La falta de células plasmáticas de larga vida explica la caída de inmunidad en vacunas COVID-19

Un estudio publicado en Nature señala que la proteína Spike podría estar limitando la producción de células inmunitarias clave

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La deficiencia de las vacunas actuales contra la COVID-19 en la inducción de las células plasmáticas de larga vida (LLPC, por sus siglas en inglés) plantea una oportunidad crucial para la investigación y el desarrollo de nuevas estrategias. Al comprender mejor el comportamiento de la proteína Spike y la interacción con las células B, los científicos podrían estar más cerca de crear vacunas que ofrezcan una protección más duradera y robusta contra el SARS-CoV-2.

Desde que la pandemia de COVID-19 impactó al mundo, los científicos han trabajado arduamente en el desarrollo de vacunas eficaces contra el SARS-CoV-2. A pesar de que estas vacunas han demostrado ser exitosas en la reducción de la gravedad de las infecciones, un fenómeno desconcertante ha surgido: la protección parece desvanecerse rápidamente. La recurrencia de infecciones en personas vacunadas y la necesidad de múltiples dosis de refuerzo han dejado preguntas abiertas sobre la durabilidad de la inmunidad generada por las vacunas actuales. Recientemente, un estudio publicado en Nature Medicine ha señalado a un tipo poco conocido de célula inmunitaria de la médula ósea, LLPC, como un posible factor en la limitada persistencia de la protección contra el SARS-CoV-2.

Las LLPC son un tipo de célula inmune clave en la defensa del cuerpo contra las infecciones virales. Estas células son descendientes de las células B, que son responsables de la producción de anticuerpos. Después de una infección o vacunación, algunas células B se transforman en LLPC, que migran a la médula ósea, donde residen y continúan produciendo anticuerpos a largo plazo. Estos anticuerpos son vitales para brindar una inmunidad duradera, ya que neutralizan patógenos y previenen futuras infecciones.

Deficiencia en la producción de LLPC

El estudio dirigido por los inmunólogos Frances Eun-Hyung Lee y Doan Nguyen de la Universidad Emory ha arrojado luz sobre una falla clave en las vacunas contra la COVID-19. Los investigadores estudiaron a 19 personas que habían recibido entre dos y cinco dosis de vacunas basadas en ARN mensajero (ARNm) contra el SARS-CoV-2, muchas de las cuales también se habían infectado previamente con el virus. El equipo se centró en analizar la presencia de LLPC en la médula ósea de estos individuos.

Sorprendentemente, solo un tercio de los participantes presentaban LLPC capaces de producir anticuerpos contra el SARS-CoV-2, y el porcentaje de anticuerpos específicos era significativamente menor en comparación con otras infecciones virales, como el tétanos y la gripe. A pesar de haber sido vacunados tanto contra el SARS-CoV-2 como contra otros patógenos, los individuos mostraron una baja producción de LLPC específicas para el coronavirus, lo que podría explicar por qué la inmunidad conferida por las vacunas tiende a desvanecerse más rápido de lo esperado.

Proteína Spike

El mecanismo detrás de esta deficiencia no está completamente claro, pero los científicos han propuesto algunas teorías. Una posible explicación está relacionada con la estructura de la proteína Spike (S) del SARS-CoV-2, la cual es el principal objetivo de las vacunas actuales. Las LLPC se generan cuando las células B "ingenuas" reconocen un patógeno y producen anticuerpos. Para desencadenar la producción de LLPC, los receptores en forma de Y de las células B deben unirse a dos proteínas virales cercanas en la superficie del patógeno, en un proceso conocido como "entrecruzamiento". Sin embargo, la proteína Spike del SARS-CoV-2 tiene una disposición superficial que podría dificultar este entrecruzamiento, ya que las espigas están demasiado separadas para ser reconocidas eficientemente por las células B.

Esto podría estar afectando la capacidad del cuerpo para generar LLPC específicas contra el SARS-CoV-2, limitando la durabilidad de la respuesta inmune. Esta hipótesis está respaldada por estudios anteriores que también encontraron una escasez de LLPC específicas para el SARS-CoV-2 en personas infectadas que no habían sido vacunadas.

Mejorar la durabilidad

Los hallazgos sugieren que la clave para mejorar la durabilidad de las vacunas contra la COVID-19 podría estar en cómo se presenta la proteína Spike a las células inmunitarias. Las vacunas actuales de ARNm codifican esta proteína, pero la disposición superficial de las moléculas en las células vacunadas puede no ser óptima para inducir la formación de LLPC.

Los expertos creen que alternativas de diseño podrían presentar la proteína Spike de manera más efectiva, aumentando las probabilidades de entrecruzamiento y la generación de LLPC. Por ejemplo, las partículas similares a virus (VLP, por sus siglas en inglés), que se utilizan en otras vacunas como la del virus del papiloma humano, pueden ofrecer una solución. Estas partículas presentan las proteínas virales en una estructura rígida y bien organizada, lo que ha demostrado inducir respuestas inmunitarias más duraderas. De hecho, una vacuna basada en VLP contra el SARS-CoV-2 fue aprobada en Canadá, aunque su producción fue discontinuada por falta de mercado.

Desafíos

El desarrollo de una vacuna más duradera contra la COVID-19 es un desafío complejo. A pesar de los avances, cualquier nuevo enfoque debe enfrentarse a las barreras regulatorias y comerciales que impone la amplia adopción de las vacunas actuales. No obstante, la necesidad de una protección más duradera y eficaz sigue siendo apremiante, especialmente a medida que el virus continúa evolucionando.

Otras estrategias en desarrollo incluyen el uso de nanopartículas que puedan espaciar las proteínas virales de manera óptima para inducir LLPC. Investigadores como Neil King, de la Universidad de Washington, están trabajando en estas vacunas experimentales, aunque los resultados sobre la durabilidad de la inmunidad aún son inciertos.

Akiko Iwasaki, inmunóloga de la Universidad de Yale, también está investigando una vacuna nasal contra el SARS-CoV-2, que podría administrarse más frecuentemente para superar la rápida caída de la inmunidad. Aunque los desafíos son grandes, las posibilidades de mejorar la inmunidad a largo plazo siguen siendo alentadoras.


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