El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a determinadas estructuras del cerebro, especialmente aquellas relacionadas con el movimiento. Su impacto principal se manifiesta en problemas motores: lentitud al moverse, dificultades para caminar o para realizar tareas simples con las manos. Estos síntomas empeoran con el tiempo, ya que la enfermedad es progresiva. El especialista en Neurología del HM Hospitales, Álvaro Sánchez Ferro, explica a Gaceta Médica en el Día Mundial del Parkinson cuáles son los tratamientos más avanzados en la terapia contra el Parkinson.
"Existen tratamientos más avanzados para fases posteriores de la enfermedad, cuando los fármacos orales ya no son suficientes", afirma el neurólogo. Un ejemplo que explica es la bomba de infusión subcutánea, que administra la medicación de forma continua, imitando mejor la liberación natural de dopamina por el cerebro. Este sistema permite un control más estable de los síntomas.
También se ha explorado el uso de ultrasonidos focales para tratar el temblor, pero aunque es una "tecnología prometedora", todavía hay debate sobre su eficacia y seguridad, ya que implica lesiones irreversibles en zonas del cerebro. "Por el contrario, otras opciones como la estimulación cerebral profunda, aunque más invasivas, permiten ajustar la terapia una vez implantadas", afirma Sánchez Ferro.
"Otras opciones como la estimulación cerebral profunda, aunque más invasivas, permiten ajustar la terapia una vez implantadas"
Por su parte, el neurólogo destaca estudios donde se están empezando a ver resultados "esperanzadores". "Por ejemplo, hay investigaciones que se centran en eliminar los depósitos anormales de proteínas en el cerebro, como la alfa-sinucleína, que se cree que dañan las neuronas. Recientemente, un fármaco en fase 2 de ensayo clínico, llamado Synautopan, desarrollado por Roche, ha mostrado resultados prometedores. Aunque el efecto observado ha sido modesto, es la primera vez que un tratamiento parece tener un impacto real en el curso de la enfermedad, no solo en los síntomas", asegura el experto.
En la misma línea, "hay interés por los medicamentos para la obesidad", como los agonistas del GLP-1, que declara que han mostrado "cierto potencial neuroprotector": "Aunque algunos ensayos recientes no han dado los resultados esperados, es un campo de investigación que sigue muy activo". Sánchez Ferro asegura que probablemente el futuro del tratamiento del Parkinson pase por combinar distintas vías terapéuticas, al estilo de lo que ya ocurre en el tratamiento del cáncer, para lograr efectos acumulativos.
Otros efectos del Parkinson
Además de los síntomas motores, Sánchez Ferra afirma que también pueden aparecer otros más variables, dependiendo del paciente: "Por ejemplo, pueden presentarse cuadros de depresión, ansiedad, pérdida del olfato, estreñimiento u otros síntomas no motores. Mientras que los problemas motores suelen estar presentes en la mayoría de los casos, los síntomas no motores varían más de una persona a otra".
Asimismo, el neurólogo explica que una forma de clasificar dentro del Parkinson es dependiendo de los síntomas. "Hay formas en las que predomina el temblor —lo que llamamos formas temblóricas—, y otras en las que predomina la rigidez o la lentitud, conocidas como formas aquinéticas o acinéticas. También existen presentaciones más raras, con alteraciones principalmente en la postura o en la marcha. Estas clasificaciones, aunque no son absolutas, nos ayudan a anticipar la evolución del paciente. Por ejemplo, se sabe que algunas formas evolucionan más lentamente que otras", declara el experto.
"En los primeros estadios, puede bastar con una sola pastilla al día o incluso un parche. Pero a medida que la enfermedad avanza, los tratamientos se vuelven más complejos"
La cantidad de medicación dentro de esta enfermedad neurodegenerativa varia en función de la fase en la que se encuentre el paciente: "En fases iniciales, no es tanto", asegura el neurólogo. Explica que suelen empezar con dos grandes grupos de medicamentos: los agonistas dopaminérgicos y la levodopa. "En los primeros estadios, puede bastar con una sola pastilla al día o incluso un parche. Pero a medida que la enfermedad avanza, los tratamientos se vuelven más complejos".
Lo habitual es que los pacientes acaben tomando una combinación de varios fármacos, en varias tomas diarias, lo que puede suponer entre siete y nueve pastillas al día. "Aun así, esto también tiene su lado positivo: hoy disponemos de opciones terapéuticas que mejoran significativamente la calidad de vida de los pacientes", declara Sánchez Ferro.
Levodopa
Una de los fármacos que se receta a las personas que padecen Parkinson es la Levodopa: "Fue desarrollada en 1957 y sigue siendo el tratamiento estándar por su alta eficacia en el control de síntomas". A pesar de su antigüedad, el experto incide en que aún no ha encontrado otro fármaco que la sustituya por completo.
Entre sus efectos secundarios, los más frecuentes, especialmente al inicio, son las náuseas. "Este efecto no se debe a un problema digestivo, sino a cómo actúa la dopamina en el cerebro, donde también interviene en el reflejo del vómito. Por eso, se suele iniciar el tratamiento de forma progresiva y, si es necesario, se añaden medicamentos para controlar las náuseas", afirma el neurólogo.
Otro efecto que aparece con el tiempo son las fluctuaciones motoras: el fármaco empieza a perder efectividad entre tomas o, por el contrario, produce efectos excesivos como movimientos involuntarios, llamados disquinesias. "Estos problemas son más comunes en pacientes jóvenes y es algo que intentamos prevenir ajustando bien el tratamiento", asegura el experto.
"Lo que se espera a medio o largo plazo es poder combinarla con nuevos medicamentos que no solo controlen los síntomas, sino que también ralenticen la progresión de la enfermedad", afirma Sánchez Ferro. El objetivo final, por supuesto, "sería poder detener el Parkinson o incluso curarlo, pero aún no estamos ahí", concluye.