La llegada de nuevas terapias para la enfermedad de Alzheimer marca un punto de inflexión en la forma de abordar esta patología neurodegenerativa. Por primera vez, los fármacos no se limitan a aliviar los síntomas, sino que actúan sobre la causa subyacente, ofreciendo la posibilidad de modificar el curso de la enfermedad. España, donde se estima que más de 800.000 personas viven con demencia, encara así un desafío crucial: adaptar su sistema sanitario para garantizar un diagnóstico precoz, equidad en el acceso y una atención integral a pacientes y familias.
En este contexto y con el Día Mundial del Alzheimer a la vuelta de la esquina (21 de septiembre), la compañía farmacéutica Lilly ha presentado los proyectos mapEA y Alma-Care. Ambos trabajos dibujan una hoja de ruta para anticipar la llegada de los tratamientos modificadores de la enfermedad y preparar tanto a profesionales como a estructuras asistenciales.
Un cambio histórico en el abordaje del alzhéimer
Pablo Martínez Lage, director científico del Centro de Investigación y Clínica Memoria de la Fundación CITA-Alzheimer, subrayó que "los nuevos tratamientos obligan a un cambio de paradigma en la atención al alzhéimer". Según explicó, estos medicamentos solo son efectivos en fases muy iniciales, lo que coloca al diagnóstico precoz en el centro del debate: "Si no llegamos a tiempo, no podremos ofrecer estas terapias a quienes realmente pueden beneficiarse".
El proyecto mapEA ha puesto de relieve las principales barreras en el abordaje temprano de la enfermedad: falta de tiempo en consulta, escasa formación específica y ausencia de recursos suficientes en muchos centros. "No es un problema de falta de voluntad, sino de que el sistema no está todavía preparado para detectar a los pacientes en etapas tan tempranas", señala Martínez Lage.
En esta línea, desde la perspectiva de los pacientes, Jesús Rodrigo, director ejecutivo de CEAFA, apuntó que las necesidades más urgentes por resolver, además de concienciar a la población sobre la observación de los factores de riesgo y su intervención activa sobre ellos, pasan por cubrir "el acceso al diagnóstico temprano, comenzando por eliminar el estigma que todavía hoy existe en el seno de la familia para reconocer determinadas situaciones anómalas como un verdadero problema, continuando por las dificultades de detección y derivación dentro del sistema sanitario que genera importantes listas de espera, así como la dilatación temporal en el acceso a consultas".
"Es fundamental avanzar en el diagnóstico temprano y de precisión y mejorar la gestión del alzhéimer para ofrecer a los pacientes más años de vida autónoma e independiente. Si tomamos ahora las medidas necesarias, y desarrollamos una ruta asistencial sencilla y eficiente, podríamos ayudar a revolucionar el abordaje de la enfermedad de Alzheimer en beneficio de los pacientes y sus familias", señaló José A. Sacristán, director médico de Lilly España y Portugal.
La visión clínica: diagnóstico temprano y equidad
Desde el ámbito hospitalario, Raquel Sánchez-Valle, neuróloga en el Hospital Clínic de Barcelona y coordinadora del Grupo de estudio de conducta y demencias de la Sociedad Española de Neurología, advirtió de que la irrupción de nuevos fármacos obliga a replantear por completo la organización de los circuitos asistenciales. "No basta con tener el medicamento; necesitamos que los pacientes lleguen a tiempo al diagnóstico, que exista un acceso equitativo a las pruebas de biomarcadores y que los equipos estén formados para manejar estas terapias", explicó.
Sánchez-Valle subrayó que el alzhéimer se inicia muchos años antes de que aparezcan los síntomas clínicos evidentes. De ahí la importancia de fortalecer el cribado y las herramientas diagnósticas en la práctica diaria. "Estamos hablando de fármacos que solo se podrán administrar cuando el deterioro es aún muy leve. Eso nos obliga a cambiar nuestra mentalidad y a coordinar mejor todos los niveles de la atención sanitaria", añadió.
En este sentido, uno de los grandes retos es la equidad territorial. "Hoy por hoy, el acceso a pruebas diagnósticas como el PET amiloide o las determinaciones en líquido cefalorraquídeo depende en gran medida del lugar de residencia. Si queremos hablar en serio de terapias modificadoras, debemos garantizar que todos los pacientes, vivan donde vivan, tengan las mismas oportunidades", recalcó el especialista.
El papel clave de la Atención Primaria
El impacto de estas innovaciones no se entendería sin la participación activa de la Atención Primaria, puerta de entrada al sistema sanitario y primer contacto de la mayoría de los pacientes. Pablo Baz, del Grupo de Trabajo de Neurología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), destacó que "el papel de los médicos de familia es fundamental para detectar los primeros síntomas, orientar al paciente en la ruta asistencial y favorecer el diagnóstico precoz".
Baz también recordó que la enfermedad comienza mucho antes de que se manifiesten los signos clínicos. "Según algunos estudios, hasta un 45% de los casos de demencia podrían retrasarse si actuamos sobre los factores de riesgo modificables, como el control de la hipertensión, la diabetes, la depresión, el aislamiento social o el tabaquismo", señaló. Por ello, defiende que la prevención y la promoción de hábitos de vida saludable deben incorporarse de forma sistemática a la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud.
Pero la Atención Primaria arrastra dificultades estructurales que amenazan este papel estratégico. "Hoy en día, la agenda de los centros está centrada casi exclusivamente en la demanda asistencial, lo que deja muy poco margen para la prevención", lamentó Baz. En su opinión, son necesarias campañas ambiciosas de salud pública dirigidas tanto a la población general como a los profesionales de primaria, "para transmitir el mensaje de que retrasar la aparición de la demencia es una tarea que empieza mucho antes de la consulta hospitalaria".
Prevención, formación y nuevas herramientas
Además del diagnóstico precoz, Baz subrayó la necesidad de dotar a la atención primaria de más herramientas de cribado cognitivo: "Pruebas como el fototest o el test de fluidez verbal deberían integrarse en las historias clínicas electrónicas. Esto nos permitiría identificar de forma más precisa a los pacientes que necesitan una evaluación especializada".
El médico de familia también reclamó un enfoque más amplio que incorpore los determinantes sociales de la salud. "El nivel educativo, los ingresos, la vivienda o el acceso a una alimentación saludable influyen de forma directa en el riesgo de demencia. La prevención debe ser comunitaria, porque no solo somos médicos de familia, también somos médicos comunitarios", enfatizó.
A ello se suma la necesidad de reforzar la coordinación entre niveles asistenciales. "Los protocolos actuales dependen mucho del territorio y de la interconexión entre áreas de salud. Eso genera desigualdades. Deberíamos contar con una misma ruta asistencial en todo el país, que permita un acceso ágil a pruebas y tratamientos", sostuvo Baz.
Preparar al sistema para lo que está por llegar
Los expertos coincidieron en que el sistema sanitario debe anticiparse a los cambios que traerán las nuevas terapias. Para Martínez Lage, "es fundamental reforzar la formación de los profesionales, mejorar el acceso a biomarcadores y garantizar circuitos asistenciales que no dejen a nadie atrás". Sánchez-Valle añadió que será necesario invertir en recursos diagnósticos y reorganizar la atención neurológica, "porque la demanda crecerá de forma significativa".
Desde la AP, Baz insistió en que la equidad debe ser una prioridad: "Todos los pacientes, vivan en una gran ciudad o en una zona rural, tienen derecho a beneficiarse de los avances científicos. La llegada de nuevos fármacos nos obliga a repensar el sistema para hacerlo más justo y más eficiente".