La vacunación contra el herpes zóster no solo protege frente a una de las infecciones virales más dolorosas y debilitantes en edades avanzadas, sino que también podría contribuir a un envejecimiento biológico más lento. Así lo sugiere un nuevo estudio liderado por la Escuela de Gerontología Leonard David de la Universidad del Sur de California (USC), que apunta a beneficios de la inmunización más allá de la prevención de la enfermedad aguda.
El trabajo, basado en datos del Estudio de Salud y Jubilación de Estados Unidos—una cohorte representativa a nivel nacional—analizó a 3.884 adultos de 70 años o más en 2016. Los resultados mostraron que las personas vacunadas frente al herpes zóster presentaron, en promedio, perfiles más favorables en varios dominios clave del envejecimiento biológico, incluso tras ajustar por factores sociodemográficos y de salud.
"El estudio se suma a la evidencia emergente de que las vacunas podrían desempeñar un papel en la promoción del envejecimiento saludable al modular sistemas biológicos más allá de la prevención de infecciones", explicó Jung Ki Kim, profesor asociado de Gerontología en la USC y primer autor del trabajo.
Más allá de la edad cronológica
A diferencia de la edad cronológica, el envejecimiento biológico refleja cómo se deterioran los órganos y sistemas del cuerpo con el paso del tiempo. Dos personas con la misma edad pueden mostrar perfiles biológicos muy distintos, con implicaciones directas para su riesgo de enfermedad, fragilidad o mortalidad.
En este estudio, los investigadores evaluaron siete dominios del envejecimiento biológico a partir de muestras de sangre, citometría de flujo y pruebas físicas: inflamación sistémica, inmunidad innata, inmunidad adaptativa, hemodinámica cardiovascular, neurodegeneración, envejecimiento epigenético y envejecimiento transcriptómico. Además, integraron estas variables en una puntuación compuesta de envejecimiento biológico.
Los análisis estadísticos revelaron que la vacunación frente al herpes zóster se asoció de forma significativa con menores niveles de inflamación, un envejecimiento epigenético y transcriptómico más lento y una puntuación global de envejecimiento biológico más baja. En términos cuantitativos, los efectos observados fueron consistentes y estadísticamente significativos, lo que sugiere un impacto potencial sobre procesos biológicos centrales del envejecimiento.
Efecto de la vacuna: inflamación e inflammaging
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la relación entre la vacunación y una menos inflamación crónica de bajo grado, un fenómeno conocido como inflammaging.
Este tipo de inflamación persistente está implicado en numerosas patologías asociadas a la edad, como enfermedades cardiovasculares, fragilidad o deterioro cognitivo.
"La vacuna podría ayudar a reducir esta inflamación de fondo, posiblemente al prevenir la reactivación del virus varicela-zóster, que de otro modo mantendría una activación inmune constante", señaló Kim. En este sentido, los autores apuntan a que la inmunización podría actuar indirectamente como moduladora del sistema inmunitario, con efectos beneficiosos a largo plazo.
Por otro lado, el estudio también identificó asociaciones claras entre la vacunación y un menor aceleramiento de la edad epigenética, medido mediante relojes basados en metilación del ADN, así como con un envejecimiento transcriptómico más lento, relacionado con cambios en la expresión génica.
Estas métricas moleculares se consideran indicadores integradores del desgaste biológico acumulado y se han vinculado previamente con mayor riesgo de mortalidad, fragilidad y enfermedades crónicas. Que la vacunación se asocie a perfiles más favorables en estos marcadores sugiere que podría influir en procesos fundamentales del envejecimiento celular.
"Que observemos efectos sobre la inflamación y el envejecimiento molecular, incluso en edades avanzadas, indica que estos procesos podrían ser más plásticos y modificables de lo que se pensaba", subrayó Eileen Crimmins, profesora de Gerontología en la USC y coautora del estudio.
Efectos que duran en el tiempo
Otro aspecto destacado es la duración de los beneficios observados. Los análisis según el tiempo transcurrido desde la vacunación mostraron que los efectos sobre el envejecimiento epigenético, transcriptómico y la puntuación biológica global eran más pronunciados en los primeros tres años, pero persistían incluso cuatro o más años después de la inmunización.
Este hallazgo abre la puerta a la hipótesis de que la vacuna podría inducir cambios duraderos en la regulación inmunitaria y molecular, potencialmente a través de mecanismos como la llamada "inmunidad entrenada", que implica una reprogramación a largo plazo de las células inmunes.
Sin embargo, no todos los dominios analizados respondieron de la misma manera. De forma inesperada, la vacuna se asoció con puntuaciones más altas en el dominio de la inmunidad adaptativa, un resultado cuya interpretación no es sencilla y que, según los autores, requiere investigaciones adicionales para distinguir entre una respuesta inmunitaria funcional y posibles signos de inmunosenescencia.
Además, no se observaron asociaciones significativas con marcadores de neurodegeneración ni con la hemodinámica cardiovascular, lo que refuerza la idea de que los efectos de la vacunación sobre el envejecimiento podrían ser específicos de determinados sistemas biológicos.
Implicaciones para la salud pública
Aunque el estudio es observacional y no permite establecer causalidad, los autores destacan su relevancia en un contexto de envejecimiento poblacional. Si estos hallazgos se confirman en estudios longitudinales y experimentales, la vacuna frente al herpes zóster podría considerarse no solo una herramienta de prevención de infecciones, sino también una intervención de bajo coste para promover un envejecimiento más saludable.
"Estas evidencias amplían la conversación sobre las vacunas más allá del control de enfermedades infecciosas, posicionándolas como posibles aliadas en estrategias de envejecimiento saludable", concluyó Crimmins.