Pese a ser una de las infecciones bacterianas más comunes a nivel global, Helicobacter pylori (H. pylori) continúa siendo una gran desconocida para la mayoría de la población. Se estima que más del 50% de los seres humanos conviven con esta bacteria, capaz de colonizar la mucosa gástrica durante años sin provocar síntomas evidentes. Sin embargo, su presencia puede desencadenar enfermedades graves como la gastritis crónica, úlceras pépticas e incluso cáncer gástrico.
"La teoría más aceptada es que Helicobacter pylori se transmite por vía fecal-oral o oral-oral. Es decir, normalmente la ingerimos por la boca, ya sea por agua o alimentos contaminados o por contacto directo entre personas", explica a Gaceta Médica Gema Fernández Rivas, del Servicio de Microbiología del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). "Se elimina en las heces y, por mecanismos de contaminación cruzada, puede volver a ingerirse", señala.
Aunque la prevalencia varía en función del nivel de desarrollo del país, los datos son sorprendentes. "En los países en vías de desarrollo la prevalencia puede llegar al 60%. En países más industrializados, como España, estamos en torno al 35-40%", detalla la experta, quien añade que "la media mundial se sitúa entre el 50% y el 55%, así que hablamos de una bacteria muy extendida".
"En los países en vías de desarrollo la prevalencia puede llegar al 60%. En países más industrializados, como España, estamos en torno al 35-40%"
Pese a estas cifras, el conocimiento sobre H. pylori entre la población general es limitado. "No es una bacteria de la que se hable mucho, quizás porque no causa infecciones agudas como una neumonía o una infección urinaria", reflexiona Fernández Rivas. "A veces, ni siquiera se conoce cómo se diagnostica o cuándo hay que tratarla. No se le ha dado la importancia que puede llegar a tener".
De la gastritis al cáncer
El principal problema de H. pylori es que su presencia prolongada en el estómago puede producir una inflamación crónica de la mucosa gástrica, es decir, una gastritis crónica. "Esta bacteria vive allí, es su hábitat natural, y puede mantenerse durante años provocando una inflamación leve pero persistente", apunta Fernández Rivas.
Esta gastritis, si no se trata, puede evolucionar hacia complicaciones más graves. "En algunas personas, esta inflamación crónica puede desencadenar lesiones precancerosas o incluso derivar en cáncer gástrico. También se ha asociado con un tipo de linfoma del tejido linfoide asociado a mucosas (linfoma MALT)", señala la portavoz de SEIMC. "Eso no quiere decir que toda persona infectada vaya a desarrollar un cáncer, porque influyen muchos otros factores: genéticos, alimentarios, ambientales… pero la infección es un factor de riesgo reconocido".
"En algunas personas esta inflamación crónica puede desencadenar lesiones precancerosas o incluso derivar en cáncer gástrico. También se ha asociado con un tipo de linfoma del tejido linfoide asociado a mucosas (linfoma MALT)"
Uno de los mayores retos para el control de esta infección es que muchas personas infectadas no desarrollan síntomas. "Hay gente que no presenta ningún síntoma, son portadores asintomáticos. Y quizá son los que infectan a otros sin saberlo", indica Fernández Rivas. “Al no tener molestias, no van al médico, no se diagnostican ni reciben tratamiento, lo que permite que la bacteria se siga transmitiendo”.
La experta destaca que no todas las cepas de H. pylori son iguales: "La bacteria tiene una gran capacidad de mutación. Algunas cepas son más virulentas que otras, y eso también influye en la aparición o no de síntomas. Aún hay muchas sombras que necesitamos esclarecer".
Tratamientos efectivos… pero no siempre fáciles
El tratamiento estándar para erradicar H. pylori consiste en una combinación de antibióticos junto con un inhibidor de la bomba de protones, como el omeprazol. "Suele ser un tratamiento de 14 días con tres o cuatro fármacos diferentes", explica Fernández Rivas. "Aunque es eficaz, no está exento de efectos secundarios: molestias digestivas, sabor metálico en la boca, dolor abdominal… eso hace que algunos pacientes abandonen el tratamiento antes de tiempo".
Este abandono parcial o total del tratamiento conlleva un riesgo importante: la aparición de resistencias. "Uno de los grandes problemas que tenemos es la resistencia a los antibióticos. Es fundamental conocer las tasas locales de resistencia para adaptar las pautas de tratamiento", subraya la microbióloga.
Ante la asociación entre H. pylori y el cáncer de estómago, cada vez hay más voces que plantean la posibilidad de incorporar el cribado de esta bacteria en las estrategias de prevención oncológica. Aunque todavía no forma parte de los programas sistemáticos de salud pública, existen precedentes.
"En países como Japón, donde la incidencia de cáncer gástrico es muy alta, se han realizado estudios que demuestran que la detección y tratamiento de Helicobacter pylori en personas de determinadas edades reduce el riesgo de desarrollar este cáncer", destaca Fernández Rivas. "Los datos son muy favorables y apuntan a que una detección precoz podría tener un impacto real en la prevención del cáncer".
Además, existen métodos diagnósticos no invasivos que podrían facilitar un cribado masivo. "Tenemos el test del aliento y pruebas de antígeno en heces, que son accesibles, sencillas y bastante baratas. El reto sería incorporarlas a un programa estructurado, basado en la evidencia y adaptado a nuestra realidad epidemiológica", señala.
"Tenemos el test del aliento y pruebas de antígeno en heces, que son accesibles, sencillas y bastante baratas. El reto sería incorporarlas a un programa estructurado, basado en la evidencia y adaptado a nuestra realidad epidemiológica"
Retos y perspectivas
Actualmente, el sistema sanitario español dispone de herramientas diagnósticas y tratamientos eficaces para detectar y tratar esta infección. "Desde atención primaria ya se pueden solicitar las pruebas, y en la mayoría de los casos los tratamientos funcionan. Si no, hay alternativas de segunda línea", asegura Fernández Rivas. "El problema no es tanto la capacidad clínica, sino la resistencia creciente y la falta de medidas preventivas a nivel poblacional".
Por el momento, no existe una vacuna frente a H. pylori, aunque algunos grupos de investigación están trabajando en ello. "Todavía están en fases muy iniciales, así que la prevención se basa en limitar la transmisión y en tratar los casos detectados para evitar complicaciones", concluye la experta.