Gripe aviar y salud global: la FAO pide una respuesta urgente bajo el enfoque One Health

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura insta a invertir en sistemas de detección precoz y en vacunas para frenar su propagación

gripe aviar
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La gripe aviar altamente patógena (IAAP) es una enfermedad transfronteriza altamente contagiosa con potencial zoonótico que actualmente está afectando tanto a la salud animal como a la humana. Los brotes actuales de IA H5 han afectado gravemente a países de todo el mundo, causando la pérdida de especies raras e importantes de aves silvestres, así como importantes costes sociales y económicos, como la pérdida de medios de vida y la escasez de huevos que se ha experimentado en algunas regiones.

La situación actual pone de relieve la urgente necesidad de mejorar las medidas de control para prevenir la propagación y las mutaciones virales que podrían provocar una pandemia mundial, aseguran desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La IAAP también infecta a mamíferos y seres humanos, lo que supone graves riesgos para la salud pública. Entre los mamíferos infectados se incluyen los gatos domésticos, el ganado vacuno y animales salvajes como zorros y focas. Además, aunque son poco frecuentes, se han registrado casos en personas con contacto cercano con aves o entornos infectados. Hasta finales de mayo de 2025, se han confirmado 70 casos humanos de influenza aviar H5N1 en Estados Unidos, junto a un caso aislado en Canadá, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Relación entre seres humanos y animales

La relación entre los seres humanos y los animales ha sido constante a lo largo de la historia. Los animales no solo proveen recursos esenciales como alimentos, vestimenta, medios de transporte y sustento económico, sino que también ofrecen compañía y desempeñan un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, con el crecimiento de la población, la urbanización acelerada y el aumento de la producción ganadera a nivel mundial, humanos y animales comparten hoy más espacios que nunca.

En este contexto, la sanidad animal adquiere una importancia crucial: el bienestar de los animales tiene un impacto directo en la salud humana. Vigilar de cerca la salud de las poblaciones animales y detectar posibles brotes de enfermedades permite salvar vidas, evitar pérdidas económicas y frenar la propagación de infecciones. Esto es válido tanto para epidemias —cuando una enfermedad se extiende dentro de una región— como para pandemias, que afectan a nivel global.

Así, una de las amenazas más serias en este ámbito es la gripe aviar. Ante este desafío, la FAO trabaja activamente para proteger a los animales y reducir el riesgo de transmisión a los seres humanos. Por ello, esta organización detalla cuatro aspectos clave sobre la gripe aviar y las acciones que está desarrollando la FAO para hacerle frente.

Una amenaza transfronteriza que afecta a múltiples especies

La gripe aviar afecta principalmente a aves silvestres y domésticas, pero su impacto va mucho más allá. El actual brote mundial de gripe aviar altamente patógena H5N1, que comenzó a finales de 2020, se ha caracterizado por su alta contagiosidad y una elevada mortalidad entre las aves de corral. La propagación del virus no se limita al entorno avícola: también se han documentado casos en mamíferos como zorros, focas, pumas e incluso en animales domésticos, así como en ganado vacuno.

La extensión de la enfermedad a nuevas especies, incluidas las vacas lecheras, ha generado alarma, ya que puede reducir la producción de leche y, en casos aislados, ha infectado a trabajadores del sector. Además, el brote ha provocado la desaparición de especies de aves silvestres esenciales para los ecosistemas, así como el sacrificio masivo de aves de corral, con consecuencias directas en la seguridad alimentaria y la disponibilidad de productos como los huevos.

Para responder a esta amenaza, la FAO colabora con varias instituciones internacionales en la vigilancia del virus, publica actualizaciones mensuales de situación y elabora guías científicas destinadas a apoyar a los países en la gestión del riesgo sanitario.

Un virus en constante evolución

Uno de los aspectos más preocupantes del virus de la gripe aviar es su capacidad para mutar rápidamente. Al tratarse de un virus de ARN, evoluciona con rapidez y genera nuevas cepas que pueden adaptarse más fácilmente a los mamíferos. Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), los brotes en mamíferos se duplicaron con creces en el último año en comparación con 2023, lo que aumenta el riesgo de transmisión a los humanos.

Los acontecimientos históricos del siglo pasado ofrecen precedentes alarmantes: la pandemia de gripe española de 1918, que causó millones de muertes, se originó a partir de una cepa aviar H1N1, señalan desde la FAO. Estos antecedentes subrayan la importancia de mantener una vigilancia estrecha sobre las mutaciones del virus.

La gripe aviar está presente en todos los continentes

Desde su aparición en Asia en 1996, el virus H5N1 ha dado lugar a múltiples brotes a escala global. Aunque las aves migratorias contribuyen a su propagación transfronteriza, las malas prácticas en la producción avícola siguen siendo un factor crítico para su expansión. Actualmente, el virus se ha detectado en África, América, Asia, Europa e incluso en la Antártida, afectando a la fauna salvaje del continente.

Según los datos de la FAO, desde octubre de 2022 se han registrado más de 3.400 brotes en todo el mundo. Las consecuencias han sido significativas: cuarentenas, restricciones a la movilidad, incremento de los controles sanitarios y sacrificios masivos de animales infectados, todo ello con un fuerte impacto en la industria avícola y en la disponibilidad de proteínas animales.

Así, la organización mantiene una vigilancia constante a través del sistema EMPRES-i, que recopila y difunde información sobre brotes de enfermedades animales, incluido el seguimiento de cepas de gripe aviar altamente patógenas. Además, esta herramienta también facilita el análisis de datos por parte de gobiernos y responsables de políticas sanitarias.

Una respuesta global, coordinada y urgente

La interconexión entre la salud animal, humana, vegetal y ambiental exige un enfoque integral. Por ello, la FAO trabaja conjuntamente con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y las autoridades locales para prevenir, detectar y responder a los brotes.

Esta cooperación incluye la formación de veterinarios y técnicos de laboratorio en la detección temprana y diagnóstico de la enfermedad, lo que permite actuar de forma rápida y contener los focos antes de que se conviertan en crisis sanitarias mayores.

Actuar en origen no solo evita la propagación a gran escala, sino que también ayuda a proteger la seguridad alimentaria y mitigar el impacto económico. A medida que el virus continúa extendiéndose, se vuelve imprescindible reforzar la vigilancia, la capacidad de respuesta y la inversión en sanidad animal como parte de un enfoque de salud pública global.


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