España, a la vanguardia en investigación en cáncer de mama: terapias más precisas y una atención integral

Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama GM ha entrevistado a Ander Urruticoechea, presidente de GEICAM, quien ha subrayado que la investigación académica independiente es un objetivo claro en este campo

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Con motivo del Día Mundial del Cáncer de mama, Gaceta Médica ha entrevistado a Ander Urruticoechea, presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), miembro de la Unidad de Cáncer de Guipúzcoa-Osakidetza e investigador del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, para conocer las líneas de investigación que están marcando el futuro del abordaje de esta enfermedad.

En un momento de enormes avances, la investigación española se consolida como un referente internacional y refuerza su compromiso con una medicina más personalizada, eficaz y humana.

Según Urruticoechea, "el momento actual es apasionante y muy retador a la vez. España tiene un lugar mundial muy preeminente en investigación en cáncer de mama, y el número y la calidad de ensayos clínicos que se realizan aquí nos permiten contestar preguntas muy interesantes y con impacto real en las pacientes".

El cáncer de mama continúa siendo el tumor más frecuente entre las mujeres a nivel mundial, pero también uno de los que más ha mejorado sus tasas de supervivencia gracias al impulso de la investigación. España ha jugado un papel protagonista en esta evolución, con el trabajo de grupos colaborativos como GEICAM, que desde hace tres décadas lidera estudios clínicos y traslacionales orientados a mejorar el pronóstico y la calidad de vida de las pacientes.

Como destaca el investigador, "en España se realizan más ensayos clínicos de screening que en ningún otro país de Europa, y eso nos permite estar muy satisfechos con nuestro nivel de investigación".

La era de la medicina personalizada en cáncer de mama

Uno de los grandes saltos cualitativos en el tratamiento del cáncer de mama ha llegado con la medicina de precisión, que permite adaptar los tratamientos a las características biológicas de cada tumor. Este enfoque, basado en el conocimiento molecular y genómico, ha permitido mejorar la eficacia de los tratamientos y reducir su toxicidad, un avance que hace apenas una década parecía inalcanzable.

Urruticoechea subraya que "ya no se trata solo de saber si una paciente tiene receptores hormonales positivos o HER2 positivo; hoy hay que analizar múltiples biomarcadores como PI3K, BRCA o mutaciones específicas, y muchas veces de manera repetida".

El uso de biomarcadores se ha convertido en una herramienta esencial para identificar qué pacientes se beneficiarán más de determinados fármacos. En paralelo, los ensayos clínicos están explorando nuevas combinaciones de terapias dirigidas e inmunoterapias, especialmente en subtipos agresivos como el cáncer de mama triple negativo o el HER2 positivo.

"El gran éxito que hemos tenido —explica Urruticoechea— ha sido trasladar a la clínica fármacos desarrollados a partir de biomarcadores, en lugar de usar la prueba y error de antes. Esto ya está cambiando la manera de tratar a las pacientes y es medicina personalizada en acción".

Estos avances no solo prolongan la supervivencia, sino que están cambiando la manera de concebir el cáncer de mama, que cada vez se entiende menos como una enfermedad única y más como un conjunto de entidades diferentes que requieren estrategias terapéuticas individualizadas.

"Queremos curar a más pacientes con menos toxicidad y, para aquellas con enfermedad metastásica, mejorar la supervivencia y la calidad de vida", añade.

Más allá del tratamiento: prevención, detección y calidad de vida

La investigación en cáncer de mama no se limita a desarrollar nuevos fármacos. La prevención y la detección precoz siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir la mortalidad.

Urruticoechea destaca que "los programas de cribado deben evolucionar hacia una estratificación del riesgo: hay mujeres que podrían hacerse una mamografía cada cinco años y otras que necesitarían seguimiento anual con diferentes técnicas, como ecografía o resonancia. Esto requiere ensayos complejos y apoyo gubernamental".

Otro ámbito prioritario es la calidad de vida de las supervivientes. Los avances terapéuticos han aumentado la supervivencia, pero también han puesto sobre la mesa nuevos desafíos: efectos secundarios a largo plazo, impacto psicológico y necesidad de seguimiento integral tras el tratamiento.

"El modelo tradicional de seguimiento continuo de la oncóloga o el oncólogo es inviable hoy, por volumen y duración. Debemos innovar en organización asistencial y colaborar con agentes extra sanitarios, como psicólogos, nutricionistas o expertos en deporte, para atender a estas pacientes de manera integral", explica el investigador.

Mirando hacia el futuro

El futuro de la investigación en cáncer de mama pasa por la integración de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, el big data o la biopsia líquida. Estas herramientas permitirán diagnósticos más tempranos, monitorización en tiempo real y tratamientos cada vez más personalizados.

"La inteligencia artificial ya está ayudando a precisar pruebas de imagen y a analizar biopsias, prediciendo biomarcadores sin necesidad de múltiples pruebas", asegura Urruticoechea. Además, permitirá explotar grandes volúmenes de datos clínicos para predecir recaídas o respuestas a terapias, aunque aún es un reto complejo.

Asimismo, la investigación académica independiente, que no siempre depende de la industria farmacéutica, sigue siendo un objetivo prioritario. "Necesitamos potenciar la investigación que define nuevas poblaciones de pacientes o estudia estrategias preventivas, incluso si no hay un interés comercial directo. Es difícil de financiar, pero grupos cooperativos como GEICAM trabajamos para que estos proyectos sean posibles", recalca.

La próxima década, coinciden los expertos, será decisiva. Consolidar los avances logrados y trasladar los descubrimientos a la práctica asistencial requerirá colaboración entre grupos de investigación, instituciones sanitarias, industria y administraciones públicas. Solo así se podrá mantener el ritmo de innovación que ha permitido al cáncer de mama convertirse en uno de los campos más dinámicos de la oncología moderna.

La próxima década será decisiva. Consolidar los avances y trasladar los descubrimientos a la práctica asistencial requerirá colaboración entre grupos de investigación, instituciones sanitarias, industria y administraciones públicas. Solo así se podrá mantener el ritmo de innovación que ha permitido al cáncer de mama convertirse en uno de los campos más dinámicos de la oncología moderna.

Como concluye Urruticoechea: "Estamos en un momento apasionante, pero aún tenemos retos enormes, especialmente en seguimiento de supervivientes, financiación académica y personalización de la prevención y los tratamientos. Son desafíos que nos motivan a seguir avanzando".


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