Realizar un diagnóstico de precisión lo antes posible y evaluar la respuesta al tratamiento en tiempo real. Estos son dos de los principales ejes sobre los que se basa la medicina de precisión en el campo de la oncología. Y, para ponerlos en práctica, es necesario dar un paso más allá de la biopsia de tejidos. Este es el objetivo de la biopsia líquida. Y este año 2016 ha visto la publicación de numerosas noticias en este sentido. No sólo novedades que confirman la validez de esta técnica, sino que, incluso, apuntan que podría ser más precisa que la biopsia de tejidos.
Por ejemplo, durante el Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) 2016 se presentó un análisis genómico a gran escala con más de 15.000 pacientes y 50 tipos de tumores diferentes en el que se vio que los patrones de cambio genético en biopsia líquida reflejan mejor la estructura de los tumores que las biopsias de tejidos.
En el campo concreto del cáncer de pulmón, en el Congreso Europeo de Cáncer de Pulmón se expuso un relevante estudio que mostraba que analizar ADN tumoral circulante para detectar la mutación T790M del EGFR en pacientes con cáncer de pulmón no microcítico (CPNM) que han progresado tras terapia con un inhibidor de la tirosina quinasa (ITK) del EGFR puede ser eficaz.
La clave de la biopsia líquida es que, como recoge información del ADN tumoral de toda la neoplasa (y no sólo de una zona en concreto de la misma, como sucede con la biopsia de tejido), permite tener información más precisa de la globalidad del tumor.