La Organización Mundial de la Salud (OMS) avanza en el refuerzo de la seguridad sanitaria global. Durante un seminario internacional, expertos del organismo explicaron cómo los marcos legales, como el acuerdo de pandemias, buscan corregir las debilidades detectadas durante la pandemia de COVID-19 y mejorar la coordinación entre países ante amenazas emergentes.
"El Reglamento Sanitario Internacional (RSI) es esencialmente el conjunto de normas legales globales que ayudan a los países a reconocer los riesgos de forma temprana, compartir información de manera transparente y actuar juntos antes de que eventos locales se conviertan en crisis globales", explicó Rajesh Sreedharan, jefe de equipo de Evaluaciones de Capacidad, Planificación y Preparación de la OMS durante el evento.
El Reglamento Sanitario Internacional, adoptado inicialmente en 1969 y revisado en varias ocasiones, ha evolucionado desde un enfoque limitado a unas pocas enfermedades hacia un sistema que abarca "todas las amenazas de salud pública", incluidas las de origen ambiental, químico o radiológico. Esta transformación se vio impulsada por episodios como el SARS y, más recientemente, la COVID-19.
Según los expertos, la pandemia supuso una prueba de estrés sin precedentes para los sistemas sanitarios mundiales. "Demostró el valor del RSI, pero también identificó lagunas críticas en su implementación", señaló Rajesh. Entre ellas, destacó la preparación desigual entre países, los retrasos en el intercambio de información y las dificultades en materia de equidad.
Para hacer frente a estas carencias, los Estados miembros acordaron en 2024 una serie de enmiendas al RSI que no buscan reescribir las normas, sino hacerlas más eficaces. Estas modificaciones refuerzan aspectos clave como la equidad en el acceso a contramedidas sanitarias, la financiación, la coordinación internacional y la detección temprana de riesgos.
Estrategias para mejorar
Uno de los cambios más relevantes es la introducción de niveles intermedios de alerta antes de declarar emergencias globales o pandemias, lo que permitiría actuar con mayor anticipación. Además, se subraya la importancia de compartir señales tempranas incluso de forma informal para acelerar la respuesta.
El enfoque One Health adquiere un papel central en esta nueva arquitectura. "No estamos hablando solo de ministerios de salud; es una responsabilidad de todo el gobierno”, subrayó el ponente. En este sentido, se refuerza la coordinación entre sectores como la agricultura, el medio ambiente o la seguridad alimentaria, fundamentales para detectar amenazas en su origen.
Este mismo enfoque está plenamente integrado en el nuevo acuerdo global sobre pandemias adoptado por la OMS en 2025, tras tres años de intensas negociaciones entre los Estados miembros.
Sophie von Dobschitz, responsable del programa global de COVID-19 y otros coronavirus de la OMS, destacó que este acuerdo "debe entenderse como complementario al RSI" y constituye también un instrumento legal vinculante. "El enfoque One Health está explícitamente incorporado en el acuerdo como una aproximación multisectorial e interdisciplinar que reconoce que la salud de humanos, animales y ecosistemas está interconectada", afirmó.
El acuerdo pone especial énfasis en la vigilancia de patógenos zoonóticos —aquellos que saltan de animales a humanos— y en la prevención en origen. "Supone un cambio conceptual importante: pasamos de reaccionar ante los brotes a prevenirlos antes de que se produzcan en humanos", explicó la experta.
Entre las medidas destacadas figuran el refuerzo de los sistemas de vigilancia en animales y ecosistemas, la integración de datos entre sectores y la identificación de factores de riesgo como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la resistencia antimicrobiana.
Además, el acuerdo reconoce las desigualdades entre países y plantea mecanismos de apoyo para reforzar las capacidades de los más vulnerables. "No podemos esperar que todos los países tengan las mismas capacidades; por eso se prevé apoyo internacional para su implementación", señaló.
Otro de los pilares del nuevo marco es el desarrollo de una fuerza laboral capacitada en enfoque One Health y la mejora de la coordinación multisectorial a nivel nacional. Los países deberán revisar sus planes de preparación frente a pandemias para integrar este enfoque de forma efectiva.
Llevar a cabo acciones concretas
Más allá del marco normativo, los expertos insistieron en la importancia de traducir estos compromisos en acciones concretas. Para ello, se han desarrollado herramientas operativas como evaluaciones externas, simulacros o talleres nacionales de coordinación.
"Responder a brotes en plena crisis es muy difícil; si preparamos previamente a los sectores para trabajar juntos, serán mucho más eficaces cuando llegue el problema", explicó Stéphane de la Rocque, jefe de unidad, Aplicación del enfoque One Health para hacer frente a las enfermedades zoonóticas.
En este contexto, iniciativas como los talleres nacionales de integración (National Bridging Workshops) permiten a decenas de países identificar debilidades y diseñar planes de acción conjuntos. Hasta la fecha, estos programas se han implementado en casi 70 países.
Los resultados muestran que no existe un modelo único válido para todos. "No hay un enfoque 'talla única' en One Health", señaló Guillaume Belot, responsable técnico de evaluaciones de capacidad, planificación y preparación de la OMS, aunque sí se observa un alto potencial de aprendizaje entre países con contextos similares.
En definitiva, tanto el RSI actualizado como el nuevo acuerdo sobre pandemias reflejan una misma conclusión: las amenazas sanitarias del siglo XXI son complejas, interconectadas y globales. "Esta evolución demuestra una verdad que todos reconocemos: las amenazas para la salud están interconectadas, y nuestras respuestas también deben estarlo", concluyó Rajesh.