Entre el 24 de octubre y el 5 de diciembre de 2024, la zona sanitaria de Panzi, en la provincia de Kwango, en la República Democrática del Congo, ha registrado un brote de una enfermedad aún no identificada que ha afectado principalmente a niños menores de 5 años, informa la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta el momento, se han reportado 406 casos y 31 muertes, con síntomas que incluyen fiebre, dolor de cabeza, tos, secreción nasal y dolor corporal. Un factor común en todos los casos es que todos los que mostraban una gravedad significativa presentaban desnutrición severa, lo que subraya la vulnerabilidad de la población infantil en esta zona rural y de difícil acceso, especialmente durante la temporada de lluvias. Llegar al área afectada desde Kinshasa, la capital, puede llevar hasta 48 horas por carretera, lo que ha retrasado significativamente los esfuerzos para diagnosticar y controlar el brote.
Cabe destacar que según informa un medio local, "Radio Okapi", hasta el 25 de noviembre, el ministro provincial de Salud, Apollinaire Yumba Tiabakwau, ya había presentado un informe provisional de 131 muertes por esta patología. "Lo que reportamos del 10 al 25 de noviembre fue 67 muertes. Ahora, cuando el equipo bajó ayer, en el camino, encontraron en un pueblo donde el equipo médico y la sociedad civil reportaron al menos 20 muertes. Y en otra aldea que no fue contabilizada en el mismo periodo, encontraron al menos 40 fallecidos, más los 4 que se sumaron hoy. Lo que hace 131 muertes al día de hoy", puntualiza Apollinaire Yumba Tiabakwau a este medio.
El 29 de noviembre de 2024, el Ministerio de Salud Pública de la República Democrática del Congo informó a la OMS sobre el preocupante incremento de muertes atribuidas a una causa no identificada en la zona sanitaria de Panzi. El brote, que presenta una tasa de letalidad del 7,6%, ha causado 31 muertes confirmadas, alcanzando su punto máximo en la semana epidemiológica 45 que finalizó el 9 de noviembre. Adicionalmente, el Ministerio de Salud congolés informó en una conferencia de prensa el 5 de diciembre sobre varias muertes ocurridas fuera de los centros de salud, que aún están pendientes de investigación y caracterización.
Los datos demográficos muestran que los niños de 0 a 14 años constituyen el 64,3% de los casos, siendo el grupo más afectado los menores de cinco años siendo el 53% de los casos. Las mujeres representan el 59,9% del total de infectados. De las 31 muertes confirmadas, el 71% corresponde a menores de 15 años, y el 54,8% a niños menores de cinco años. Además, se han reportado 145 casos en personas mayores de 15 años, con nueve muertes. La desnutrición grave ha sido un factor presente en todos los casos de gravedad, destacando la alta vulnerabilidad de esta población en un contexto de pobreza extrema y falta de acceso a servicios básicos.
El brote, que aún continúa activo, plantea desafíos significativos, según la OMS, debido a la ubicación remota de la zona y las dificultades de acceso, agravadas por las lluvias intensas. Los equipos de respuesta rápida trabajan para identificar la causa del brote, brindar atención médica, realizar análisis de laboratorio y fortalecer la comunicación con las comunidades afectadas. "La alta proporción de casos en niños y mujeres, junto con el contexto de desnutrición, subraya la necesidad urgente de reforzar las medidas de salud pública y garantizar una respuesta integral para controlar esta crisis sanitaria", destacan desde la Organización internacional.
Identificar la enfermedad
Esta enfermedad no diagnosticada es un desafío para los equipos de salud que trabajan en ella, en parte, porque los pacientes presentan síntomas predominantemente de fiebre (96,5%), tos (87,9%), fatiga (60,9%) y secreción nasal (57,8%), que son comunes en enfermedades respiratorias. Entre los casos más graves, los síntomas asociados a las muertes incluyen dificultad para respirar, anemia y signos claros de desnutrición aguda, especialmente en menores de cinco años.
Dada la diversidad y amplitud de la presentación clínica, las autoridades sanitarias están llevando a cabo investigaciones adicionales y pruebas de laboratorio para descartar enfermedades sospechosas. Entre estas, se encuentran el sarampión, la influenza, la neumonía aguda, el síndrome hemolítico urémico por E. coli, la COVID-19 y la malaria.
El contexto epidemiológico, junto con las condiciones de desnutrición que agravan la situación de los pacientes, sugiere la posibilidad de una combinación de factores causales, informan desde la OMS. Por ello, identificar la enfermedad o enfermedades responsables es crucial para implementar estrategias de control y tratamiento que puedan mitigar el impacto de este brote en una población ya vulnerable.
Por otro lado, la OMS asegura que, atendiendo a todos los factores que influyen en esta situación, el riesgo para las comunidades directamente afectadas es alto. Esta evaluación refleja la gravedad de los casos reportados, el elevado número de muertes y las condiciones precarias de salud pública en la región, donde la desnutrición y el acceso limitado a servicios médicos agravan la situación.
Asimismo, aunque el brote está localizado en Panzi, el riesgo se considera moderado a nivel nacional porque la posibilidad de propagación a áreas vecinas, debido a las deficiencias en los sistemas de vigilancia y respuesta sanitaria, existe. Esto subraya la necesidad de fortalecer las medidas de preparación en otras zonas del país.
La OMS indica que a nivel internacional el riesgo sigue siendo bajo en este momento. Sin embargo, la proximidad de la zona afectada a la frontera con Angola genera preocupación sobre una posible transmisión transfronteriza y, por ello, será crucial mantener una vigilancia activa y fomentar la coordinación entre los países vecinos para evitar una propagación más amplia y mitigar cualquier impacto potencial en la región.
Actualmente, la Organización señala que la confianza en la información disponible sobre este brote es moderada, ya que persisten importantes lagunas en los datos clínicos, epidemiológicos y de laboratorio. La limitada capacidad diagnóstica y las dificultades logísticas para acceder a la región afectada dificultan obtener un panorama más claro. Reforzar los sistemas de vigilancia y garantizar una respuesta coordinada son medidas esenciales para contener el brote y prevenir riesgos adicionales en los diferentes niveles.
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