«La desigualdad en pruebas moleculares condiciona quién se beneficia de la innovación»

Diagnóstico precoz, abordaje multidisciplinar y nuevas dianas terapéuticas marcan el futuro del cáncer gástrico en España

cáncer gástrico
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Entrevistamos a Eduardo Terán, oncólogo e investigador clínico, especialista en tumores esofagogástricos en la Unidad de Tumores Digestivos del Hospital Universitario Vall d'Hebron, sobre los desafíos y oportunidades existentes en cáncer gástrico en nuestro país, y sobre las últimas innovaciones terapéuticas.

Pregunta. El cáncer gástrico sigue teniendo en España una supervivencia a cinco años que apenas supera el 28%, con más de 5.000 muertes anuales. Desde su experiencia clínica, ¿por qué sigue siendo una "crisis sanitaria silenciosa" y qué desafíos existen en el abordaje actual?

Eduardo Terán, oncólogo e investigador clínico, especialista en tumores esofagogástricos en la Unidad de Tumores Digestivos del Hospital Universitario Vall d'Hebron.

Respuesta. Efectivamente, los tumores gastroesofágicos representan un problema de salud pública importante. Solo en 2025 se diagnosticaron algo más de 7.000 nuevos casos en España, situándose como el quinto tumor en incidencia. La mortalidad en estadios avanzados continúa siendo muy elevada y, pese a ello, la falta de visibilidad mediática limita la inversión en investigación y el acceso a nuevos fármacos en este tumor.

A esto se suma un fenómeno emergente: el incremento de casos de cáncer gástrico en menores de 50 años. En estos pacientes los síntomas suelen ser inespecíficos y la sospecha clínica se diluye, lo que retrasa el diagnóstico. Por tanto, garantizar un diagnóstico precoz es un desafío crítico.

Además, en el contexto actual, donde hablamos de oncología de precisión, asegurar un estudio molecular adecuado, el acceso a tratamientos innovadores y la valoración en comités multidisciplinares sigue siendo complejo en muchos centros. Todo ello exige una coordinación real entre distintos profesionales y niveles asistenciales, un aspecto que aún no está plenamente optimizado.

P. La anticipación proactiva es uno de los pilares clave, con especial énfasis en el diagnóstico precoz. ¿Qué medidas concretas cree que deberían implementarse para avanzar hacia una detección más temprana del cáncer gástrico y facilitar, desde fases iniciales, un tratamiento más individualizado?

R. Si bien el cribado poblacional en cáncer gástrico no está estandarizado en nuestro país, a diferencia de Japón o Corea, donde la elevada incidencia lo justifica, avanzar hacia una detección más temprana sigue siendo esencial. En este sentido, resulta fundamental formar e implicar a todos los niveles asistenciales, desde atención primaria hasta digestivo, para que ante síntomas digestivos persistentes o signos de alarma (dispepsia, pérdida de peso, náuseas o vómitos) se complete un estudio endoscópico sin demora.

Por otro lado, la detección en estadios localizados tiene un impacto pronóstico muy relevante, ya que permite plantear estrategias potencialmente curativas, tanto quirúrgicas como endoscópicas. Además, recientemente hemos conocido resultados positivos con la incorporación de inmunoterapia a la quimioterapia en el contexto neoadyuvante, con supervivencias a 3 años del 68%, lo que supone un cambio de paradigma en enfermedad localizada.

Finalmente, más allá de medidas de diagnóstico precoz, es clave reforzar la prevención actuando sobre factores de riesgo bien establecidos, nutricionales, ambientales, consumo de tabaco y alcohol, así como la infección por Helicobacter pylori, avanzando hacia un abordaje integral desde fases tempranas.

P. Uno de los grandes retos es la falta de equidad en el acceso al diagnóstico y a los tratamientos innovadores. ¿Hasta qué punto el lugar de residencia o el hospital de referencia condicionan hoy las opciones terapéuticas de un paciente con cáncer gástrico?

R. Esta falta de equidad es una realidad, no solo en nuestro país, sino a nivel global. El abordaje de patologías poco frecuentes y complejas, como los tumores gastroesofágicos, debería centralizarse en centros de alto volumen, con mayor expertise quirúrgico y médico, acceso a ensayos clínicos y equipos multidisciplinares bien formados. Sin embargo, la mayoría de estos centros se concentran en grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, lo que condiciona las oportunidades terapéuticas de los pacientes según su lugar de origen. Por ello, resulta fundamental impulsar un trabajo en red, mejorar la comunicación entre hospitales y facilitar derivaciones hacia centros de referencia, para garantizar un acceso equitativo a tratamientos innovadores, independientemente del código postal del paciente.

P. La medicina de precisión se presenta como una realidad ya disponible en el cáncer gástrico, basada en biomarcadores y terapias dirigidas. ¿Está esta estrategia plenamente integrada en la práctica clínica diaria o sigue siendo más una oportunidad que una realidad para los pacientes?

R. La respuesta, en mi opinión, es mixta: para algunos pacientes ya es una realidad clínica, mientras que para otros sigue siendo una oportunidad aún por materializar. En centros como el nuestro buscamos activamente opciones terapéuticas más allá del estándar, y el acceso ágil a ensayos clínicos facilita un abordaje más personalizado. En este sentido, la creación de redes de derivación y colaboración entre centros es esencial para que los pacientes puedan acceder a tratamientos que no están disponibles en su hospital.
Sin embargo, también debemos reconocer que los tumores esofagogástricos no cuentan con la misma visibilidad ni conocimiento que otros, como pulmón o mama, y eso tiene implicaciones directas en la disponibilidad de esta innovación, la aprobación de nuevas terapias y, en última instancia, en la accesibilidad real para nuestros pacientes.

P. Expertos en Anatomía Patológica alertan de la desigualdad en el acceso a pruebas moleculares y biomarcadores. Desde la oncología médica, ¿cómo impacta esta falta de acceso homogéneo en la toma de decisiones terapéuticas y en los resultados en salud?

R. En cáncer gástrico resulta cada vez más imprescindible la determinación de varios biomarcadores con el objetivo de seleccionar el tratamiento más adecuado para cada paciente. Este paso diagnóstico es crítico, ya que condiciona toda la estrategia terapéutica posterior. Es cierto que algunos centros aún no realizan determinaciones esenciales, como PD-L1 o Claudina 18.2, que permiten identificar subgrupos de pacientes candidatos a tratamientos que han demostrado mejorar la supervivencia. Asimismo, otras tecnologías, como la secuenciación de nueva generación (NGS), que sí utilizamos en nuestro centro (Instituto de Oncología Vall d’Hebron), no están estandarizadas ni financiadas en cáncer gástrico en nuestro país, a diferencia de lo que ocurre en otros tumores como el cáncer de pulmón. Esto también limita el avance en el conocimiento biológico de estos tumores y dificulta el acceso a tratamientos potenciales dentro de ensayos clínicos.

P. Otro de los desafíos clave es el tiempo de acceso a los fármacos innovadores, especialmente en pacientes con mal pronóstico. ¿Considera que los plazos actuales permiten aprovechar todo el potencial de la innovación terapéutica en cáncer gástrico o suponen una barrera real para la medicina personalizada?

R. Lamentablemente, a pesar de la innovación terapéutica que en los últimos años estamos presenciando, incluyendo la llegada de diferentes inmunoterapias y tratamientos dirigidos para subgrupos molecularmente seleccionados, el acceso real a estos fármacos sigue siendo limitado. En muchos casos, estos medicamentos no llegan a ser aprobados por nuestro Ministerio de Sanidad o, cuando lo hacen, se incorporan con restricciones que reducen su impacto clínico. A ello se suma un retraso considerable en los tiempos de acceso. Mientras que en países como Alemania el intervalo medio entre aprobación y disponibilidad del fármaco es de aproximadamente 3–4 meses, en España la financiación e incorporación tras la autorización por parte de la Agencia Europea del Medicamento puede prolongarse alrededor de dos años. Lógicamente, esto tiene un impacto claro en nuestros pacientes, siendo un área de mejora fundamental. Este desfase tiene un impacto evidente en nuestros pacientes y debe ser un ámbito prioritario de mejora para reducir inequidades.

P. El documento 'Los 10 Desafíos prioritarios', de la Asociación Contra el Cáncer Gástrico y Gastrectomizados, busca traducir el consenso multisectorial en políticas públicas y cambios legislativos. ¿Qué medidas deberían priorizarse de forma urgente para que este consenso se traduzca en un beneficio real?

R. De forma preferente deberían priorizarse medidas que aseguren un diagnóstico temprano, un acceso equitativo a biomarcadores y una incorporación más ágil de terapias innovadoras. En primer lugar, es imprescindible garantizar un tiempo máximo de 14 días para la realización de una gastroscopia diagnóstica tras la sospecha en atención primaria, evitando demoras de meses que comprometen el pronóstico. En paralelo, deben establecerse redes formales y homogéneas para la determinación molecular y el acceso a biomarcadores (MMR, HER2, PD-L1 y Claudina 18.2).

Asimismo, resulta prioritario introducir mecanismos regulatorios que prioricen la evaluación y financiación de medicamentos destinados a patologías de elevada gravedad como es el cáncer gástrico.

Otras medidas relevantes incluyen impulsar cribados adaptados a nuestra incidencia, asegurar protocolos diagnósticos y terapéuticos homogéneos a nivel nacional y promover y colaborar en la investigación en cáncer gástrico.


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