La infección relacionada con la asistencia sanitaria (IRAS) es uno de los indicadores más relevantes de la calidad y la seguridad de la atención sanitaria. Los avances de la cirugía moderna, por ejemplo, han permitido el incremento de la realización de procedimientos quirúrgicos complejos. Pero a pesar de los logros alcanzados, la aparición de una infección del sitio quirúrgico sigue siendo un evento adverso temido por profesionales y pacientes, debido a las consecuencias que conlleva, a su impacto. Si tenemos en cuenta que en España se realizan al año unos cuatro millones de intervenciones quirúrgicas, de las que más de un millón serán de forma ambulatoria, esto da una idea de la magnitud del posible problema. Con este punto de partida arrancó la Jornada Científica del Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Universitario Ramón y Cajal ‘Los límites de la prevención. Conversaciones con expertos para prevenir las IRAS’.
Como indica el jefe del servicio, Jesús María Aranaz, se estima que los eventos adversos son la tercera causa de mortalidad en EE. UU. y nada impide pensar que en Europa las cosas sean diferentes. “Estamos pues ante un problema de salud pública por su magnitud tendencia e impacto”. En España, la epidemiología muestra una tasa de incidencia acumulada global en torno al seis por ciento y el estudio de prevalencia Epine de 2017, señala que las infecciones quirúrgicas han alcanzado el 25 por ciento del total de las IRAS, ocupando ya el primer puesto.
Una de las mesas del encuentro abordó la evidencia disponible de los procedimientos de prevención en estas infecciones. En ella, participaron Francisco Bolumar (Universidad de Alcalá) como moderador y Cristina Díaz-Agero (Huryc) junto a Carlos Aibar Remón (Hospital Universitario Lozano Blesa) como ponentes. Los expertos debatieron sobre las medidas de barrera para la transmisión de la enfermedad (aislamientos). ¿Juegan un papel real o no en la transmisión de la IRAS? ¿Hay evidencia o se trata de “acuerdos entre expertos”? Ante estas incógnitas, se trataron dos ejemplos que representan dos casuísticas diferentes, una aplicable en el día, “la transmisión nosocomial de enterobacterias productoras de BLEEs” y otra, que responde a una situación mayor de crisis por tratarse de una epidemia.
La pregunta clave, como explica Aranaz, se centra en si se puede conjugar adecuación, efectividad y eficiencia en la práctica clínica, garantizando la seguridad del paciente. Según los resultados preliminares del estudio internacional R-GNOSIS en el que también ha participado el propio hospital madrileño, “no existen diferencias en la adquisición hospitalaria de enterobacterias productoras de beta-lactamasas de espectro extendido entre los periodos de precauciones estándar y aislamiento de contacto”. Podría clasificarse, por tanto, al aislamiento de contacto en estos casos como una práctica innecesaria y no recomendable al no aportar mejoras a la seguridad de los pacientes y sí un incremento del gasto sanitario, generando una recomendación de “no hacer”. No obstante, por tratarse de resultados preliminares, los expertos consideran que se debe esperar los resultados definitivos del estudio para que esta recomendación pueda tener la fuerza necesaria.