El ejercicio en mayores, ‘perfecto aliado’ de las terapias clásicas: ahorra más de 1.000 euros al SNS por paciente

Un estudio de la Universidad de Zaragoza confirma que un programa de entrenamiento multicomponente para personas mayores no solo revierte el deterioro funcional, sino que ofrece una rentabilidad económica superior al uso único de tratamientos convencionales

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En un contexto global donde la proporción de personas mayores de 65 años sigue creciendo y se prevé que superará a la población menor de 25 años alrededor de 2050, la gestión de la carga sociosanitaria asociada al envejecimiento se ha convertido en una prioridad. En este panorama, la medicina preventiva basada en el ejercicio físico emerge como una solución excepcional costo-efectiva.

Un reciente estudio, liderado por el grupo EXER-GENUD de la Universidad de Zaragoza, y publicado en Experimental Gerontology, ha puesto cifras al valor de esta prevención. La investigación demostró que un programa de entrenamiento multicomponente (MCT) de seis meses para personas mayores con capacidad funcional disminuida supuso un ahorro medio superior a 1.000 euros por participante en el gasto sanitario. Este ahorro se consiguió gracias a la disminución en el uso de medicación, las visitas al médico y, crucialmente, las hospitalizaciones.

José Antonio Casajús, investigador del CIBEROBN en la Universidad de Zaragoza y coautor del estudio, explicó a Gaceta Médica que el equipo de investigación llevaba más de 20 años observando la eficacia del ejercicio sobre marcadores de salud, pero faltaba un dato esencial: la evaluación económica. El objetivo, según Casajús, era determinar "qué es lo que cuesta implementarlo y cuál es el beneficio que conseguimos tanto desde una perspectiva económica como una perspectiva de salud".

Todos los sujetos debían ser mayores de 65 años y presentar una capacidad funcional reducida, definida por una puntuación de 4 a 9 puntos en el Short Physical Performance Battery (SPPB). A pesar de excluir a participantes con demencia y/o cáncer, la población presentaba una alta prevalencia de enfermedades crónicas, incluyendo: síndrome metabólico, 37.3%, hipertensión 13.6%, hipertrigliceridemia, 33% y diabetes tipo 2 (T2DM), 30%.

La intervención duró 6 meses. El grupo de entrenamiento (TRAIN) asistió a tres sesiones supervisadas por semana, 72 sesiones en todal. Cada sesión tenía una duración de 60 minutos, dividida en 10 minutos de calentamiento, 35–40 minutos de ejercicios principales, y 10–15 minutos de enfriamiento.

La rentabilidad del ejercicio físico

El ensayo, que incluyó a 123 adultos mayores con una edad media de 80,3 años, asignados a un grupo de entrenamiento (TRAIN) o a un grupo control (CON), se evaluó desde la perspectiva del ahorro para el sistema de salud. Los datos económicos ofrecidos por el estudio son contundentes y respaldan la integración inmediata de estos programas en el Sistema Nacional de Salud (SNS), según sostienen sus autores.

En primer lugar se demostró que supone un ahorro directo con un coste mínimo. El coste medio de servicios sanitarios en el grupo que entrenó fue de 3.091€, mientras que en el grupo control alcanzó los 4.135€. Esto representa una diferencia de 1.044€ a favor del grupo que había entrenado tres veces por semana durante seis meses. Dicha reducción en el coste de utilización de la atención sanitaria se logró con una intervención de bajo coste, ya que el programa de ejercicio tuvo un costo promedio de 164 por participante durante ese periodo de seis meses. El coste por sesión asistida fue de aproximadamente 2,74€, considerando una alta tasa de asistencia del 83.2%.

En la relación costo-efectividad se demostró una altísima rentabilidad. El incremento de coste por 'Año de Vida Ajustado por Calidad' (QALY) ganado fue de solo 6.274€. Casajús recordó que el Ministerio de Sanidad indica que los programas sanitarios se consideran costo-efectivos cuando su coste que oscila entre los 27.000€ y 34.000€ por QALY ganado. El investigador concluyó categóricamente que, dada la cifra obtenida, "es difícil encontrar tratamientos farmacológicos que tengan este nivel de efecto, aunque no los sustituyen, son el perfecto aliado". El estudio confirmó una probabilidad del 100% de ser costo-efectivo con un umbral de 49.000€ por QALY ganado.

El principal mecanismo de ahorro fue la reducción de las hospitalizaciones, uno de los gastos más elevados del sistema sanitario. Aunque el gasto sanitario directo del grupo TRAIN aumentó ligeramente durante el periodo de intervención, impulsado por hospitalizaciones no relacionadas con el ejercicio y una mayor conciencia de salud que llevó a más pruebas, el coste total final fue significativamente menor que en el grupo control.

Más allá de los balances económicos, ofrecen resultados clínicos que impactan directamente en la calidad de vida y la dependencia. El grupo de entrenamiento logró mejoras significativas en la capacidad funcional, medida por la Escala de Batería de Rendimiento Físico Corto (SPPB), con un aumento de 3,38 puntos. Además, la fragilidad se redujo en 0,64 puntos, y la calidad de vida relacionada con la salud (HRQoL) mejoró en 0,07 puntos. Todas estas mejoras superan la Diferencia Mínima Clínicamente Importante (MCID), lo que confirma su relevancia práctica.

Casajús detalló cómo se traducen estos puntos de mejora en la vida de una persona de 80 años, aclarando que "esto puede significar tener miedo a salir de casa, a salir todos los días a comprar cosas...". Ganan la autonomía suficiente para afrontar desafíos como "los escalones, el caminar un poquitín más rápido, el pasar un semáforo, el reaccionar cuando tropiezas...".

La capacidad funcional, tal como la define el investigador, es el pilar de la independencia "permitiendo levantarte del el sofá sin tener que pedir ayuda, el ir al baño sin necesitar ayuda, el bajar dos escalones sin tener miedo a caerte". Casajús relató el caso ilustrativo de una señora que "vino con un andador las primeras sesiones y terminó los intensos y el andador", un ejemplo claro de la recuperación de la autonomía.

Por todo ello, urgen a romper la inercia del sistema sanitario y a integrar la prescripción de ejercicio físico específico. "La prescripción de ejercicio físico debería integrarse en el cuidado de los mayores", asegura Casajús, señalando que "aparte de añadir años a la vida, hay que añadir vida a los años".

El ejercicio como "cortafuegos" y coadyuvante

El entrenamiento multicomponente "actúa como un cortafuegos que retrasa el deterioro funcional". Casajús señaló que si se trabaja sobre personas robustas o pre-frágiles, la intervención "supone un beneficio mayor" a medio y largo plazo, retrasando la discapacidad funcional por unos años y llegando a un ahorro sanitario cada vez más necesario.

Además, el ejercicio físico no busca reemplazar los tratamientos, sino complementarlos. Casajús lo describió como un "coadyuvante fantástico" en la sociedad actual "y más con la llegada de los baby boom". Cuando se combina con tratamientos farmacológicos, el ejercicio "disminuye los efectos secundarios del tratamiento farmacológico, se necesitan menos dosis y normalmente se mejora la calidad de vida de los sujetos. Por ejemplo, en el caso de la diabetes, el ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina",

Sesiones tridimensionales personalizadas: no solo caminar

El programa, denominado Exernet-Elder 3.0, no se basa en la "recomendación genérica de salir a caminar". Casajús enfatizó que " esto no está mal, pero no es lo que necesitan". Dada la dinapenia y sarcopenia, falta de fuerza y músculo, que caracteriza a la población mayor, "el entrenamiento debe ser específico y centrarse en la fuerza y potencia".

Así, el programa se estructuró en tres sesiones semanales de 60 minutos, combinando sesiones de fuerza y funcionales enfocadas en la fuerza muscular, potencia y equilibrio estático mediante ejercicios que simulaban actividades de su vida diaria, y sesiones de resistencia incluyendo actividades aeróbicas, equilibrio dinámico y coordinación.

Para Casajús, la clave del tratamiento reside en la individualización, ya que "tenemos que diseñar un trabajo equilibrado con los componentes que necesitan más los mayores para que esto sea eficaz". El ejercicio debe ser "personalizado en función de un diagnóstico previo para valorar resistencia, fuerza, potencia y flexibilidad". La recomendación final para los mayores es pedir a su médico de Atención Primaria que les indique un lugar para hacer entrenamiento multicomponente dirigido por un profesional del ejercicio.

Otro aspecto crucial del entrenamiento grupal es el impacto social. El investigador destacó que el ejercicio en conjunto genera una fuerte cohesión, evitando el aislamiento y facilitando la interacción. Casajús explicó que este aspecto es determinante para las personas mayores, especialmente para quienes han perdido a su pareja o viven solos, convirtiéndose en el "elemento vital de la semana para estar con un grupo que comparte problemáticas y circunstancias similares".

La inercia del sistema y el déficit de formación

Según los autores del estudio existe una resistencia sistémica a integrar la prescripción de ejercicio físico. Casajús atribuyó esta inercia a factores como "la falta de formación sanitaria. El 80% de los alumnos de medicina y de enfermería de últimos cursos desconocen cuáles son las recomendaciones de actividad física de la OMS. Si el personal sanitario no está formado, difícilmente trasladará el conocimiento a los pacientes".

Pero también apuntan a las "prioridades políticas cortoplacistas", así como a la "comodidad del paciente. Es mucho más sencillo dar una pastilla que hacer 30 o 40 minutos al día de ejercicio físico". A nivel político, Casajús lamentó que, a pesar de la buena recepción de estas iniciativas, "la implementación suele quedar en el último cajón"... pero dejó claro que "este tipo de terapias potencian y reducen los efectos secundarios de una medicación que nunca sustituyen".

Llamada a la acción

El equipo investigador concluye que es esencial que estos programas sean apoyados e integrados en las estrategias de salud pública y modelos de atención comunitaria. "El costo de prevenir es más barato que el de curar, y el momento de actuar es ahora, especialmente considerando que la generación del baby boom pronto se incorporará a la tercera edad, lo que implicará un gasto sanitario y de asistencia social tremendo si no se interviene", insiste Casajús, que señala a la inversión en los profesionales sanitarios como pieza clave.

"La prescripción debe ser médica, pero el desarrollo del programa de ejercicio debe ser llevado a cabo por profesionales cualificados". Por ello, se propone la creación de puestos permanentes para fisiólogos del ejercicio clínico y científicos del deporte dentro de la sanidad y los entornos comunitarios. Casajús advirtió que "la supervisión es crucial, ya que si se implementa un programa de fuerza inadecuado en esta población sensible, se corre el riesgo de lesionar a los sujetos y por lo tanto aumentar el gasto para el SNS".

El investigador expresó su frustración ante la lentitud del sistema, aunque mantiene la esperanza de que la evidencia económica, un ICER de 115 por punto SPPB ganado y 407 por punto de fragilidad reducido, sea el argumento definitivo. Casajús finalizó con una reflexión personal y una anécdota: "un grupo de mayores, al acabarse la financiación del proyecto, decidió organizarse y pagar sus propias sesiones porque se encontraban mucho mejor, necesitaban menos pastillas para dormir y habían incrementado su círculo social".

Como última observación, los autores del estudio lamentan que "la intervención no estuviese aleatorizada y que el desequilibrio inicial en el coste de la atención sanitaria entre los grupos pueda afectar la interpretación de los resultados de coste-efectividad. Destaca, por ejemplo, que el grupo TRAIN tuvo un aumento en el coste directo de la salud, principalmente por hospitalizaciones de dos participantes debido a condiciones médicas no relacionadas con el programa, lo que elevó el coste individual".

Estos hallazgos subrayan la importancia de considerar el ejercicio físico estructurado, no como un coste, sino como una estrategia terapéutica que apoye a las terapias habituales y una inversión económica esencial para promover el envejecimiento saludable y la independencia funcional.


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