Éxito en enfermedades transmisibles y retroceso en crónicas: las dos caras del Informe de Resultados de la OMS

El Informe de Resultados del PGT13 revela un avance histórico en el acceso a la salud, pero advierte que el recorte de fondos y la falta de financiación flexible comprometen los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030

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El cierre del año 2025 marca un punto de inflexión para la Organización Mundial de la Salud (OMS). En su reciente Informe de Resultados, el organismo ha logrado demostrar que, pese a las restricciones presupuestarias que afectan al sector sanitario global, el impacto de sus políticas ha alcanzado cuotas récord.

Bajo el marco del Decimotercer Programa General de Trabajo (PGT13), la OMS ha conseguido mejoras cuantificables en la vida de millones de personas, aprovechando su liderazgo técnico en un momento de transición hacia una nueva estrategia operativa. Sin embargo, el documento que se presentará en la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud no es solo una celebración de logros; es también un aviso urgente sobre la fragilidad del sistema.

El éxito del "Triple Mil Millón" en cifras

El análisis técnico del informe se articula en torno a los tres objetivos estratégicos que han guiado a la organización desde 2018. El avance más significativo se registra en la promoción de poblaciones más sanas, donde se estima que 1.750 millones de personas adicionales disfrutan hoy de una mejor calidad de vida. Este incremento, que sumó 300 millones de personas solo en el último año, se debe fundamentalmente a la implementación de normativas globales sobre la reducción del consumo de tabaco, el acceso a energías limpias en los hogares y la mejora de los sistemas de saneamiento. No obstante, el informe reconoce que el camino hacia una cobertura sanitaria universal real sigue encontrando obstáculos estructurales en la financiación de los sistemas nacionales.

En cuanto al acceso a servicios esenciales, los datos de 2025 revelan que 567 millones de personas adicionales han logrado ser atendidas sin incurrir en gastos catastróficos. Este progreso, aunque sustancial, es desigual. Mientras que la cobertura en enfermedades transmisibles como el VIH o la tuberculosis ha experimentado una expansión notable, la vigilancia de patologías como el sarampión y el manejo de enfermedades crónicas como la diabetes presentan lagunas preocupantes.

La OMS subraya que, para consolidar estos avances, es imperativo que los países no solo aumenten su inversión, sino que refuercen sus infraestructuras de atención primaria, el verdadero cuello de botella de la salud global.

Fortalecimiento de la seguridad sanitaria

La protección frente a emergencias es el segundo pilar donde la organización ha demostrado una ventaja comparativa clara. En un mundo aún convaleciente y alerta tras las crisis pandémicas recientes, 698 millones de personas adicionales están hoy mejor protegidas contra amenazas sanitarias en comparación con 2018. Este fortalecimiento responde a la adopción del Acuerdo sobre Pandemias y a las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional, herramientas que han permitido una respuesta más coordinada. Durante 2025, la OMS gestionó 66 emergencias en 88 países, destacando su capacidad operativa en zonas de conflicto, como lo demuestran las 33 millones de consultas médicas facilitadas en Gaza a través de su red de socios.

A pesar de esta eficiencia en la respuesta rápida, el informe admite dificultades en áreas de implementación compleja. La erradicación de la poliomielitis y la vigilancia epidemiológica avanzada en entornos con recursos limitados siguen siendo asignaturas pendientes. La causa es, nuevamente, la limitación operativa: los recortes han reducido la capacidad de recursos humanos de la Secretaría de la OMS, lo que se traduce en un apoyo técnico limitado sobre el terreno y una ralentización en la ejecución de programas de prevención a largo plazo.

El reto de la financiación estratégica

Uno de los puntos más críticos para los gestores sanitarios es la estructura del presupuesto de la organización. El informe de 2025 señala una preocupación persistente: la excesiva dependencia de la financiación temática. Gran parte de los fondos recibidos por la OMS están destinados a áreas específicas por voluntad de los donantes, lo que impide una asignación estratégica y flexible basada en las prioridades reales de salud pública. Esta rigidez financiera limita la capacidad de la organización para responder a desafíos emergentes o para fortalecer los sistemas de salud de manera integral en los países más necesitados.

De cara a la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud, el mensaje de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización es claro: el éxito técnico de la OMS no puede darse por sentado. La transición hacia el próximo ciclo estratégico exige un modelo de financiación sostenible que permita proteger los logros alcanzados.

Sin una inversión constante y flexible, los avances en áreas críticas como la salud mental —donde la cobertura nacional ha subido del 28 % al 48 % en el último sexenio— o la vacunación contra el VPH corren el riesgo de estancarse. El informe concluye que la salud como derecho universal solo será posible si el respaldo económico global está a la altura de los desafíos técnicos del siglo XXI.


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