El cáncer de vejiga constituye uno de los tumores más frecuentes en España, con cerca de 22.500 nuevos casos diagnosticados cada año y alrededor de 5.000 fallecimientos anuales. Se trata del quinto tumor más común en la población general y el tercero en varones, especialmente a partir de los 55 años.
Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Vejiga, que se celebra el 5 de mayo, los expertos subrayan que uno de los principales retos en el abordaje de esta patología sigue siendo su detección precoz, especialmente desde el ámbito de la Atención Primaria, donde pueden identificarse las primeras señales clínicas.
Entre los signos iniciales más relevantes destaca la hematuria, es decir, la presencia de sangre en la orina, que suele aparecer sin dolor durante la micción y constituye la principal señal de alerta. Sin embargo, en muchos casos estos síntomas pueden confundirse con infecciones urinarias, litiasis renal u otras patologías benignas, lo que retrasa la realización de pruebas diagnósticas clave como la cistoscopia o las técnicas de imagen.
El pronóstico del cáncer de vejiga está estrechamente ligado al momento del diagnóstico. No obstante, persiste un importante desconocimiento en la población sobre los síntomas iniciales, lo que contribuye a retrasar la consulta médica. En este sentido, reconocer señales como la hematuria y acudir al médico de Familia puede resultar determinante.
Desde la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) se destaca el papel fundamental de la Atención Primaria en la identificación precoz de los casos. A través de su Grupo de Trabajo de Nefrourología, se insiste en que cualquier episodio de sangre en la orina, incluso si es aislado o desaparece, debe ser valorado clínicamente para descartar un posible tumor vesical.
La hematuria está presente en entre el 85% y el 90% de los casos, aunque en fases iniciales puede manifestarse como microhematuria, detectable únicamente mediante análisis de orina. Ante su hallazgo, es esencial confirmar su persistencia y evaluar el contexto clínico del paciente, incluyendo la función renal, los antecedentes y los tratamientos en curso.
Otros síntomas que pueden alertar sobre la enfermedad incluyen el aumento de la frecuencia miccional, la emisión de pequeñas cantidades de orina o el dolor abdominal, aunque estos signos pueden variar según el estadio del tumor.
El diagnóstico combina la valoración clínica con pruebas como la cistoscopia —considerada la técnica de referencia—, la citología urinaria y las pruebas de imagen. En los últimos años, además, han surgido nuevas herramientas basadas en biomarcadores y biopsia líquida que podrían mejorar tanto la detección como el seguimiento de la enfermedad.
"El cáncer de vejiga es uno de los pocos tumores que ofrece una oportunidad real de prevención y diagnóstico temprano. Sin embargo, el solapamiento de síntomas convierte con frecuencia esa ventaja en una oportunidad perdida. Ante cualquier episodio de hematuria, incluso si es aislado o remite, debe realizarse una valoración clínica", señaló Javier Vendrell, miembro del Grupo de Trabajo de Nefrourología de SEMERGEN.
Tabaquismo y otros factores de riesgo
El principal factor de riesgo del cáncer de vejiga es el tabaquismo, responsable de aproximadamente la mitad de los casos. Las sustancias carcinógenas del tabaco son absorbidas y eliminadas a través de la orina, lo que daña las células de la mucosa vesical.
A este factor se suman otros como el consumo de alcohol, las dietas ricas en carnes procesadas, la exposición a sustancias químicas como aminas aromáticas o arsénico, determinados tratamientos previos, infecciones crónicas y la edad avanzada.