La comunidad científica internacional ha dado un paso de gigante en la protección de la salud materna. Un extenso estudio liderado por la Universidad de Oxford, en el que han participado de forma destacada el Instituto de Investigación Sanitaria (IIS) Aragón y el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, ha revelado una conexión hasta ahora desconocida y esperanzadora: la vacunación contra la COVID-19, especialmente mediante la administración de dosis de refuerzo, actúa como un factor preventivo determinante contra la preeclampsia.
Esta investigación, enmarcada en el consorcio global INTERCOVID, no solo confirma la seguridad de las vacunas en el embarazo, sino que les otorga un papel terapéutico preventivo ante una de las complicaciones más graves y potencialmente letales de la gestación.
El papel de España en este estudio ha sido selecto y fundamental. Los centros aragoneses (IIS Aragón y el Hospital Lozano Blesa), junto al Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, han sido los únicos representantes españoles en este consorcio internacional que ha integrado a 41 centros de 18 países. La participación local ha estado liderada por Marta Fabre, investigadora del grupo Placental Pathophysiology and Fetal Programming del IIS Aragón y especialista en Bioquímica Clínica.
El estudio, titulado oficialmente “Estado de vacunación contra la COVID-19 durante el embarazo y riesgo de preeclampsia: la cohorte de la era pandémica del Consorcio INTERCOVID”, analizó de forma prospectiva a 6.527 mujeres embarazadas entre los años 2020 y 2022. Esta escala global permite ofrecer datos con una significación estadística robusta, comparando de forma exhaustiva a mujeres vacunadas y no vacunadas, con y sin infección previa por el virus.
Reducción drástica del riesgo: las cifras del estudio
Los datos arrojados por la investigación son contundentes y ofrecen un nuevo paradigma para la atención prenatal. Según los hallazgos del consorcio, la vacunación con dosis de refuerzo reduce hasta en un 33% el riesgo global de desarrollar preeclampsia. Además, el beneficio es todavía más impactante en mujeres con perfiles de riesgo elevado. Aquellas pacientes con enfermedades preexistentes como diabetes, hipertensión o trastornos tiroideos vieron reducido su riesgo de preeclampsia en un 58% gracias a la dosis de refuerzo.
Por el contrario, contraer la COVID-19 durante el embarazo sin estar inmunizada supone un peligro mayúsculo: la infección se asocia con un aumento del 45% en el riesgo de preeclampsia, cifra que escala hasta el 78% en el caso de las gestantes que no han recibido ninguna vacuna.
¿Por qué la vacuna protege contra la preeclampsia?
Uno de los puntos más innovadores de este estudio es que el efecto protector de la vacuna parece ir más allá de la simple prevención de la infección por SARS-CoV-2. Los investigadores sugieren que la vacunación podría tener efectos beneficiosos “no específicos” sobre la regulación inmunitaria.
La preeclampsia, que afecta a entre el 3% y el 8% de los embarazos a nivel mundial, tiene su origen en factores de inflamación y disfunción vascular. Según Marta Fabre, los resultados respaldan la idea de que la vacuna puede modular las vías inmunológicas y vasculares que están implicadas en el desarrollo de esta complicación. En palabras del profesor José Villar, coautor principal en Oxford, existe ahora evidencia de que la inmunización materna influye positivamente en la salud vascular de la madre de una manera mucho más amplia de lo que se sospechaba inicialmente.
Un impacto positivo en la supervivencia neonatal y materna
La protección no se limita a evitar la preeclampsia, sino que se extiende a otros indicadores críticos de salud perinatal. El estudio INTERCOVID demuestra que las mujeres que recibieron la dosis de refuerzo experimentaron mejoras significativas, reduciendo un 33% el riesgo de parto prematuro, un 32% en las complicaciones graves para la madre y un 29% en la morbilidad y mortalidad perinatal.
Estos datos son vitales si se tiene en cuenta que la preeclampsia es una de las principales causas de fallecimiento materno y neonatal en el mundo y que, hasta la fecha, su origen exacto sigue siendo un enigma médico que dificulta la creación de tratamientos preventivos eficaces.
Hacia un cambio en las políticas de salud pública
El profesor Paolo Ivo Cavoretto, del Hospital IRCCS San Raffaele de Milán, destaca que este estudio es la primera evidencia prospectiva a gran escala que demuestra este efecto preventivo. Este hallazgo tiene implicaciones inmediatas para las políticas de salud pública global, ya que sitúa a las vacunas COVID-19 como una herramienta esencial de prevención obstétrica.
Ivo recordó que “es importante destacar que este efecto protector es mayor entre las mujeres con enfermedades subyacentes, que son las que presentan el mayor riesgo”.
“Esta es la primera evidencia prospectiva a gran escala que demuestra que la vacunación contra la COVID-19, en particular con dosis de refuerzo, puede ayudar a prevenir la preeclampsia”
Paolo Ivo Cavoretto, del Hospital IRCCS San Raffaele de Milán
Las conclusiones de la investigación, financiadas originalmente por el Fondo de Respuesta a la Investigación sobre la COVID-19 de la Universidad de Oxford, subrayan la necesidad urgente de reforzar los programas de vacunación para embarazadas. El énfasis debe ponerse, según los expertos, en asegurar la cobertura de las dosis de refuerzo y en garantizar un acceso equitativo a nivel mundial, especialmente para aquellas mujeres con patologías previas que presentan un riesgo superior.
En definitiva, este trabajo pone de relieve que la ciencia, a través de la colaboración internacional y el liderazgo de instituciones como el IIS Aragón, continúa descubriendo mecanismos para proteger la vida en sus etapas más vulnerables, transformando un desafío pandémico en una oportunidad para mejorar la salud materna a largo plazo.