En el primer trimestre de 2025 en España han sido 179 los casos confirmados de sarampión (57 importados, 69 relacionados y 53 más de origen desconocido o en investigación), siendo Andalucía, País Vasco, Cataluña y Melilla las comunidades más afectadas. Aunque la tasa de vacunación se sitúa globalmente en un 97% para la primera dosis y 94–95% para la segunda, algunas comunidades autónomas aún están por debajo del umbral del 95%, lo que contribuye a la aparición de focos localizados.
En este contexto, nuestro país cuenta con un plan nacional para consolidar la eliminación del sarampión y la rubeola, dos enfermedades infecciosas altamente transmisibles que, pese a ser prevenibles mediante vacunación, siguen provocando brotes en distintas regiones del mundo. Aunque en 2016 y 2015, respectivamente, la Comisión Regional de Verificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que España había eliminado la transmisión endémica de sarampión y rubeola, el Ministerio de Sanidad mantiene activa una estrategia integral, alineada con los estándares internacionales, para proteger a la población ante posibles reintroducciones del virus.
El "Plan Estratégico para la Eliminación del Sarampión y la Rubeola en España 2021-2025" actualiza iniciativas previas en esta materia y establece un marco estructurado en tres grandes líneas de actuación: reforzar la inmunidad de la población, fortalecer el sistema de vigilancia epidemiológica y consolidar las estrategias de comunicación, formación y asesoría dirigidas a profesionales y ciudadanía.
Claves del Plan: vacunación, vigilancia y formación frente al sarampión
El corazón del plan es la vacunación. España dispone de dos vacunas altamente efectivas: la triple vírica, que protege frente al sarampión, la rubeola y las paperas, y la tetravírica, que añade inmunización frente a la varicela. La pauta habitual contempla dos dosis, administradas a los 12 meses de edad y entre los 3 y 4 años. También se recomienda vacunar con dos dosis a todas las personas nacidas a partir de 1970 que no tengan constancia de haber completado la vacunación en su infancia.
Uno de los principales objetivos del plan es lograr y mantener una cobertura vacunal igual o superior al 95% con dos dosis en todas las comunidades autónomas y en las ciudades de Ceuta y Melilla. Alcanzar este umbral es fundamental para asegurar la inmunidad de grupo y evitar la propagación del virus en caso de introducción a través de viajeros o población migrante.
El plan también subraya la necesidad de mejorar la captación de personas susceptibles no vacunadas, especialmente en colectivos vulnerables o en zonas donde las coberturas están por debajo del estándar recomendado. Para ello, se están implementando herramientas de seguimiento más eficientes, como los sistemas de información de vacunación (SIV) con capacidad para registrar datos en tiempo real, generar avisos automáticos, gestionar inventarios y registrar posibles eventos adversos. Esta digitalización permite a las autoridades sanitarias actuar de forma más rápida y dirigida, y facilitar la identificación de focos de riesgo a nivel local.
Sin embargo, la vacunación sistemática por sí sola no basta. El plan contempla también una estrategia complementaria para identificar y vacunar a los individuos que no fueron inmunizados en su momento, ya sea por razones ideológicas, religiosas, sociales o por falta de acceso al sistema sanitario. El objetivo es cerrar todas las posibles brechas de inmunidad que podrían favorecer un brote. El segundo estudio de seroprevalencia en España, realizado entre 2017 y 2018, estimó que más de 1,4 millones de personas nacidas a partir de 1968 eran susceptibles de padecer sarampión, lo que refuerza la importancia de esta medida.
Vigilancia epidemiológica robusta
Además de garantizar la inmunidad, el plan establece una vigilancia epidemiológica robusta, especialmente relevante en una fase de eliminación donde los casos son escasos pero deben ser tratados con la máxima rapidez y precisión. El sarampión y la rubeola son enfermedades de declaración obligatoria en España. La vigilancia se coordina a través de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE), gestionada por el Instituto de Salud Carlos III en colaboración con el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas. Cada caso sospechoso debe ser notificado de forma inmediata y sometido a una investigación exhaustiva que incluye análisis clínico, epidemiológico y de laboratorio. Este enfoque permite identificar la circulación del virus, detectar brotes tempranamente y aplicar medidas de control adaptadas a cada contexto.
Una de las claves de esta vigilancia es la labor del Laboratorio Nacional de Referencia para Sarampión y Rubeola, encargado de realizar la caracterización molecular de los virus detectados y de reportar esta información a bases de datos internacionales como MeaNS y RubeNS, gestionadas por la OMS. Esta información genética permite trazar la procedencia de los casos, determinar si el virus es de origen vacunal o salvaje, y evaluar si existe transmisión sostenida dentro del país.
Además, dado que algunos casos se presentan en personas vacunadas con dos dosis —y por tanto con una clínica atípica y baja respuesta inmunitaria— el diagnóstico requiere de técnicas específicas como RT-PCR o secuenciación genómica, ya que la detección de anticuerpos IgM no siempre es concluyente en estos casos.
La importancia de la formación y la comunicación
La tercera línea estratégica del plan reconoce la importancia de la formación y la comunicación para sostener el esfuerzo de eliminación. En un contexto donde el riesgo percibido por la población es bajo debido a la escasa circulación del virus, resulta prioritario reforzar el conocimiento tanto en los profesionales sanitarios como en la ciudadanía.
El plan propone formar al personal sanitario en la detección precoz de casos, la vigilancia y la vacunación, y dotarlos de herramientas para abordar reticencias vacunales desde la empatía y el rigor científico. Asimismo, contempla la creación de campañas de concienciación con mensajes claros y homogéneos, adaptados a distintos perfiles sociales y educativos, y difundidos a través de medios tradicionales y redes sociales.
En este esfuerzo comunicativo se da también especial importancia al papel de las sociedades científicas y asociaciones profesionales, que actúan como multiplicadores del mensaje en su entorno y como interlocutores clave ante la ciudadanía. Además, se prevé el análisis del discurso de los principales líderes de opinión antivacunas en España y el diseño de estrategias específicas para contrarrestar la desinformación con argumentos basados en evidencia.
Las campañas de sensibilización se intensifican en momentos clave como la Semana Europea de Vacunación, y se complementan con informes anuales sobre la situación del sarampión y la rubeola en el país, dirigidos a decisores políticos, técnicos de salud pública y profesionales sanitarios.
España, a través de este plan, reafirma su compromiso con la erradicación global de estas enfermedades y mantiene su estatus como país libre de transmisión endémica. Sin embargo, el riesgo de reintroducción persiste, por lo que se requiere una vigilancia constante, una cobertura vacunal robusta y una ciudadanía informada. La eliminación del sarampión y la rubeola no es un objetivo alcanzado, sino un logro que debe protegerse cada día.