Fracturas, dependencia y pérdida de calidad de vida: radiografía de la osteoporosis, una «epidemia silenciosa»

Casi tres millones de personas padecen la enfermedad en España, muchas sin diagnóstico: abordamos el manejo, tratamiento y su impacto con especialistas y pacientes

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La osteoporosis es la enfermedad más frecuente entre las patologías metabólicas óseas en España. Se trata de una enfermedad crónica y progresiva que debilita la estructura ósea y aumenta de forma significativa el riesgo de fracturas por fragilidad, especialmente en mujeres tras la menopausia, aunque también afecta a hombres y a personas de edad avanzada.

Según los últimos estudios, cerca de tres millones de personas padecen osteoporosis en España, muchas de ellas sin diagnóstico. Cada año se registran en España alrededor de 330.000 fracturas por fragilidad cada año, de las cuales 72.600 son fracturas de cadera.

La enfermedad suele pasar desapercibida hasta que se produce su principal manifestación clínica: la fractura, habitualmente de cadera, vértebras o muñeca, incluso tras traumatismos de bajo impacto. Las fracturas no solo comprometen la autonomía y la calidad de vida de los pacientes, sino que también se asocian a un aumento significativo de la morbimortalidad, especialmente en el caso de las fracturas de cadera. A ello se suma un importante impacto emocional, social y funcional, tanto para los pacientes como para su entorno.

Guillermo Martínez, jefe de la Sección de Endocrinología y responsable de la Unidad de Metabolismo Óseo del Hospital Universitario 12 de Octubre, y José Carlos Bastida Calvo, responsable del Grupo de Trabajo en Artrosis-Osteoporosis de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), coinciden en que esta patología debe abordarse con la misma prioridad que otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión.

José Carlos Bastida Calvo
José Carlos Bastida Calvo, responsable del Grupo de Trabajo en Artrosis-Osteoporosis de la SEMG

“Cuando aparece la fractura, el daño ya es muy importante, tanto para el paciente como para el sistema sanitario”, alerta Bastida. Según el experto de la SEMG, que hace referencia a los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la enfermedad, que afecta a una de cada cuatro mujeres y a más del 6% de los hombres mayores de 50 años, “sigue sin detectarse ni tratarse adecuadamente”.

El impacto de estas fracturas va mucho más allá del daño óseo. Se estima que el 20% de los pacientes con fractura de cadera fallece en el año posterior al evento, un tercio queda con invalidez permanente y hasta el 80% pierde la capacidad para realizar actividades básicas de la vida diaria. “Tras una fractura por fragilidad, la mortalidad anual se acerca al 15%, una cifra incluso superior a la observada tras un infarto agudo de miocardio”, advierte Bastida.

“El gran problema es que tratamos bien el evento agudo, pero no actuamos sobre la causa subyacente, que es la osteoporosis, ni prevenimos nuevas fracturas, especialmente en los dos primeros años, cuando el riesgo es máximo”, lamenta el especialista.

Tratamiento y abordaje

En cuanto al tratamiento farmacológico, Martínez subraya que existen múltiples opciones eficaces, recogidas en las guías clínicas nacionales e internacionales. “Los tratamientos se clasifican, en general, en fármacos antirresortivos y fármacos osteoformadores”, explica.  

Sin embargo, estima que el verdadero reto no reside tanto en la disponibilidad de tratamientos como en su correcta utilización a largo plazo. “La reducción del riesgo de fracturas solo se consigue con un seguimiento prolongado y una buena adherencia al tratamiento”, insiste Martínez, quien recuerda que el abordaje farmacológico debe ir acompañado de un aporte adecuado de calcio y vitamina D.

Bastida coincide con Martínez en la necesidad de reforzar las estrategias dirigidas a mejorar el seguimiento y la adherencia al tratamiento en osteoporosis. En este sentido, subraya la importancia de realizar una evaluación periódica de la adherencia y la persistencia terapéutica, “identificando las barreras existentes y facilitando estrategias para superarlas”, entre las que cita la “simplificación de la pauta terapéutica, la educación del paciente o la puesta en marcha de programas de atención al paciente”.

Guillermo Martínez
Guillermo Martínez, jefe de la Sección de Endocrinología y responsable de la Unidad de Metabolismo Óseo del Hospital 12 de Octubre

El experto añade que un abordaje eficaz debe incluir la monitorización de la respuesta al tratamiento mediante densitometría y analítica, así como una comunicación fluida con los pacientes sobre su tratamiento y los autocuidados. “Es clave tener en cuenta al paciente en la toma de decisiones compartidas, garantizar que la información sea comprensible y adecuada al formato, y conocer el grado de entendimiento que tiene de su patología”, señala. 

Asimismo, defiende el desarrollo de programas de atención al paciente con osteoporosis y la necesidad de “asegurarse de que el paciente ha entendido correctamente las indicaciones y valorar de forma periódica el cumplimiento y la persistencia del tratamiento”.

A pesar de ello, la brecha terapéutica sigue siendo muy elevada. No se puede asumir que una fractura relacionada con la edad es algo normal y no tratarla, cuando existen tratamientos eficaces para reducir el riesgo de nuevas fracturas”, subraya Bastida, a quien completa Martínez: “Se estima que entre el 60% y el 64% de los pacientes con alto riesgo de fractura no están recibiendo tratamiento”.

Para cerrar esta brecha, el endocrinólogo de SEMG defiende la implicación de profesionales sanitarios, gestores y administraciones, así como el impulso de Unidades de Coordinación de Fracturas (FLS): “Permiten identificar activamente a los pacientes con fracturas osteoporóticas, iniciar el tratamiento adecuado y coordinar el seguimiento con Atención Primaria”.

El papel de Atención Primaria

Precisamente desde AP, Bastida señala que se enfrentan a múltiples obstáculos: falta de formación específica, escasa identificación de factores de riesgo, dificultades de coordinación entre niveles asistenciales y una “confusión importante” por la existencia de múltiples guías clínicas no siempre alineadas.

José Luis Baquero Úbeda
José Luis Baquero Úbeda, coordinador de Responsabilidad Social Corporativa, Relaciones Institucionales y Acceso de OAFI

“En AP debería valorarse siempre el riesgo de fractura en pacientes mayores de 50 años, utilizando herramientas como FRAX o densitometría, e iniciar tratamientos eficaces cuando el riesgo es elevado”, propone. Para ello, considera imprescindible reforzar la formación, incorporar la detección sistemática del riesgo en los protocolos asistenciales y mejorar la coordinación con el ámbito hospitalario.

Una enfermedad invisible

Más allá de los datos clínicos, la osteoporosis tiene un impacto profundo y sostenido en la vida diaria de quienes la padecen. Así lo explican los pacientes, quienes denuncian que la enfermedad sigue infravalorada, infradiagnosticada y tratada de forma insuficiente.

José Luis Baquero Úbeda, coordinador de Responsabilidad Social Corporativa, Relaciones Institucionales y Acceso de OAFI (Osteoarthritis Foundation International), pone un ejemplo: en fases avanzas, esta enfermedad hace que “acciones tan cotidianas como sentarse pueden provocar aplastamientos vertebrales”.

El principal temor para los pacientes lo expone Baquero: “Lo que más preocupa es el riesgo de fracturas, el dolor crónico, la pérdida de independencia y el deterioro progresivo de la calidad de vida”. En la misma línea, Carmen Sánchez, tesorera de AECOS (Asociación Española contra la Osteoporosis), califica la enfermedad como “la epidemia silenciosa”.  

Carmen Sánchez

Sánchez ahonda en cómo la enfermedad altera de forma significativa la autonomía personal. “Los familiares empiezan a tenerlo en cuenta porque los movimientos ya no son tan rápidos y la persona necesita ayuda para determinadas funciones”, apunta, a lo que continúa: “En fases avanzadas causa discapacidad y requiere un abordaje como enfermedad crónica y degenerativa”.

Carmen Sánchez, tesorera de AECOS

Entre los principales mitos que rodean a la osteoporosis, y al margen de aquel que sugiere que solo afecta a las mujeres, Baquero destaca la falsa creencia de que se trata de una enfermedad curable. “Hoy en día esto no es posible, es imposible revertir totalmente su avance”.

En cuanto a los tratamientos, los pacientes reconocen su necesidad cuando existen factores de riesgo. “El tratamiento, tanto farmacológico como no farmacológico, es imprescindible, incluso en fases previas como la osteopenia, donde también pueden producirse fracturas”, afirma Baquero, quien resume los retos pendientes: “Educación en hábitos saludables desde edades tempranas, prevención y diagnóstico precoz”.

Prevenir, diagnosticar a tiempo y tratar de forma adecuada son las claves para evitar que la osteoporosis siga siendo la “epidemia silenciosa”. Si nada cambia, se estima que supondrá 5.500 millones de euros para el Sistema Sanitario, principalmente por hospitalizaciones y cirugías, en 2030.


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