La incidencia de cáncer en menores de 50 años crece: ¿qué factores están detrás de este repunte?

Expertos advierten de un incremento preocupante en la incidencia de cáncer entre adultos jóvenes, siendo la alimentación ultraprocesada y el aumento del sedentarismo algunas de las causas señaladas

cáncer
Añádenos en Google

La incidencia del cáncer en adultos menores de 50 años está aumentando de forma sostenida en muchas partes del mundo. Se trata de una tendencia que inquieta a los sanitarios por sus implicaciones clínicas, sociales y de salud pública. En este sentido, en los últimos años varios estudios internacional han analizado esta situación. Una investigación publicada en la revista The BMJ analizó las tendencias globales desde 1990 hasta 2019 y concluyó que la incidencia y las muertes por cánceres de inicio temprano han aumentado considerablemente a nivel mundial.

En este estudio se determinó también que los cánceres de mama, tráquea, bronquios, pulmón, estómago y colorrectal de inicio temprano presentaron la mayor mortalidad y carga en 2019, mientras que los países con un índice sociodemográfico medio-alto y medio, y las personas de 40 a 49 años se vieron particularmente afectadas. ¿Qué factores están contribuyendo a que esto ocurra? ¿Cómo se puede paliar esta situación?

Según afirma Luis de la Cruz, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla y patrono de la Fundación ECO, en una entrevista con Gaceta Médica, "no hay una sola causa clara, pero sí un conjunto de factores que apuntan a estilos de vida poco saludables como principales responsables".

Un fenómeno multifactorial

"El aumento en personas jóvenes probablemente se deba a una suma de causas", explica De la Cruz. "No podemos hablar de una relación causa-efecto única, pero hay una clara conexión con hábitos dietéticos, sedentarismo, consumo de alcohol, tabaquismo... En definitiva, con un estilo de vida que predispone al desarrollo de tumores a edades más tempranas".

Luis de la Cruz, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla y patrono de la Fundación ECO

En este punto, Isabel Echavarría, secretaria científica de SEOM y oncóloga médico del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, coincide con De la Cruz, "desconocemos las causas exactas, pero probablemente el estilo de vida occidental, cambios en los patrones dietéticos, cada vez más alejados de la dieta mediterránea clásica, con un menor consumo de fruta, verdura y legumbres, consumo de ultraprocesados y la incorporación de los ultraprocesados, el sedentarismo, la obesidad y el sobrepeso; juegan un papel importante".

La alimentación ultraprocesada, el exceso de grasas saturadas, el bajo consumo de fibra y frutas, junto con el aumento del sedentarismo, han sido señalados por diversas investigaciones como factores que alteran el microbioma intestinal, incrementan la inflamación crónica y, con ello, el riesgo de cáncer. "Además", añade el oncólogo del Hospital Universitario Virgen Macarena, "el aumento de pruebas diagnósticas también influye en la detección, pero creemos que ese factor tiene menos peso que los cambios en el estilo de vida".

A juicio del especialista, el mayor acceso a tecnologías diagnósticas podría estar revelando más casos que antes pasaban desapercibidos, pero insiste en que el cambio no se explica solo por eso. "Se trata de tumores que antes eran infrecuentes en menores de 50 años y que ahora vemos con más frecuencia, sobre todo en colon, páncreas y estómago".

En este sentido, Echevarría también añade que "en el cáncer de mama en concreto tienen también que ver los cambios en los hábitos reproductivos, con un menor número de hijos, edad más tardía al primer embarazo y menor lactancia materna".

A los jóvenes se les detecta más tarde

En España todavía no se disponen de datos oficiales al respecto, "pero se está estudiando si este mismo fenómeno se está dando en nuestro país, aunque es verdad que los potenciales factores de riesgo, como la dieta occidental no-mediterránea y obesidad en la infancia, se han instaurado de forma más tardía en España que en otros países y por tanto, debido al periodo de latencia, es posible que aún no veamos su efecto", asegura la oncóloga del Gregorio Marañón.

Por otro lado, uno de los principales desafíos ante este fenómeno es que el cáncer en personas jóvenes suele detectarse en fases más avanzadas. "Los síntomas iniciales pueden pasar más desapercibidos", señala De la Cruz, "porque ni los médicos ni los propios pacientes sospechan inicialmente de un tumor a edades tan tempranas", puntualiza. Síntomas como dolor abdominal, cansancio o anemia pueden confundirse con trastornos menores, lo que retrasa el diagnóstico.

"Aunque existe una mayor conciencia social sobre el cáncer y una mejora en las técnicas diagnósticas, parece que sí existe un incremento real en el número de casos de cáncer en jóvenes, a excepción de algunos cánceres como el cáncer de tiroides, en el que sí parece que el incremento en el diagnóstico se debe a un sobrediagnóstico y no a un incremento real", destaca Echevarría por su parte. "Otros como el cáncer colorrectal, páncreas o mama sí parecen estar incrementando su incidencia en jóvenes", indica.

Isabel Echavarría, secretaria científica de SEOM y oncóloga médico del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid

Además, estas personas no suelen estar incluidas en programas de cribado o detección precoz, como los establecidos para mayores de 50 años en el caso del cáncer colorrectal. "Esto también contribuye a que el diagnóstico llegue más tarde", explica De la Cruz. "Por ejemplo, la prueba de sangre oculta en heces, que es sencilla y eficaz, no se realiza de forma rutinaria en menores de 50 años, salvo que existan antecedentes familiares o síntomas específicos", señala.

Tal y como resume la secretaria científica de SEOM, "con frecuencia los jóvenes reciben un diagnóstico más tardío que los adultos mayores por varios factores: en primer lugar, no están incluidos en los programas de cribado, y por tanto no se diagnostican en fases presintomáticas. Por otro lado, existe una menor conciencia sobre la posibilidad de tener un cáncer y por tanto un retraso en la búsqueda de atención sanitaria una vez que aparecen los síntomas, a lo que en ocasiones se suma un retraso en la derivación a especialistas por no sospechar que los síntomas puedan deberse a un cáncer". 

La agresividad de los tumores también es mayor en muchas ocasiones. "En cáncer de mama se ha observado que los casos que aparecen entre los 25 y 40 años suelen ser del tipo triple negativo, que es más agresivo y con menos opciones terapéuticas dirigidas", detalla el oncólogo de la Fundación ECO.

¿Modificar las estrategias de cribado?

Ante este cambio de paradigma, algunos sistemas de salud ya están adaptando sus estrategias. En Estados Unidos, por ejemplo, la American Cancer Society recomienda desde 2018 iniciar el cribado de cáncer colorrectal a partir de los 45 años, en lugar de los 50, debido al incremento observado en adultos jóvenes.

En España, algunas comunidades autónomas también han comenzado a bajar la edad de inicio del cribado de cáncer de mama. "Ya se están realizando mamografías a partir de los 47 o 48 años en ciertas regiones, lo cual me parece muy pertinente", señala De la Cruz, aunque advierte que "todas estas medidas deben estar respaldadas por evidencia científica y ser coste-efectivas para implementarse de forma generalizada".

En este sentido, Echevarría asegura que "la edad de cribado para los distintos tumores se establece en función de grandes ensayos clínicos que demuestren una reducción de la mortalidad con la realización de pruebas de diagnóstico precoz". Por lo que, "aunque es cierto que la incidencia del cáncer en adultos jóvenes está aumentando, y por tanto podría plantearse adelantarlos, debe demostrarse en ensayos clínicos, y estas técnicas no están exentas de riesgos y en ciertos casos las técnicas convencionales pueden no ser adecuadas en la población más joven, como es el caso de la mamografía en mujeres jóvenes por ejemplo".

Isabel Echavarría, secretaria científica de SEOM y oncóloga médico del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid

Con respecto al cribado de cáncer de mama, la especialista del Gregorio Marañón determina que "ha demostrado reducir la mortalidad entre los 50 y 69 años, y muestra una tendencia a la reducción de la mortalidad con el cribado mamográfico en las mujeres de 39-49 años, aunque los resultados no son concluyentes". Con estos datos, "la Unión Europea recomienda incluir a las mujeres de 45-49 aunque se trata de una recomendación no vinculante y con un grado de evidencia moderado", puntualiza.

Por otro lado, el experto de la Fundación ECO insiste en que pruebas como la de sangre oculta en heces podrían extenderse con facilidad a edades más jóvenes, dado que "es inocua, barata y puede ser rentable también en población menor de 50 años si se seleccionan bien los grupos de riesgo".

Más allá del diagnóstico precoz, la clave está en la prevención. "Es urgente promover campañas que fomenten estilos de vida saludables desde edades tempranas", defiende De la Cruz. La educación sanitaria sobre dieta equilibrada, actividad física, evitar el tabaco y el alcohol, y mantener un peso adecuado puede tener un impacto crucial en el riesgo a largo plazo.

También hace falta más investigación para comprender mejor las causas del aumento de estos tumores. "Es un campo en el que debemos profundizar para establecer estrategias de prevención más eficaces", subraya el oncólogo.

La Fundación ECO, de la que De la Cruz es patrono, trabaja precisamente en mejorar la calidad asistencial oncológica y promover el acceso equitativo a tratamientos y diagnósticos. El aumento de cáncer en adultos jóvenes plantea un nuevo reto para todos los actores del sistema sanitario. "Debemos anticiparnos y adaptarnos porque el cáncer ya no es solo cosa de mayores", concluyó el especialista.


También te puede interesar...