El mundo ha experimentado un cambio sanitario sin precedentes en las últimas siete décadas. Tres nuevos artículos publicados en la revista The Lancet como parte del estudio Estudio de la Carga Mundial de Enfermedades 2023 (Global Burden of Disease, GBD 2023) ofrecen una radiografía exhaustiva de cómo han evolucionado la mortalidad, la esperanza de vida, las causas de muerte y los factores de riesgo en 204 países y 660 territorios subnacionales entre 1950 y 2023.
Los hallazgos confirman avances notables en la reducción de la mortalidad y en la esperanza de vida global, aunque también alertan sobre el aumento sostenido de las enfermedades no transmisibles (ENT) y los riesgos metabólicos.
Un siglo XXI marcado por la longevidad y la desigualdad
Según el análisis demográfico del GBD 2023, en 2023 se produjeron 60,1 millones de muertes en el mundo, de las cuales 4,67 millones correspondieron a niños menores de cinco años. Aunque el número absoluto de muertes ha aumentado un 35% desde 1950 debido al crecimiento y envejecimiento poblacional, la tasa global de mortalidad ajustada por edad ha caído un 66,6% en el mismo periodo.
La esperanza de vida mundial aumentó drásticamente: de 51,2 años para las mujeres y 47,9 años para los hombres en 1950, a 76,3 y 71,5 años, respectivamente, en 2023. Tras el descenso temporal provocado por la pandemia de COVID-19, los niveles de esperanza de vida regresaron en 2023 a los valores prepandémicos.
No obstante, las desigualdades persisten. Las mujeres viven en promedio más de 14 años más que los hombres en las regiones de altos ingresos, mientras que en África subsahariana la edad media al morir apenas alcanza los 38 años en mujeres y 35,6 en hombres. Estas brechas reflejan profundas diferencias en los determinantes sociales, la cobertura sanitaria y la exposición a riesgos ambientales y ocupacionales.
La COVID-19 reconfiguró el mapa de las causas de muerte temporalmente
El estudio específico sobre las 292 causas de muerte muestra cómo la pandemia alteró drásticamente la jerarquía global de mortalidad. En 2021, la COVID-19 se situó como la principal causa de muerte estandarizada por edad en el mundo, desplazando temporalmente a la cardiopatía isquémica y al accidente cerebrovascular. Sin embargo, en 2023, el SARS-CoV-2 cayó al puesto 20, y las dos primeras causas recuperaron su posición habitual.
A pesar de ello, el impacto de la pandemia dejó una huella duradera: generó una sobrecarga en los sistemas sanitarios, agravó la mortalidad por otras causas y afectó especialmente a las poblaciones vulnerables y con alta prevalencia de enfermedades crónicas.
Entre 1990 y 2023, las tasas de mortalidad ajustadas por edad por enfermedades diarreicas, tuberculosis, cáncer gástrico y sarampión se redujeron de forma sustancial, reflejando los avances en vacunación, acceso a agua segura y tratamientos antimicrobianos. Sin embargo, la mortalidad asociada a trastornos por consumo de drogas, diabetes y conflictos armados mostró un aumento en diversas regiones, especialmente en varones y en países de altos ingresos.
De las enfermedades infecciosas a las crónicas
El tercer análisis del GBD 2023, centrado en 375 enfermedades y lesiones y 88 factores de riesgo, confirma la consolidación de la llamada transición epidemiológica global. Entre 2010 y 2023, el número total de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) aumentó un 6,1%, hasta alcanzar 2.800 millones, pero las tasas estandarizadas por edad descendieron un 12,6%, lo que indica una mejora relativa de la salud mundial pese al crecimiento poblacional.
Las enfermedades no transmisibles son responsables de más del 60% de la carga global de enfermedad. En 2023, la cardiopatía isquémica, el ictus y la diabetes encabezaron la lista, con aumentos preocupantes en los trastornos de ansiedad y depresión, cuyas tasas estandarizadas crecieron un 62,8% y un 26,3%, respectivamente.
Por el contrario, las enfermedades transmisibles, maternas, neonatales y nutricionales (CMNN) mostraron un descenso del 25,8% en sus tasas estandarizadas, impulsado por los progresos en salud maternoinfantil, vacunación y control del VIH y la tuberculosis. Los trastornos neonatales y las infecciones respiratorias bajas continúan siendo las principales causas de AVAD en los menores de cinco años, aunque con reducciones sostenidas desde 2010.
Los riesgos metabólicos, nueva frontera de la salud global
El análisis de los factores de riesgo revela un cambio sustancial en el perfil de amenazas para la salud mundial. En 2023, cerca del 50% de la carga global de enfermedad (1.270 millones de AVAD) fue atribuible a los 88 factores de riesgo estudiados.
Los cinco principales factores fueron:
- Presión arterial sistólica elevada
- Contaminación por partículas finas (PM2.5)
- Glucemia plasmática en ayunas alta
- Tabaquismo
- Bajo peso al nacer y gestación corta
Mientras los riesgos ambientales y conductuales han disminuido significativamente desde 2010 —por ejemplo, el saneamiento inseguro y el agua contaminada se redujeron en más del 50%—, los riesgos metabólicos muestran una tendencia opuesta: aumentaron un 30,7% en número absoluto de AVAD, pese a una ligera reducción de sus tasas estandarizadas. Entre ellos, destacan el índice de masa corporal (IMC) y la glucemia elevada, cuya prevalencia crece en todas las regiones, incluidas las de ingresos bajos y medios.
El estudio subraya que esta "sindemia de enfermedades no transmisibles" —alimentada por la obesidad, la contaminación, los estilos de vida sedentarios y los determinantes sociales— representa el principal desafío sanitario del siglo XXI.
Desigualdad y resiliencia: dos ejes para la acción global
Los investigadores advierten que los progresos en salud global podrían revertirse si no se mantiene la inversión en sistemas sanitarios y programas de prevención. Las reducciones en la ayuda internacional al desarrollo sanitario y el aumento de la carga de ENT amenazan con ampliar la brecha entre países ricos y pobres.
El estudio destaca la necesidad de estrategias integradas que combinen políticas de salud pública con intervenciones sobre los determinantes sociales: reducción de la pobreza, mejora del acceso a la educación, fortalecimiento de los sistemas de salud y expansión de la cobertura vacunal.
Asimismo, se requiere un enfoque renovado hacia la salud mental, cuya carga global crece de forma sostenida, y hacia la preparación ante futuras pandemias. La mejora de los registros vitales y la disponibilidad de datos en tiempo real serán esenciales para guiar las políticas basadas en evidencia.
Las tres publicaciones de The Lancet constituyen la actualización más completa hasta la fecha del panorama de la salud mundial. Más de 310.000 fuentes de datos —desde registros civiles y censos hasta sistemas de vigilancia y estudios epidemiológicos— sustentan los modelos del GBD 2023, que han incorporado avances metodológicos para corregir sesgos y clasificaciones erróneas, como los asociados a las muertes por COVID-19.
Los autores concluyen que la humanidad ha logrado una ganancia neta de casi dos décadas en esperanza de vida desde 1950, pero el progreso no ha sido equitativo ni garantizado. “Las estimaciones robustas de mortalidad y carga de enfermedad son esenciales para orientar las prioridades sanitarias y reducir la mortalidad prevenible”, señalan los investigadores.
En un contexto de envejecimiento poblacional, crisis climática y transición epidemiológica, el GBD 2023 ofrece una hoja de ruta científica para repensar las políticas de salud global. Su mensaje es claro: el progreso sanitario mundial es posible, pero solo si se aborda con una visión de equidad, sostenibilidad y cooperación internacional.