Los factores de riesgo modificables marcan la diferencia en patologías como la demencia y el ictus

El estudio, impulsado por IDIVAL dentro del programa europeo JADE Health, identifica importantes déficits en control de factores de riesgo y estilos de vida en población de 40 a 70 años

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Las enfermedades neurológicas continúan consolidándose como uno de los principales desafíos sanitarios globales. Actualmente, representa la principal causa de discapacidad y la segunda causa de muerte en el mundo, un impacto que se intensifica en un contexto de envejecimiento progresivo de la población. En este escenario, la demencia y el ictus destacan por su elevada carga clínica, social y económica. Sin embargo, lejos de ser inevitables, una proporción significativa de estos casos podría prevenirse mediante intervenciones dirigidas a factores de riesgo modificables.

En esta línea, un estudio desarrollado en Cantabria advierte del peso que tienen estos factores en la aparición de ambas patologías y subraya el potencial de la prevención como estrategia clave de salud pública. La investigación se enmarca en el proyecto "Prevenir la demencia y el ictus: análisis de factores de riesgo modificables en la población de Cantabria", impulsado por el grupo de Enfermedades Neurodegenerativas del Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla.

La iniciativa forma parte de JADE Health (Joint Action for Dementia), una acción conjunta europea cofinanciada por la Unión Europea en la que participan 17 países. Su objetivo es reforzar la prevención, la detección precoz y la atención de los trastornos cognitivos y neurovasculares.

El programa, iniciado en enero de 2025 y con una duración prevista de 36 meses, combina intervenciones tanto en los sistemas sanitarios como en la población general. Entre sus líneas de acción destacan la mejora de la educación sanitaria y la reducción del estigma asociado a estas enfermedades, dos elementos clave para avanzar hacia un abordaje más integral.

Alta prevalencia de factores de riesgo vascular

El análisis se basa en los datos de Cohorte Cantabria, un amplio estudio poblacional liderado por IDIVAL que incluye información clínica, variables socioeconómicas y muestras biológicas de 50.000 personas de entre 40 y 70 años.

Los resultados ponen de relieve una elevada presencia de factores de riesgo vascular en la población. En concreto, el 13,6% de los participantes presenta hipertensión, el 4,2% diabetes y el 2% fibrilación auricular. A estos datos se suma una prevalencia de obesidad del 26,5%.

Especialmente relevante es el hallazgo de niveles elevados de colesterol en el 53,2% de los participantes. Esta cifra incluye tanto casos no diagnosticados como situaciones de control insuficiente, lo que sugiere la existencia de problemas de infradiagnóstico e infratratamiento que podrían estar limitando la efectividad de las estrategias preventivas actuales.

Estilos de vida: amplio margen de mejora

Más allá de los factores clínicos, el estudio evidencia importantes déficits en los hábitos de vida de la población analizada. Más de la mitad de los participantes (52,4%) se consideran físicamente inactivos según los criterios de la Organización Mundial de la Salud, que recomienda al menos 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad vigorosa semanal.

En el ámbito nutricional, el 55,2% muestra baja adherencia a una dieta baja en grasas y el 37,9% a la dieta mediterránea, patrón alimentario ampliamente respaldado por la evidencia científica por sus beneficios cardiovasculares y neurológicos.

Asimismo, el consumo de sustancias nocivas sigue siendo significativo: el 31,5% de los participantes se declara fumador activo y el 5,5% presenta un consumo excesivo de alcohol. Estos datos refuerzan la necesidad de intensificar las políticas de promoción de estilos de vida saludables.

El estudio también analiza variables específicas relacionadas con el riesgo de demencia. Entre ellas destaca el nivel educativo: un 21,9% de los participantes presenta baja escolarización (ocho años o menos de educación formal), un factor vinculado a menor reserva cognitiva. No obstante, la evidencia sugiere que la estimulación cognitiva a lo largo de la vida puede mitigar parcialmente este riesgo.

Otro elemento relevante es la pérdida auditiva, presente en el 5,1% de la muestra. Este factor, cada vez más reconocido en la literatura científica, es potencialmente modificable, ya que su impacto puede reducirse significativamente mediante el uso de audífonos y otras intervenciones.

Implicaciones para la salud pública

Los investigadores destacan que estos hallazgos confirman la existencia de un amplio margen de mejora en la salud cerebral de la población. En este sentido, la evidencia acumulada apunta a que hasta el 80% de los ictus y alrededor del 40% de los casos de demencia podrían prevenirse mediante el control de factores de riesgo modificables.

Los datos obtenidos en Cantabria se integrarán en las actividades de JADE Health para desarrollar modelos epidemiológicos que permitan estimar el número de casos potencialmente evitables tanto a nivel regional como europeo.

En conjunto, el estudio refuerza la necesidad de impulsar estrategias de prevención basadas en la evidencia, adaptadas a las características de cada población y orientadas tanto a la intervención clínica como a la promoción de hábitos saludables. En un contexto de creciente presión sobre los sistemas sanitarios, la prevención emerge así como una herramienta esencial para reducir la carga de las enfermedades neurológicas y mejorar la calidad de vida de la población.


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