los dirigentes de los sectores de la salud, el mundo académico, la investigación, la sociedad civil y el sector privado para:
- Abordar la desigualdad económica e invertir en infraestructura social y servicios públicos universales.
- Superar la discriminación estructural y los determinantes e impactos de los conflictos, las emergencias y la migración forzada.
- Gestionar los desafíos y las oportunidades de la acción climática y la transformación digital para promover los cobeneficios de la equidad en salud.
- Promover acuerdos de gobernanza que prioricen la acción sobre los determinantes sociales de la equidad en salud, incluido el mantenimiento de plataformas y estrategias políticas intergubernamentales, la asignación de dinero, poder y recursos al nivel más local donde pueda tener mayor impacto, y el empoderamiento de la participación de la comunidad y la sociedad civil.