El ejercicio físico entra en el tratamiento del cáncer de colon con evidencia de supervivencia

La cirujana oncológica Delia Cortés Guiral y el entrenador físico oncológico Omar Tayara, ambos de IVOQA, analizan este cambio terapéutico para este medio

ejercicio físico
Prehabilitación física / IVOQA
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Por primera vez, la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) ha incorporado el ejercicio físico como tratamiento recomendado en pacientes con cáncer de colon localizado. La decisión, recogida en una actualización exprés de sus guías clínicas, marca un antes y un después en la forma de entender el abordaje oncológico y sitúa a una intervención no farmacológica al mismo nivel que la cirugía o la quimioterapia dentro de los algoritmos terapéuticos.

El cambio se sustenta en evidencia clínica de alto nivel, especialmente en los resultados del ensayo clínico aleatorizado fase 3 CHALLENGE, publicado en The New England Journal of Medicine en 2025, que demuestra que un programa estructurado de ejercicio iniciado tras la quimioterapia adyuvante mejora la supervivencia libre de enfermedad en cáncer de colon.

"Este paso es enormemente relevante porque reclasifica el ejercicio desde un simple ‘hábito saludable’ a una intervención con valor terapéutico", explica Delia Cortés Guiral, directora del Instituto Viamed de Oncología Quirúrgica Avanzada (IVOQA), en declaraciones a este medio. "Eso obliga a integrarlo en la ruta asistencial del paciente: prescripción formal, derivación a programas estructurados, supervisión profesional, control de adherencia, monitorización de seguridad y evaluación de resultados clínicos".

Delia Cortés Guiral, directora del Instituto Viamed de Oncología Quirúrgica Avanzada (IVOQA).

De consejo general a recomendación clínica

Delia Cortés Guiral.

Hasta ahora, el ejercicio físico formaba parte de las recomendaciones generales dirigidas a pacientes oncológicos, especialmente en fases de supervivencia, por su impacto positivo en la fatiga, la calidad de vida o la capacidad funcional. Sin embargo, nunca había alcanzado el estatus de recomendación incluida en guías clínicas internacionales con respaldo de ensayos de supervivencia.

"El punto de inflexión es claramente el ensayo CHALLENGE", subraya Cortés Guiral. El estudio evaluó un programa estructurado de ejercicio de tres años de duración en pacientes con cáncer de colon tras completar la quimioterapia adyuvante y lo comparó con un grupo control que recibió únicamente educación sanitaria. "Los resultados muestran una mejora significativa en la supervivencia libre de enfermedad y una señal favorable en supervivencia global", añade.

Este ensayo viene respaldado por una sólida base de evidencia observacional previa, como el estudio CALGB 89803, que ya había asociado mayores niveles de actividad física tras el diagnóstico con una menor recurrencia y mortalidad en pacientes con cáncer de colon estadio III. La novedad ahora es que, por primera vez, estos hallazgos se confirman en un ensayo clínico aleatorizado con endpoints oncológicos duros.

Todo ello se ha plasmado en el ESMO Clinical Practice Guideline Express Update on the adoption of physical exercise in patients with localised colon cancer, publicado en ESMO Open, que recomienda explícitamente la participación de pacientes elegibles en programas estructurados de ejercicio físico.

"Desde ahora, en los algoritmos de manejo del cáncer de colon no solo están la cirugía, la quimioterapia o la inmunoterapia; también el ejercicio físico forma parte del tratamiento", resume Cortés Guiral, que destaca que "es un auténtico hito".

Un paradigma multimodal del tratamiento oncológico

Para Omar Tayara, entrenador físico oncológico del Instituto Viamed de Oncología Quirúrgica Avanzada, este cambio "formaliza un paradigma multimodal del tratamiento del cáncer". "Ya no hablamos solo de cirugía más fármacos o radioterapia, sino de integrar intervenciones no farmacológicas con capacidad real de modificar resultados clínicamente relevantes", señala.

Omar Tayara.

El hecho de que ESMO haya dedicado una actualización específica exclusivamente a la adopción del ejercicio físico no es casual. "Esto es algo muy poco habitual en las guías si no existe evidencia de alto nivel", destaca Tayara. "En este caso, la evidencia es sólida y se suma a un cuerpo creciente de datos que muestran beneficios consistentes del ejercicio en fatiga, capacidad cardiorrespiratoria, composición corporal y calidad de vida en pacientes con cáncer".

Desde su punto de vista, este nuevo enfoque también implica una responsabilidad institucional. "Este cambio no puede recaer solo en el paciente. No basta con dar recomendaciones generales. Desde los centros sanitarios debemos implicarnos y garantizar el acceso a programas supervisados y a entrenadores especializados, como parte real del tratamiento".

Omar Tayara, entrenador físico oncológico del Instituto Viamed de Oncología Quirúrgica Avanzada

El ejercicio a lo largo de todo el proceso oncológico

Desde la práctica quirúrgica y oncológica, el ejercicio físico se integra en el abordaje del cáncer de colon en distintos momentos del proceso asistencial. "Lo entendemos como una intervención transversal", explica Cortés Guiral.

En primer lugar, en la prehábitilación preoperatoria, el ejercicio permite optimizar la reserva funcional del paciente antes de la cirugía y la quimioterapia. "Igual que un atleta se prepara para una carrera, ayudamos a los pacientes a prepararse para su tratamiento", señala. Esta estrategia puede reducir la fragilidad, disminuir complicaciones y acortar la estancia hospitalaria, especialmente cuando se integra en programas de recuperación intensificada como los protocolos ERAS.

En el periodo perioperatorio y durante la quimioterapia adyuvante, el ejercicio se orienta a la movilización precoz, la prevención de complicaciones respiratorias y trombóticas y la preservación de la masa muscular y la capacidad funcional. "Actúa como un soporte fisiológico frente al desacondicionamiento y la fatiga", añade.

Finalmente, en la fase de supervivencia a largo plazo, el ejercicio adquiere plenamente su estatus de tratamiento. "Es aquí donde el ensayo CHALLENGE y la recomendación de ESMO cobran todo su sentido", afirma Cortés Guiral. "Los programas estructurados y sostenidos en el tiempo forman parte del tratamiento del paciente".

Ejercicio terapéutico no es solo "moverse más"

Uno de los mensajes clave que subrayan ambos expertos es que ejercicio como tratamiento no equivale a actividad física general. "Actividad física es cualquier movimiento cotidiano", explica Tayara. "El ejercicio terapéutico implica planificación, dosificación y progresión, con objetivos clínicos claros y seguimiento profesional".

Estos programas se prescriben habitualmente mediante parámetros FITT (frecuencia, intensidad, tiempo y tipo) e incluyen componentes aeróbicos y de fuerza. "La fuerza es clave para prevenir la sarcopenia y mantener la funcionalidad, y no debe evitarse por miedo", recalca.

La adaptación es siempre individualizada y depende tanto de la fase de la enfermedad como del estado clínico del paciente. "Nuestro criterio es siempre la máxima dosis tolerable y segura, no la máxima intensidad", puntualiza Tayara. Desde la prehabilitación hasta la supervivencia, el ejercicio se ajusta a síntomas, comorbilidades y toxicidades del tratamiento.

Los expertos advierten también de los riesgos de que los pacientes intenten entrenar por su cuenta sin supervisión. "El error más frecuente es no hacer nada por miedo", señala Tayara, "pero eso conduce al desacondicionamiento y a la pérdida de masa muscular". Otros mitos habituales son pensar que caminar es suficiente, evitar el entrenamiento de fuerza o copiar protocolos de alta intensidad sin control.

"La clave no es agotarse, sino la adherencia a medio y largo plazo", insiste. "En el ensayo CHALLENGE, la sostenibilidad durante tres años forma parte del propio mecanismo clínico".

La integración del ejercicio físico en la práctica oncológica, concluyen, no es una moda ni una recomendación genérica, sino una intervención con impacto demostrado en la evolución del cáncer de colon. "Todo suma en el tratamiento", resume Cortés Guiral. "Y el ejercicio físico es, desde el diagnóstico y para toda la vida del paciente, una parte más del tratamiento oncológico", concluye.


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